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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

¿Qué es una nación? ¿España lo es?

6/nov/08 07:18
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EL TÉRMINO nación, según Eric Hobsbawm en "Naciones y nacionalismo desde 1780", parece expresar algo importante en las relaciones humanas, pero se pregunta: ¿exactamente, qué? Ahí la cuestión y el misterio y, tal como acontece en Canarias y en el Estado español, es tema de debate y de discusión al no estar del todo claro. Walter Bagelot ya comenta: "Sabemos lo que es cuando se pregunta, pero no podemos definirlo ni explicarlo muy rápidamente". De ahí que ahora y desde posiciones políticas encontradas entre el nacionalismo canario y los nacionalistas españolistas se observa la cantidad de tonterías que se emiten al respecto, y siempre desde posiciones muy interesadas y personalistas.

El término "nación" emerge tras la Revolución Francesa y desde la época de Renan, que decía que la nación era un plebiscito diario, hasta el más actualizado hay un gran trecho. Se han esgrimido tanto la lengua como la etnicidad para dar testimonio de lo que es una nación. Y esto no es válido. Basta recordar que cuando Francia, por ejemplo, se constituye en nación sólo el 12% de los que habitan su territorio hablan francés. Y Suiza es un ejemplo de lo que es una nación donde prevalece la plurietnicidad. De ahí que si no son la etnia y la lengua los que determinan y dan clara definición sobre lo que es una nación, ¿cuál es, entonces, la base fundamental?

El interrogante se rompe con la aportación de Gellner, fundador en la Universidad de Praga del Centro para el Estudio del Nacionalismo, el cual considera nación aquel territorio cuyos integrantes comparten la misma cultura. Es la cultura lo que hace que la gente desee constituirse en grupo y con el empeño de caminar hacia la meta de lo que es una nación, siendo el nacionalismo un principio político según el cual la semejanza cultural es el vínculo social básico. Y abundando en esta definición Guibernaud lo termina de remarcar. Nación "es un grupo humano consciente de formar una comunidad que comparte una cultura común, se siente ligado a un territorio concreto, tiene un pasado común y un proyecto para el futuro y, sobre todo, reivindica el derecho a gobernarse por sí mismo".

Y las cosas así ¿España es una nación? Sabido es que la Constitución vigente considera que es una nación integrada por regiones y nacionalidades, pero desde el punto de vista socio-político y ante la evidencia del momento de una concreción más histórica, realista y reivindicativa, España es un Estado plurinacional. España es una suma de territorios a costa del maridaje y de la conquista sin el consentimiento de sus gentes.

Para tener claro si España es una nación habría que pulsar la subjetividad para comprobar si por encima de la Constitución prevalece el deseo de la gente a autodeterminarse y decir lo que son, lo que quieren ser o simplemente partícipes en rescatar su historia. Y esto, que pudiera parecer un juego galimático, no lo es. Es una cuestión seria y las preguntas rebotan en la conciencia de cualquiera que piense con honestidad: ¿existe España?, ¿ha existido alguna vez?, ¿y cuántas Españas?

Se sabe que antes de que existiera España como nación que se dice existían Euskadi, Galicia, Cataluña y, sobre todo, Canarias, que eran realidades culturales mucho más antiguas que otras donde sólo existía, y más allá del siglo XVII hasta rozar el XIX, un régimen de feudalismo o régimen señorial, reinos patrimoniales acumulados en herencias y guerras donde cada uno gobernaba a su manera. Además, la España de hoy no tiene nada que ver con la España de los reyes godos, con la de los Reyes Católicos ni con la España de Franco. España ha sido una entidad histórica que ha ido cambiando con el tiempo y que los hombres y sus políticas han ido acondicionando según las diferentes vicisitudes.

La España de Fray Luis de León, de Larra y de don Benito Pérez Galdós no tiene nada que ver con la España de ahora. Se nos ha presentado muchas veces como una unidad de destino en lo universal y como paradigma de la cruz y del cristianismo en lucha contra el hereje y el moro. Se intentaba dar una diferencia y un distingo a España del resto de otros territorios y parece que eso llega un momento que se acaba. Se acaba la España imperial del Barroco, hechizada por la impotencia, las estulticias y las babas del último de los Austrias, Carlos II, a pesar de que Segismundo seguía esperando en la torre dorada que le construye Calderón.

España se ha ido de las manos pasando por las de Luis XIV, que desde Francia impuso el nombre de su nieto Felipe V para gobernar un territorio desangelado desde su desequilibrio mental y lujuria exacerbada carente de sentimientos; o de las de Napoleón, José I (Pepe Botella), Amadeo de Saboya con el amargo y trágico ribete de dos dictaduras, la "blanda", de Primo de Rivera, y la dura, de Franco. Por eso, no debe extrañar a nadie si alguna vez existió España, si ha desaparecido o comienza a desaparecer como imposición ideológica, administrativa y conceptual.

Ante la confusión y la imposición de una historia determinada, fabricada por los vencedores, lo correcto y lo democrático debe ser dejar hablar a la gente, que opine, se manifieste en libertad y, sobre todo, que no se dejen llevar por cantos de sirena que hoy suenan de una manera, ayer sonaron de otra y mañana ya desentumecida, seguro, la voz universal de los pueblos sonará con más fuerza. Pueblos de allí y de más allá. Pueblos, en definitiva, como el canario, que no tiene ni por qué quedarse callado y menos aún sentirse intimidado ante ciertas fabulaciones y algún que otro cuento chino que nos han contado.

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