EFE, Kinshasa
El conflicto en el este de la República Democrática del Congo (RDC) continúa sin que se vislumbre una solución a corto plazo, mientras aumentan los saqueos y agresiones a la población civil por parte de todas las facciones en pugna y se extiende un brote de cólera entre los refugiados.
La Misión de la ONU en la RDC (MONUC) denunció ayer que soldados de las Fuerzas Armadas congoleñas (FARDC) han cometido saqueos y agresiones contra los civiles de Kanyabayonga, una localidad de la provincia oriental de Kivu Norte.
"Soldados de las FARDC han estado involucrados desde ayer (lunes) en saqueos y actos de brutalidad contra la población civil en el área de Kanyabayonga", situada a 110 kilómetros al norte de la ciudad de Goma, la capital provincial, dijo en rueda de prensa en Kinshasa el portavoz militar de la MONUC, teniente coronel Jean-Paul Dietrich.
Según Dietrich, los abusos cometidos por las tropas congoleñas, que robaron también automóviles y saquearon almacenes en Kanyabayonga, se han extendido ahora a Kaïna y Kirimba, otras dos localidades de la región, ubicadas en el territorio de Lubero, a 170 kilómetros de Goma.
La MONUC ha desplegado en Kanyabayonga varios helicópteros y vehículos blindados para restablecer la calma y el jefe del estado mayor de la Misión, el general senegalés Babacar Gaye, acompañado del comandante en jefe de las FARDC, el general Vainquer Mayala, se han trasladado a la zona, dijo Dietrich.
El portavoz de la MONUC dijo también que no se registró ayer ningún movimiento de tropas en la línea de frente que separa a los soldados de las FARDC y los efectivos de Nkunda a las afueras de Goma.
Las tropas gubernamentales, apoyadas por dos milicias, una local y la otra ruandesa, se enfrentan a los efectivos del rebelde Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), liderado por el general renegado Laurent Nkunda, que se alzó en armas contra el régimen de Kinshasa en 2004.
Pese a la superioridad numérica de sus adversarios, Nkunda, que tiene a 4.000 hombres bajo su mando, ha conseguido mantener a raya a las FARDC y sus aliados, la milicia tribal local Mai-Mai y las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR), estas últimas responsables del genocidio de 1994 en el país vecino y que huyeron luego al este de la RDC.
Entretanto, la organización Human Rights Watch (HRW) afirmó ayer que son 50 los civiles asesinados la semana pasada en Kiwanja, localidad situada a las afueras de Rutshuru, el epicentro de esta nueva ronda bélica en el oriente congolés.
Según (HRW), la mayoría fue ejecutada por los rebeldes del CNDP, aparentemente, por colaborar con las tropas del Ejército y sus aliados.
Crímenes de guerra
En otras zonas, testigos presenciales informaron de que las milicias pro gubernamentales han matado por la misma razón a simpatizantes del grupo insurgente.
La MONUC, que tildó las matanzas de Kiwanja de "crímenes de guerra que no se pueden tolerar", informó el fin de semana pasado que habían sido hallados los cadáveres de 26 personas sepultados en once fosas comunes, pero que la cifra podía aumentar.
Human Rights Watch y otras organizaciones humanitarias han solicitado que la MONUC, que con cerca de 17.000 efectivos en la RDC es el mayor contingente militar internacional nunca antes desplegado por la ONU, incremente el número de soldados en este país.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió ayer desde Ginebra que hay un "grave riesgo" de cólera en Goma y sus alrededores, donde se concentran los campamentos de refugiados que han huido de las zonas de los combates y en los que se han registrado ya un millar de casos de la enfermedad.
Portavoces de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la ciudad de Goma advirtieron acerca del peligro de que el brote de cólera en los campamentos de desplazados pueda convertirse en epidemia, debido a la falta de agua potable y la contaminación a causa de insalubres letrinas.
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