... Hace apenas una semanas, no demasiadas, un rugido sonó en el Gobierno de Canarias. Fue al conocerse, por boca de la delegada del Ejecutivo central en el Archipiélago, Carolina Darias, que las cifras de inversión real incluidas en los Presupuestos Generales del Estado para las Islas eran las peores de toda España. Canarias no sólo caída en picado, sino que caía más que ninguna otra autonomía y, para colmo, se alejaba aún más de la media de inversiones fijada en la ley del Régimen Económico y Fiscal. Bramó el Gobierno regional y su presidente. Bramó su segundo de a bordo, José Manuel Soria. Bramaron nacionalistas y conservadores. Hasta el punto de que Paulino Rivero organizó un frente amplio de oposición a las cuentas públicas estatales en el que involucró a los empresarios y a Intersindical Canaria -CCOO y UGT no participaron en dicha reunión-, a la que después no gustó que aquello se interpretara como un respaldo a las tesis del Gobierno. En aquel entonces los presupuestos eran malos y se iban a rechazar sí o sí, según explicaba la diputada de CC en el Congreso de los Diputados y ya ex alcaldesa de La Laguna, Ana Oramas. Y un buen día, como si de un extraño sueño se tratara, la presidenta de ese mismo partido, Claudina Morales, hace declaraciones en rueda de prensa en las que asegura que no se oponen frontalmente y que, bueno, que si se aumentan las inversiones para Canarias, los nacionalistas que no iba a apoyar nunca jamás las cuentas, ahora sí podrían hacerlo.
... No está mal recordar que esta posición es ya un clásico para Coalición Canaria. Se trata de la estrategia del palo y la zanahoria. Hoy digo que no y en el tramo final de la negociación voy y te aseguro que quizá podría decir que sí. A ver si hay algo más que rascar. Se trata de introducir un par de enmiendas a los Presupuestos que hayan sido aprobadas gracias a su presentación y poder seguir siendo el gran "conseguidor" para el Archipiélago, ante el riesgo de que la oposición socialista quiera rentabilizar que su influencia en el Gobierno español es lo suficientemente importante como para arrancarle unas decenas de millones de euros para los trenes de Tenerife y Gran Canaria, para el transporte de productos a la Península y al resto de la Unión Europea o para los trabajos en la catedral de La Laguna. Es ya un clásico esta actitud voluble de los nacionalistas en lo que se refiere a los Presupuestos. Se trata de rentabilidad política. Es de suponer, sin embargo, que gran parte de la ciudadanía se quede perpleja ante este cambio y se prregunte: ¿Pero, este Presupuesto no era tan malo?
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