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PEDRO MILLÁN DEL ROSARIO

El talento y el cemento: la dimisión de Faustino

30/oct/08 07:24
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Don Paulino Rivero, cuando habla en actos vinculados al medio ambiente, suele referirse a que Canarias "debe cambiar cemento por talento" y ahora sus hechos nos dicen que el cemento (construcción en el suelo rústico y turístico, a través la Ley de Medidas Urgentes) se ha "comido" al talento, en la persona de Faustino García Márquez, director de la Agencia Canaria del Desarrollo Sostenible y de Lucha contra el Cambio Climático. Su cese-dimisión nos ha sorprendido -desagradablemente- a muchos de los que seguimos y trabajamos en temas ambientales en Canarias. No es habitual en estos tiempos que corren que alguien abandone por su propio pie la política, y por motivos de coherencia personal, mucho menos. Y eso es algo que -independientemente de la opinión que tengamos sobre su labor- le honra y le dignifica.

Se va Faustino, en medio de un gran despliegue mediático que choca con su llegada de puntillas, discreta y con una gestión apenas conocida por el ciudadano de a pie (tal vez sea ese uno de los reproches que podamos hacerle). El ex director alega "diferencias insalvables" con la polémica Ley de Medidas Urgentes de Dinamización Sectorial y Ordenación del Turismo. Esta marcha supone -cuando menos- un duro golpe para la imagen pública de compromiso ambiental del Gobierno de Paulino Rivero y del que difícilmente podrá recuperarse.

Aún recuerdo las ilusionantes palabras de nuestro presidente en la presentación de la Agencia, que -según decía- dejaba bien clara la irrenunciable apuesta del recién nacido gobierno a favor de la ecología y el desarrollo sostenible. Y para asegurar esos objetivos, la Agencia iba a depender directamente de Presidencia, sin intermediarios. Pues bien: el pilar de esa apuesta, uno de los técnicos en planeamiento y en desarrollo sostenible más solventes de Canarias y del Estado español, ha caído y el estruendo aún retumba por los pasillos. Si Faustino se hubiera ido sin hacer ruido, alegando razones personales para retirarse, no se hubiera producido este terremoto mediático -bien aprovechado por la oposición para hincar el diente- y producir un agujero en la línea de flotación de esta ley que, en mi opinión, está muerta antes de nacer y terriblemente desprestigiada.

Durante todos estos meses, hemos observado con intranquilidad cómo Faustino y su esperanzadora Agencia languidecían en una diminuta oficina de los Múltiples II, con una secretaria y una sola técnico (recién llegada), sin una ley que le diera contenido, ante la desidia y apatía del mismo Gobierno que lo ensalzó en su momento, en especial, desde las filas del Partido Popular, desde donde le han observado siempre con recelo. A Soria cualquier sinónimo de ecológico o de principios de protección del medio ambiente le suenan a cuerno quemado (casi tan mal como a Aznar). En este sentido, es bien conocida la histórica pretensión del PP de acabar con la COTMAC, la Comisión de Ordenación del Territorio y del Medio Ambiente de Canarias, que es vista por algunos cabildos y ayuntamientos como un freno a sus diferentes planes y proyectos cuando no se ajustan a las leyes del territorio. Es oportuno recordar que siendo Soria presidente del Cabildo de Gran Canaria solicitó la desaparición de esta Comisión, que es la última barrera que nos queda frente a los desmanes urbanísticos y ambientales de determinados personajes de la política canaria.

Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue el ninguneo al que han sometido a Faustino con la citada Ley de Medidas Urgentes, que chocaba radicalmente con los principios que inspiraron el nacimiento de la Agencia: la desprotección del suelo rústico, la -aparente- permisividad a nuevos consumos de territorio insostenibles, el levantamiento "de facto" de la moratoria, al no fijarse límite cuantitativo a las plazas de ciertos emplazamientos turísticos (hoteles escuela) y, en resumen, el abandono por parte del promotor de la ley, el Gobierno, del concepto de sostenibilidad y crecimiento controlado, que tanto había alabado no hace demasiado tiempo.

Tampoco han ayudado las posteriores declaraciones del presidente Rivero, alegando que esta ley "es para que los canarios puedan comer" (sic). Da la sensación que de don Paulino no mide bien sus declaraciones, porque esperamos de él unos razonamientos más técnicos y meditados que los expresados. No se puede amenazar desde la Presidencia a la sociedad de esta manera: "O yo o el Apocalipsis". No son buenos tiempos para recuperar el caudillismo y, además, uno espera algo más de sus líderes para sacarnos de esta difícil situación. Lo único que se consigue diciendo estas cosas es contribuir a alimentar el histerismo social, ya bastante extendido.

No tengo tiempo ni espacio para resumir ni analizar pormenorizadamente el proyecto de ley de Medidas Urgentes (tendremos que dejarlo para más adelante) que el Gobierno de Canarias ha remitido al Parlamento para su aprobación (de donde es más que probable que salga limpio de polvo y paja), pero sí puedo manifestarles que en mis conversaciones con diferentes técnicos, especialistas en agricultura, medio ambiente o planificación que han revisado a conciencia la ley, no he encontrado a ninguno que me hablara bien de ella. Es más, no logro encontrar a ningún colectivo que la apoye públicamente: la rechazan los cabildos, los empresarios hoteleros, los arquitectos, los colectivos ecologistas y ambientales, la Agencia? Entonces, la pregunta obvia es: ¿quién está detrás? Pues, desde los ayuntamientos, que encuentran mayor libertad de acción para saltarse el planeamiento vigente hasta inversores que pueden reconvertir terrenos agrícolas cultivados en "huertos solares" a precio de suelo rústico.

Y, en definitiva, ésta parece ser la apuesta de este Gobierno por dinamizar la economía del Archipiélago: poner en el mercado suelo apetecible, mientras rebaja las exigencias ambientales y legales para permitir que el dinero aflore y el paro disminuya. No es una mala meta, el problema es el camino. En ese camino se ha quedado Faustino, y eso es un hecho que debemos lamentar todos, por lo que implica cara al futuro.

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