EL DÍA, S/C de Tenerife
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial tinerfeña celebró ayer la segunda sesión del juicio con jurado popular contra Juan Carlos G.G., acusado de haber asestado cuatro cuchilladas a un soldado en la discoteca La Piedra, de Valverde (El Hierro), el día 30 de septiembre de 2007, a consecuencia de lo cual el militar de 29 años falleció tras recibir la primera herida en el abdomen -de nueve centímetros de profundidad-, que le causó una hemorragia considerable. El hecho tuvo su origen en una pelea que numerosos clientes del establecimiento nocturno aseguraron haber presenciado, unos en parte y, otros, en su totalidad.
Los testigos.- Los testigos que comparecieron ayer en la Sala viajaron desde El Hierro exclusivamente para declarar lo que ocurrió el día 30 de septiembre de 2007, hace ahora un año y 28 días. Gran parte de ellos coincidieron en que Juan Carlos G.G., conocido por "Caco" entre sus amigos, y la víctima comenzaron una pelea "en la que se daban de parte y parte puñetazos y patadas", según un testigo que al mismo tiempo describía que el recinto era muy pequeño. De la calle se bajaban unas escaleras y se llegaba a un rellano de cuatro metros cuadrados, donde se agolpaba mucha clientela y desde donde se podía ver otro tramo de escaleras, donde había más gente.
El último cigarro.- El gran tumulto de personas hizo imposible que se percataran de que la víctima recibió las cuchilladas, ya que siguió de pie. Incluso el portero de la discoteca de Valverde declaró que "los separaron y yo agarré a este chico -refiriéndose a la víctima- por los hombros y lo puse detrás de mí. Le dije que se estuviera quieto". Encendió un cigarro y cayó desplomado. Al levantarle la camisa le vieron dos cortes en la parte delantera del tórax, pero no se percataron de las otras dos del glúteo izquierdo.
El acusado había estado ayudando a una prima suya que trabajaba en el pub El Cine. Cuando terminó se fue a la discoteca cercana de La Piedra, donde con seis tranquilizantes encima y algunas copas vio a un grupo de soldados y quiso mediar en una pelea en la que estaba envuelto otro amigo suyo. Este chico salió con uno de los soldados a la calle para arreglar el problema hablando, mientras el acusado se quedó con la víctima dentro de la discoteca y empezó una discusión en la que el agredido le dio un puñetazo al acusado. Éste cayó al suelo, se levantó y echó mano del cuchillo que llevaba a la cintura envuelto en papel higiénico y le asestó las cuchilladas.
Pedía una ambulancia.- Fue el propio acusado el que se empeñaba una y otra vez en que debían auxiliar a la víctima y llamar al 112 para que acudiera una ambulancia. Asimismo, en un momento dado, y cuando el soldado herido estaba en el suelo, le echó un vaso de agua y decía que avisaran a la ambulancia porque se le podían encharcar los pulmones, pero no decía que él había herido a la víctima.
Uno de los testigos declaró que "yo pensé que era Juan Carlos porque hacía poco tiempo le había pinchado a mi hermano por la espalda. Él tiene fama de ser agresivo, violento y peligroso".
Nadie declaró ayer saber dónde había escondido Juan Carlos G.G. el cuchillo que usó para causar la muerte al militar; tan sólo un amigo suyo dijo que "Caco vino a darme un cuchillo y yo le dije que me dejara tranquilo". Una amiga del acusado comentó que éste y un amigo le quitaron un cuchillo cuando estuvieron en su casa.
Las partes.- El fiscal calificó los hechos como un delito de asesinato con la agravante de reincidencia y pidió una pena de 20 años de prisión, una indemnización para los familiares de la víctima de 150.000 euros, así como que al acusado se le prohíba regresar a El Hierro en 10 años. Por su parte, la acusación particular no sólo considera la existencia de un delito de asesinato con la agravante de reincidencia, sino que solicita 25 años porque afirma que existió ensañamiento, ya que estima que la primera cuchillada se dio en una zona vital y fue mortal de necesidad, y que las restantes fueron sólo para causar dolor. También pide una indemnización de 200.000 euros y que el procesado no regrese a la Isla del Meridiano en 10 años. La defensa pide la absolución porque medió la legítima defensa durante la pelea, además su cliente estaba bajo los efectos del alcohol y tranquilizantes, y sufre esquizofrenia.
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