CADA DÍA estoy más convencido de que tomarse en serio lo que dicen o hacen los políticos conduce indefectiblemente a la locura. Ahí tenemos el congreso de CC, en el cual los nacionalistas, tras darse las cuchilladas habituales, han pensado que quizá no les sienta del todo mal ser un poco más separatistas. Una opción que a ellos les gusta, pero a la que le tienen miedo. Por un lado envidian lo bien que se venden las posturas secesionistas en comunidades como Cataluña, País Vasco y ahora también Galicia, y por otro temen como a la peste bubónica ese guarismo fatal del uno por ciento: el límite superior al que nunca han llegado los votos de los partidos canarios netamente independentistas. Cierto que las cosas pueden cambiar, aunque no serán los políticos de CC quienes lo consigan. Amagar, sí; si en Madrid hay problemas que hacen ruido -verbigracia, la reunión esa de los veinte en la que no quieren a Zapatero ni en fotografía-, conviene hacer más ruido aquí para que oigan los de allá. No para que escuchen, que eso es más difícil, sino al menos para que perciban un rumor lejano de batahola cismática. Pero hasta ahí. Lo último que desean quienes han vivido muy bien del nacionalismo vernáculo es una nación canaria soberana y, en consecuencia, privada de las subvenciones de Madrid y Bruselas; ayudas que han hecho ricos a muchos, pero no han abaratado, mismamente, la cesta de la compra. La prueba de todo esto está en lo ocurrido el martes en La Orotava. Hoy los líderes regionales de CC dejan entrever que se inclinan por la soberanía, y al día siguiente el alcalde y los concejales de esta formación política miran para otro lado en un consistorio que gobiernan con mayoría absoluta, y dejan que se apruebe una moción del PSOE contra la línea editorial de EL DÍA. ¿En qué quedamos?
Del PP se podría decir lo mismo en cuanto a incongruencias manifiestas, si no fuese por la presencia de la señora Tavío y Ascanio: simples riñas de colegiales en plan quítate tú para ponerme yo. No obstante, posee la presidenta insular de este partido la apreciada virtud de romper el tedio. Ahora nos sorprende con que podría retomar su aspiración a la alcaldía de Santa Cruz. Una gran noticia para ATI, habida cuenta que antes de las últimas elecciones municipales las encuestas que manejaba el PP le daban a doña Cristina tres concejales; dos menos de los que ella misma había obtenido cuatro años antes. Viéndolas venir, se hizo a un lado y le pasó la pelota de tacón a Ángel Llanos, que no quería ser alcalde sino seguir en el Cabildo. Sometido a la disciplina de partido, al Pibe de Ofra no le quedó más remedio que ponerse a gastar zapatos por los barrios para intentar convencer a los vecinos de que él y el PP eran mejor que Zerolo y CC. Lo consiguió a medias, aunque duplicó las expectativas de doña Cristina. En definitiva, la presidenta insular del PP envió a Llanos al Ayuntamiento capitalino para que se estallara como una pita, pero éste logró darle la vuelta a la encerrona. Parece un poco feo que ahora quiera hacerle la jugada inversa, ¿verdad? Nada fuera de lo común, se mire como se mire, para quien piensa que el PP es una finca -la suya propia-, en la que el trabajo duro le toca hacerlo a los gañanes.
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