Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

Cartas al Director

11/nov/08 07:24
Compartir
Edición impresa .

Dinero público

La infeliz frasecita de la ministra de cuota a la que nos tiene acostumbrado nuestro "especial" presidente, que tan flaco y feo favor hace a las mujeres en general, ya que un misógino empedernido no lo haría peor en cuanto a valorar y primar la cantidad y no la abundante calidad. Bueno, la desdichada frase era "el dinero público no es de nadie".

Pues esa es la idea que en general se tiene en los ambientes políticos del dinero que se nos recauda, a veces de manera salvaje y siempre sin ningún control.

Me decía hace poco un recaudador -léase, el gerente de rentas de un ayuntamiento-, con mayoría de población mayor y con graves problemas educacionales por vecinos y en el umbral de la pobreza la mayoría, que todo estaba publicado en Internet y en la web, refiriéndose a las normativas fiscales de obligado cumplimiento y de todos los impuestos y tasas de obligatorio pago. Tremenda sinvergonzonería; no cabe más comentario. La necesidad recaudatoria es confiscatoria y el control del dinero, su destino, y el respeto por el contribuyente, inexistente.

El contribuyente no tiene ante las oficinas de rentas municipales, ante las agencias tributarias autonómicas, ni ante las estatales, las insulares o de Cabildos, ante las cámaras incapaces de ganarse a sus propios contribuyentes, ni ante asuntos como la SGAE, defensa alguna. Y no digamos del catastro inmobiliario, que mejor lo cerraran.

Seguro que habrá una vía, pequeña, oscura y escondida como los champiñones, ardua, lenta, pesada, complicada, reventadora de tiempo de trabajo y disuasoria de recorrerla y con resultados menos que esperanzadores. Recursos despreciados, plazos ignorados.

Quieren las manos libres para utilizar donde les plazca el dinero que nos detraen de nuestras actividades, a las que nos dedicamos para alimentar, educar y hacer prosperar a nuestras familias. Nos quitan el derecho y la capacidad de administrar nuestras rentas, nos las imponen sin control, nos las retienen, nos utilizan de obligados recaudadores, nos persiguen con notificaciones, con paralelas, con incoaciones de actuaciones, inspecciones, sanciones, recargos, y nos dicen que ni siquiera tienen la obligación de comunicarnos los calendarios fiscales.

Es muy difícil, imposible, hoy en día, que algún organismo nos enseñe las reales cuentas que maneja. Además, hay una impunidad grosera de quien derrocha, o simplemente destruye renta que en manos de los asfixiados recaudados crearía riqueza y movería al consumo y, por ende, la inversión.

Son muchos para vivir de lo que se nos puede recaudar sin succionarnos hasta la última gota. Necesitan más de nosotros, y están dispuestos a destrozar y cerrar empresas, a reventar familias, a esclavizar a la población de por vida, si a cambio ellos pueden mantener su nivel de ingresos blindados a las crisis.

Ni los impuestos son justos, necesarios, ni bien estructurados; ni la recaudación se realiza de forma justa y equilibrada, ni las alegaciones, recursos o apelaciones son atendidas con solvencia y justicia ni su destino escrupulosamente explicado.

El dinero público, Sra. ex ministra, es de todos, y los que lo administren, deberían hacerlo como el buen padre de familia administra los que tiene para que llegue a todos por igual. Se nos deben cuentas exactas de sus destinos, un respeto riguroso por su uso, una seriedad extrema en su atribución y una obsesiva pasión por el ahorro.

Y en cualquier caso, el dinero público no es para sueldos millonarios de políticos y funcionarios, ni para sus dietas, sus automóviles de lujo, ni sus cenas medievales, ni para sus allegados o sus preferidos, ni para sus viajes con cortesanos. Y ya está bien de que todo eso sea "chocolate del loro", de que eso no es lo importante. Todo, hasta el último céntimo, es importante.

L. Soriano

El otro Halloween de Güímar

Así se titulaba la carta al director publicada el día 5 de noviembre en la que se describía la situación de una persona alcoholizada en el casco urbano de Güímar. Me parece lamentable e inconcebible que en esta época se permita que una persona, por causa de las drogas, alcohol, enfermedad mental o la causa que sea, llegue al estado que se describe en la carta, en la calle, a la vista de todo el mundo. En una sociedad verdaderamente cívica, que no es ésta, evidentemente, no se permite algo así, y se ingresa a la persona antes de que sea demasiado tarde.

Por la plaza de Candelaria de Santa Cruz deambula un hombre joven, de raza negra, que no está bien de la cabeza. Ignoro si alguna organización pública o privada se ha dignado hacerle un seguimiento. Al ser extranjero, hasta es posible que su familia no sepa donde está. En el pasado hemos visto cómo se ha dejado morir a los drogadictos en la calle, como, por ejemplo, un chico que pedía en el semáforo de la plaza de toros.

Entiendo que a todas las personas que están en la calle se les tiene que hacer un seguimiento y las que estén en peor situación tienen que ser ingresadas. A una persona que se quiere suicidar se le impide por la fuerza, sin embargo, a estas personas se les abandona. La voluntad de estas personas está anulada y hay que intervenir.

José Felipe San Martín Cruz

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: