¿ES EL MOMENTO adecuado para comprar una casa? Según Beatriz Corredor, ministra de Vivienda, sí. Considerando que el Ejecutivo de Zapatero no ha acertado mucho con sus predicciones económicas, el hecho de que una de sus "miembras" aconseje algo debería bastar para quitarle la idea incluso a los que ya estaban sentados frente al notario. Sin embargo, la recomendación de la señora Corredor merece un somero análisis. A fin de cuentas, Antonio Plasencia, presidente de la patronal tinerfeña de la construcción, también aconseja a quien tenía pensado comprar que compre de una vez, porque los precios no van a bajar. Vayamos por partes.
Las razones de la ministra para su sugerencia son fundamentalmente dos: el Euribor está bajando y ha empezado a caer el precio de los inmuebles. De nuevo una verdad a medias, si bien en este caso la intención es buena. Mucho tiene que descender, y durante mucho tiempo, el coste de las viviendas para que su precio se ajuste a la realidad. Y eso, como señala Plasencia, no va a ocurrir de manera sustancial. Habrá oportunidades derivadas de situaciones extremas, pues siempre es mejor malvender que perderlo todo. Sin embargo, esa no será la tónica general. El que sólo en un año (2006) se construyesen en España más casas que en Italia, Francia y Alemania en conjunto, no fue un hecho debido únicamente a que una gran parte de la población necesitaba un techo bajo el que cobijarse, sino la consecuencia directa de una especulación como no se había visto jamás. Los que arriesgaron en este antes lucrativo negocio el capital que necesitaban para vivir, seguramente lo están pasando mal; los que invirtieron unos ahorros que no necesitaban a corto plazo, pueden esperar y de hecho van a esperar. Lo que ha caído a plomo es el gigantesco tinglado de la intermediación. No merece la pena recordar lo mal que lo están pasando las promotoras, las inmobiliarias y hasta los bancos que prestaban dinero alegremente, pues incluso en el caso de que un cliente no pudiese pagar -algo que conocían de antemano simplemente al comparar sus ingresos con las cuotas de la hipoteca-, la revalorización de la propiedad adquirida aseguraba la recuperación del capital. Con una inflación que no llegaba al tres por ciento, el dinero a un precio también de saldo y una demanda que incrementaba el valor de los edificios de diez a quince puntos porcentuales cada año, comprar era una bicoca para todos: para el que vendía el solar, para el que suministraba el cemento, para el que hacía la casa, para el que la vendía, para el que le daba la hipoteca al comprador y para el que compraba. El asunto funcionó bien mientras el mercado mantuvo una capacidad adicional de saturación. Elevado el Euribor a guarismos más acordes con esa realidad ya mencionada, situada la inflación en cotas desagradables y reducido a cero -cuando no reconvertido a cifras negativas- el incremento en el precio de las viviendas, el resultado del otrora boyante negocio sigue siendo el mismo?, pero en números rojos. Con todos mis respetos para Beatriz Corredor y para Antonio Plasencia, a quien aprecio más que a la ministra de Vivienda, decididamente no parece el momento oportuno de comprar ni una caseta para el perro. O para la mascota, como se dice ahora.
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