EL INFORME ANUAL DE la Fundación Orange de este año no nos deja en un buen lugar y debería de incluirse en el debate entre el sector de las nuevas tecnologías, la administración y la enseñanza.
Como país nos saca los colores porque ha sido en este último año cuando hemos alcanzando el puesto 17 del ránking europeo de 28 países. Hemos superado a Letonia, Eslovaquia y a La República Checa. Probablemente si duplicásemos el número de ordenadores por habitante para alcanzar a Francia o Reino Unido, estaríamos en una posición menos sonrojante.
En Canarias hemos sufrido en el último año un fuerte retroceso en el Índice de Convergencia de Sociedad de la Información. Somos penúltimos cuando hace un año ocupábamos el puesto 12.
A favor encontramos que somos la sexta comunidad en el ránking nacional de empresas de nuevas tecnologías, representando el 1,06% del total de empresas canarias, ocupando el 5º puesto a nivel nacional en el porcentaje. También somos la segunda comunidad española en el ránking de empresas con más de 10 empleados con acceso a internet. Observando sólo estos tres valores parece que estamos consiguiendo diversificar nuestra economía y llegar a la sociedad del conocimiento. Sólo son un espejismo. Si se profundiza en el estudio podemos ver cómo el porcentaje de personas que trabajan en nuevas tecnologías respecto al total de empleados en la industria y servicios, comprobamos que estamos en la cola de las comunidades españolas. La fuerza bruta que se ha utilizado en Canarias, como reconoció recientemente la Cámara de Comercio, tiene un claro reflejo en esta carestía de puestos de trabajo cualificados.
Las empresas canarias se quejan por encima de la media de la falta de mano de obra cualificada. Aunque estamos en el séptimo lugar en enseñanzas universitarias de nuevas tecnologías, en los centros de formación profesional estamos en la antepenúltima posición. El sector observa cómo hay un número elevado de trabajos que pueden hacerlo personas con esta formación que actualmente están siendo realizados por universitarios que se sienten infravalorados profesional y económicamente. Incluso tengo la impresión de que tienen mayor predisposición que los ingenieros de carrera para emprender, crear empresas.
La formación es otra de las patas que cojea en Canarias. Estamos en una malísima posición en el número de academias de nuevas tecnologías en función de nuestra población. Las empresas tampoco se muestran interesadas, invierten poco en la formación de sus empleados en relación al resto de comunidades. No se entiende como una inversión que mejorará la productividad.
El Gobierno de Canarias ha hecho bien algunas tareas, como traer una financiación exterior superior a la que nos correspondería, además somos la primera comunidad en número de equipos sanitarios de alta tecnología por habitante, pero tiene una serie de lagunas como la tarjeta sanitaria que presenta un nivel mínimo de desarrollo y, curiosamente, los certificados de discapacidad, los que deberían de ser más accesibles online.
Parecemos un cangrejo, lleno de patas que quieren caminar pero que no están bien puestas.
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