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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión mis ignorancias (265)

15/nov/08 08:32
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CUANDO había enviado al periódico mi artículo 264, en el que me ocupaba de los gazapos que, según mi amiga, se han ido deslizando en "EL DÍA" entre sus habituales colaboradores en fechas más o menos cercanas, me encontré con este título en el artículo de Ricardo Peytaví: "Ofendedores impunes". Como, a medida que el tiempo avanza con tan excesivas prisas, voy sabiendo cada día menos de todo, me pareció que el adjetivo ofendedores estaba colocado allí un poco a la fuerza, por lo que el pobre vocablo estaría sumamente incómodo. Yo, por mi parte, hubiera escrito ofensores . Pero, ¿cómo podía yo enmendarle la plana a Peytaví? Así que, para salir de dudas, hice lo de siempre en estos casos: consultar los diccionarios. Y, como Dios nunca abandona a quien cría -eso, al menos, opinaba mi ya desaparecida vecina doña Aurora-, encontré no una sino cuatro palabras que podían muy bien cubrir el expediente: ofendedor (como escribió el periodista); ofensor , como hubiera preferido este servidor; ofensador y ofensivo . Sus significados son casi idénticos; y digo casi en lugar de exactos porque hay uno de ellos con un leve matiz diferenciador.

Para quienes no tengan en su casa el DRAE, copio del mío lo siguiente:

1) Ofendedor : adj. Ofensor. Úsase también como sustantivo (ú.t.c.s.). 2) Ofensador . Adj. Que ofende. 3) Ofensivo . Adj. Que ofende o puede ofender. 4) Ofensor . Adj. Que ofende... Ú.t.c.s.

Resulta la mar de sencillo observar que el paisano de Andrés Chaves y Juan Cruz Ruiz saben por dónde caminan. De lo que yo me alegro sinceramente, porque, aunque no los conozco personalmente, los leo todos los días.

Pero -¡lo que son las cosas!- estaba yo escribiendo este artículo cuando me llamó desde Santa Cruz mi amigo Siliuto para decirme que sólo estaba de acuerdo con la mitad de mi trabajo del día 1 del presente, festividad de Todos los Santos. Compartía mi criterio sobre lo extraño que resulta que el verbo arrendar sirva tanto para un fregado como para un barrido. Pero el acuerdo conmigo llegaba sólo hasta ahí. O sea, que no compartía lo de arrendador y arrendatario , voces a las que yo había considerado como contrapuestas o antónimas porque lo deduje así desde el día en que, por vez primera, tuve en mis manos un contrato de arrendamiento, en el que...

-De acuerdo, amigo; de acuerdo. Conozco esos contratos y sé que allí se dice, muy alegremente, lo que usted expuso en su artículo. Pero un contrato de arrendamiento no tiene por qué saber Gramática. En cambio, el DRAE, sí. Consúltelo y se convencerá.

Vuelta al diccionario y vuelta a la sorpresa. Estoy un rato en la página 213 del primer tomo (edición de 2001); leo y releo y vuelvo a leer. De la palabra arrendatario se dice: "Que toma en arrendamiento algo". Hasta aquí no tengo nada que objetar porque la opinión académica me da la razón y no a mi amigo Francisco Alonso Siliuto. Pero cuando leo el significado de arrendador , no diré que sentí deseos de romper lo que ya llevaba escrito del artículo, pero me dolió mucho que, una vez más, me saliera el tiro por la culata. ¿Cómo es posible que me asista la razón al hablar de arrendatario y no la tenga al referirme a arrendador ? Porque todavía no les he dicho lo que nos ofrece el DRAE de esta palabra. Vean ustedes: "Persona que da o toma en arriendo algo". Con todos mis respetos para los señores que mandan mucho en estas cosas, creo que son sumamente injustos porque dan un trato de favor a una palabra en detrimento de otra. Lean ustedes despacio la ya citada página 213 del diccionario y terminarán dándome la razón, del mismo modo que yo se la doy al Sr. Siliuto por abrirme los ojos, un tanto cegados por confiar demasiado en lo que suele escribirse en esos papeles llamados contratos de arrendamiento.

Pero hay una tercera cuestión que dejaré para el próximo trabajo. Me refiero a aquello de falta de sueño . Trataré de aclararlo, si no me retiro antes de estas lides , palabreja que en plural parece inofensiva, pero que en singular asusta con lo de "combate, pelea, disputa y contienda de razones y argumentos". Y es que el lío ese que se formó el otro día con lo de falta de sueño tiene aún mucha tela que cortar. También me lo han dicho hoy por teléfono.

¡Qué días llevo!

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