A PESAR de la carestía de los alimentos de primera necesidad, o de los combustibles, o de los elevados tipos de interés que azuzan a numerosas familias con hipotecas, o del paro que hace estragos en el sector de la construcción, automoción, etc., el ritmo de vida se mantiene? "cuasi intacto". Por poner un ejemplo: los domingos y vísperas de fiesta, o entre semana, no acusan el retroceso económico que irrumpe en los mercados financieros, ni mucho menos. No hay más que ver el colapso de tráfico en las carreteras y aledaños. O las aglomeraciones en las casas de comidas, bares, "guachinches"? La mayoría mantienen el listón del consumo. Incluso, en algunos hay que reservar mesa con antelación. Lo mismo que en las grandes y medianas superficies, rebosan de clientes dispuestos a "cargar" con lo que haya?, sin orden ni contención; ofertas (2 x 1), novedades, caprichos. ¡Hala!, a consumir compulsivamente; la crisis que espere un poco más. Y lo peor, casi nadie quiere saber del contenido de los alimentos que adquiere, ya sean grasas saturadas, hidratos de carbonos en exceso, azucares, sodios? En fin, esto es el resultado de vivir a "tope" el desarrollismo de estos años de abundancia, a la buena de Dios, sin velar por el ahorro y la salud. Y no hablo del saber bien de lo doméstico, no; hablo del triste panorama de la cultura del conocimiento; de eso pasa la mayor parte de nuestra gente. Porque los que tienen (o han tenido) la misión de velar por armonizar el desarrollo con la formación, con la libertad, con la responsabilidad de administrar con mesura el empuje del crecimiento, miraron hacia el lado con más réditos a corto plazo. Es el caso de las entidades de crédito, bancos y cajas, que no han parado de dar facilidades para el consumo a la carta. Compre hoy y pague en un período de 6 meses. Agudeza financiera de última hora, a pesar de lo que digan los crédulos. Pero no se les ocurre, por ejemplo, favorecer los valores esenciales de la familia y la escuela, objetivos hoy en día catalogados en "¿veremos?", precisamente, para en estos momentos no tener que ver a la gente lamentándose de lo mal que les va. O como bien dice el autor de "El mercado de la globalización", don José Luis Sampedro, catedrático de Estructura Económica y escritor: "La gran mayoría de la humanidad malvive a tan bajo nivel que sólo encaja las consecuencias de los sucesos".
Y lo peor, o extraño, es que esto ocurra cuando el progreso técnico lleva años de expansión por los mercados de todo el mundo. Si bien, en boca del susodicho autor, (L. Sampedro): "Cuanto más crece esta globalización más ganan los ricos y peor están los pobres". Como siempre, "mi amigo se equivoca lo imprescindible". Es posible, ¿o tal vez no?, que ahora lo veamos más de cerca, y que tengamos que adaptarnos a las eventualidades de los tiempos de sacrificio que se avecinan. O como dijo Winston Churchill: preparémonos porque vendrán tiempos de "sangre, sudor y lágrimas" (aunque estoy seguro de que no correrá la sangre).
Ahora bien, considerando el enfriamiento monetarista que acusan los mercados, o la casi segura recesión al cierre del cuarto trimestre de este año, el Gobierno podría optar por recobrar cómodamente las inversiones del sector privado, sencillamente, a través de una amnistía fiscal que hiciera aflorar la economía sumergida. Bueno, y nada más. Satisfecho de que el Despacho Oval (a partir del 19 de enero.) lo ocupe un personaje, probablemente, capaz de poner fin a los desmanes del innombrable (¿?) que dejó maltrecho al planeta. Uno de esos seres genéticamente encadenado dentro del sistema natural de la zoología, y lo siento por la especie?, que me recuerda el curioseo de la esposa del obispo de Worcester (con ocasión de la publicación de la obra de Charles Darwin "El origen de las especies"): "Querido, ¡descendemos del mono; esperemos que no sea cierto, pero si lo fuera, recemos para que no se entere todo el mundo!" (Por cierto, me cuchichean que Aznar tiene en mente invitar al primate? a la isla redonda. "Gran" hábitat para el retozo de esta especie?, sin duda.
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