En anteriores ocasiones, cuando he osado escribir algunas líneas para este diario, reconozco que he hecho del humor crítico y fabulesco una de las habituales herramientas para narrarles mis impresiones sobre asuntos varios, normalmente de cuestiones inherentes a lo político y a sus coloristas batallas en este mi sentido pueblo. Hasta hoy, así lo he hecho. Sin embargo, y espero que sólo en esta ocasión, dejaré a un lado el relato juglaresco y ocioso para hablarles en negro, para acercarles a las 3.891 tristes realidades habitadas en las empinadas calles de Los Realejos. Hoy, y por mucho que pueda pesarnos, toca ceñirnos bien de cerca a esas familias a las que el paro, cual vírica sombra imbatible a la prevención y a los tratamientos, se ha presentado en sus puertas sin previo aviso, sin invitación cursada.
3.891 realejeros o realejeras buscan trabajo, 1.259 más que a finales del pasado año. ¿Qué les parece? Nueve meses se han encargado de poner en serios apuros a muchísima gente aquí. Nueve meses han helado los planes y alacenas de quienes no creían que esto pudiera sucederles a ellos en primera persona, pues aunque las barbas del vecino vemos arder diariamente osamos en creer que el remojo no debe ir con nosotros, que la nuestra es ignífuga a prueba de llamas. Nos equivocamos, sí, nos equivocamos rotundamente.
Días atrás, el Partido Popular de Los Realejos hacía públicas las preocupantes cifras del desempleo en el municipio, unos números que no creímos en los primeros cálculos y unas cuentas que no nos salían, aún intuyendo a priori que resultarían de poco agrado para todos. Pero el recuento se empeñó en darse la razón a sí mismo y nos topamos con la mayor, a la vez que histórica, escalada del paro en la villa. El 2008 ya ha dejado más de mil nuevos solicitantes realejeros en las oficinas de empleo, oficinas que se convertirán a buen seguro durante los meses venideros en los locales más transitados de toda la administración pública. Y aquí está, el término tan real como molesto y antipático, la crisis en versión familiar, empírica a la vez que palpable. Desde luego que la receta a esta toxina no la hallará usted en estas líneas -Zapatero a sus zapatos- pero sí que es cierto que en la medida de lo posible quienes nos sentamos en los bancos del salón municipal de plenos tenemos la obligación de paliar de algún modo estas vecinas realidades, estrujarnos el cerebro y los sentidos para aportar granos de arena que, aunque humildes, ayudarán a poner algo de remedio a esta situación.
Bien conocido es de todos eso de que la unión hace la fuerza. Por experiencia sabrá usted que la frase en cuestión va cargada de razón. Yo también lo creo. Y como lo creo, convencido estoy de que en escenarios como este los actores deben consensuar el mejor de los guiones, en sintonía con el equipo técnico y a las claras órdenes del director. El libreto en cuestión: Pacto Municipal por el Empleo. Esta obra sugerida recientemente por el PP realejero busca sentar en la misma mesa a los tres grupos políticos con representación consistorial, al unísono, gobierno y oposición, 21 concejales convencidos de que con las opiniones y compromisos de los agentes sociales, empresarios, comerciantes, promotores y formadores para el empleo, representantes de entidades y organismos públicos y privados, Cabildo y Gobierno de Canarias, entre otros, será posible avanzar en positivo para algo, por modesto que resulte, pues aportará a buen seguro algo de luz a estos sombríos datos municipales del paro. Y a pesar de que esta iniciativa pueda recordarle a la osadía propia de un David contra Goliat, sería más pesar aún no intentarlo, pues medios tenemos, y si no, tiempo habrá de exigirlos. Las familias realejeras ahí están, a la espera, y a ellas nos debemos.
Desde la nutrida experiencia del Área de Empleo de nuestro ayuntamiento a lo largo de todos estos años, tenemos bien sentadas las bases para remover los cimientos y apostar por nuevas fórmulas y planteamientos que nos permitan dibujar un mejor retrato de la economía doméstica, con nuevas varas de medir, una óptica más amplia y otras balanzas que equilibren los pesos. Así de sencillo y laborioso a la vez.
Sin obviar, pues, que la mayúscula política social en estos días gira en torno a reflexionar a todos los niveles para favorecer la creación de empleo, no debiera resultarnos menos obvio que, atendiendo a los números citados, las dependencias de los servicios sociales de cualquier ayuntamiento, hermanos pobres de la administración pública en España, se están viendo y se verán desbordadas por vecinos superados por esta realidad, vecinos que en Los Realejos reciben la mejor de las atenciones posibles, si tenemos en cuenta que los medios siempre nos parecerán insuficientes y que ahora, desde todos los frentes, habrá que mimarlos y primarlos, con atenciones a la altura de las circunstancias y pensadas con vistas al futuro de nuestra gente. Y es que, a la vista está, no sólo de políticas de empleo y cursos de formación come el ser humano. Así es.
Argumentos sobran para debatir en torno a consecuencias y remedios varios ante los 1.259 nuevos desempleados que nos va dejando 2008 en Los Realejos. Sin duda, cada uno los merece. Hacer públicas estas cifras nos invitan a reflexionar. Pero permanecer como meros espectadores pensantes ante este panorama y con el convencimiento erróneo de no poder hacer nada, creo que no es la respuesta que se espera de los políticos, tampoco de los municipales. Seguramente lo que se espera es que no falten las voluntades, los compromisos y los hechos que ayuden, por poco que resulte, a difuminar la crítica sombra que ennegrece a diario los proyectos de muchas de nuestras familias, los planes y anhelos de las que son, a mi parecer, nuestro único y más preciado patrimonio.
Pongámosle manos a la obra. Por su bienestar y de forma sincera, espero que así sea.
* Portavoz del Partido Popular en
el Ayuntamiento de Los Realejos
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