REITERAMOS lo dicho en nuestro editorial de ayer. Alguna vez le hemos explicado a nuestros lectores que diferenciamos claramente lo que es un comentario de un editorial. Este último refleja el fondo -por eso se llamaba así antaño- del pensamiento y la existencia de un periódico, aunque ambos -editorial y comentario- tienen esencia, jugo, sabor y patriotismo.
Pues bien, como mencionábamos ayer, parece que ya es irreversible la idea que posee el pueblo canario sobre la necesidad de la soberanía. Es tan absurdo seguir como colonia de España que no nos extrañaría que si esta situación no se soluciona con prontitud mediante conversaciones políticas con Madrid, se produjesen brotes de indignación popular que no serían convenientes. Podría darse inclusive algún tipo de insumisión, ya que no se comprende, por absurdo, por rabiosamente absurdo, que nos sigan gobernando desde 2.000 kilómetros de distancia como si fuésemos mascaritas disfrazadas de autonomía.
Parece que CC, la formación nacionalista de este Archipiélago, por fin está tomando conciencia de cuál debe ser su fin: conseguir la soberanía para esta tierra. Aplaudimos tal decisión y les anunciamos a sus dirigentes que tendrán toda nuestra ayuda si siguen por esta senda. Sin embargo, conviene que no se equivoquen de nuevo dejando el poder de CC en manos de Las Palmas. No olvidemos que Fuerteventura, la isla a la que pertenece la nueva presidenta de esta coalición, forma parte de la provincia de Las Palmas. Aunque sea la segunda isla en extensión del Archipiélago, está integrada en la provincia de la tercera. Sería un serio revés para los intereses de todas las islas que Canaria y su provincia albergasen la sede de los tres principales partidos; los únicos, además, que tienen representación parlamentaria. Por lo tanto, ojo Tenerife y ojo autoridades de Tenerife, tanto insulares como provinciales. Ojo igualmente con determinado político de La Palma, que quiere rematar a Tenerife aunque presida una de las principales instituciones de Canarias. Su enemistad con el presidente del Gobierno autonómico puede perjudicar a Tenerife y, por ende, a todo el Archipiélago. Es un político que no sirve, pero que sabe aprovechar las circunstancias en su favor. Un político que en su etapa de consejero de Obras Públicas favoreció descaradamente a Canaria, con el consentimiento de Adán Martín. Pensaba éste que postrándose de rodillas ante los canariones conseguiría árnica de la serpiente amarilla. Craso error, como quedó demostrado en las pasadas elecciones, donde la representación de CC quedó reducida a la vampira que quería administrar la sangre de los tinerfeños desde Las Palmas. Es el presidente del Parlamento un político con sonrisa jesuítica. Ruinito, ruinito. Y entramos en el asunto de La Orotava.
Ayer publicábamos una nota de urgencia en la que expresábamos nuestro pesar, estupor, indignación y repugnancia por determinados políticos de determinados partidos, que obedecen ciegamente a Las Palmas y a Madrid. Nosotros, lo hemos confesado más de una vez, somos rabiosamente nacionalistas. En esta línea estamos y continuaremos. Somos conservadores. Nos gustan el orden y la política sustentada por la moral cristiana que defiende la familia, la disciplina, el trabajo, la decencia y la total rectitud de comportamiento. También somos socialistas, pero socialistas humanistas. Socialistas, por decirlo de alguna manera, al estilo europeo. Socialdemócratas, pero no socialistas marxistas-leninistas, ni practicantes de la política que hoy se estila en España.
No nos extraña la persecución de que estamos siendo objeto por el PSOE y también por el PP. Nos acosan por defender la soberanía. Para hostigarnos emplean a perros políticos y mediáticos canariones, a los que ayudan secuaces de Tenerife localizados, hasta la fecha, en dos municipios. Después de la infamia perpetrada contra EL DÍA en el Ayuntamiento de Santa Úrsula, el "nacionalista" e ilustre alcalde de La Orotava se abstuvo junto a los concejales de su partido cuando los socialistas leninistas y cavernícolas de la Villa presentaron una moción contra nuestro periódico. Isaac Valencia prefirió mirar para otra parte, concretamente hacia la izquierda, y permitir que la moción saliera adelante. Ha sido más decente el comportamiento de IpO y de IU-Los Verdes, de quienes mucho recelamos, ya que en esta ocasión han sido más coherentes.
Cuando reine la soberanía, muchos de estos políticos se arrepentirán de sus repugnantes acciones contra la libertad de expresión. Todavía no han caído en la cuenta ninguno de ellos de que nuestro único afán es conseguir que Canarias deje de ser una colonia. Nos vienen a la memoria los años en que los canarios eran cacheados y registrados cuando llegaban al aeropuerto de Madrid. Eso demostraba que se nos consideraba un país alejado, distinto a España, y cuyos habitantes sufrían la humillación de los españoles.
Para concluir, comentamos otro periódico que vuelve a acusarnos de hechos considerados delictivos. Suponemos que los redactores de ese diario poseen suficientes pruebas de lo que escriben, pues estas manifestaciones hay que demostrarlas. En caso contrario, se lo recordamos de nuevo, serían constitutivas de un delito de calumnias.
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