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Un nuevo desalojo vecinal marca el inicio de las obras en la costa de Tabaiba

Diez guardias civiles acudieron ayer a playa El Moro, en Tabaiba, para desalojar a los seis vecinos que a las 9:00 horas de la mañana se encontraban tomando el sol. La acción de la Benemérita permitió que los promotores de la obra del edificio comenzaran a instalar el vallado de seguridad, que durará tres semanas.
29/oct/08 07:27
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F.A.F., S/C de Tenerife

A las 9:00 horas de ayer bajaron hasta la playa El Moro dos operarios de la empresa Deo Volente Sur y colocaron la primera valla de seguridad que cortaba el acceso a dicho recinto. Tras las indicaciones de la jefa de obra, colocaban otra valla junto a la primera y acotaban la zona. Instantes después, y tras varios minutos de duda, acudían ocho guardias civiles a desalojar a los seis vecinos que desde bien temprano esperaban tal desenlace.

De esta forma, después de muchas semanas de lucha vecinal para impedir que comenzaran las obras del polémico edificio de Tabaiba, la actuación ayer temprano de diez guardias civiles, pues otros dos divisaban la maniobra desde las alturas, permitió que la promotora comenzara el vallado de seguridad del terreno, una operación que durará tres semanas.

La actuación de cierre de la playa no duró demasiado en sí, pues simplemente se trataba de colocar tres vallas en los distintos accesos a la misma, aunque se olvidaron de uno por el que se coló una bañista alemana que también fue desalojada con más pena que gloria, lingüística, por parte de la Benemérita.

Aunque se sabía que algo iba a pasar, el proceso fue seguido con calma por los seis vecinos que desayunaban en la playa, los diez guardias civiles y los cuatro representantes de la obra, tres técnicos y el dueño del solar, Mariano González Becerra.

Precisamente este ex miembro de Costas fue requerido por la Guardia Civil para facilitar a los vecinos la licencia de cierre de playa, que expiraba el 30 de octubre, razón por la cual ayer se precipitaron los acontecimientos.

A su lado, en todo momento, estuvo la jefa de obra, que además de realizar las indicaciones propias de su cargo, también se mantuvo atenta a la seguridad de los vecinos ante la pasividad del retén de la Guardia Civil, que se quedó al acecho por si alguna señora se agitaba más de lo permitido por la ley.

Tras ser desalojada, la portavoz de la Plataforma en Defensa del Litoral de El Rosario, Lola Híjar, manifestó en declaraciones a EL DÍA su "sorpresa" por el hecho de que "Becerra esté dando órdenes y diciendo cómo ha de actuar la Guardia Civil, máxime cuando él dice no tener nada que ver con la empresa y como así consta en los papeles". Asimismo, y en su intento por detener los ya inminentes trabajos en el solar, Híjar avanzó la posibilidad de presentar en el Parlamento de Canarias una proposición no de ley en nombre de la plataforma para que "no dejen construir en donde no se han actualizado los deslindes".

Por otro lado, y una vez se hubo producido el desalojo, los operarios de la promotora comenzaron a realizar los agujeros pertinentes para colocar el vallado de seguridad. Unos trabajos que se prolongarán durante tres semanas a lo sumo y hasta la finalización de los cuales no se podrá comenzar la construcción, según aseguró la jefa de obra.

Otro punto destacado por los vecinos fue el hecho de que los operarios anduvieron por el terreno, bastante abrupto y escarpado, sin las pertinentes medidas de seguridad (como se puede ver en las imágenes). En algunas ocasiones los operarios sí se pusieron el casco y el arnés, aunque este nunca estuvo asegurado con una cuerda. Algo más temerario fue uno de los técnicos, que por no llevar no llevaba ni el calzado ni la vestimenta adecuada para esos lares, además de ir más atento a lo que le decían por el móvil que a ver por dónde pisaba.

La Guardia Civil

La de ayer pasará a la historia de Tabaiba como la acción policial de mayor calado que se recuerde, no por lo violencia manifestada por la Benemérita, sino por la excesiva congregación de agentes para tan insignificante maniobra. Probablemente, su presencia en la playa El Moro se debía más a una cuestión de prevención que de posible alteración del orden, pero también es cierto que se encontraban allí para preservar la seguridad de los bañistas. Movilizar diez guardias civiles ha de costar lo suyo, y si encima su trabajo se limita a decirles a cuatro señoras que se vayan de la playa, la cosa parece ya un despilfarro. Sólo que en este caso la Guardia Civil actuó "motu proprio", mientras que en las otras dos ocasiones que hubo de intervenir lo hizo alertada por la jefa de obra, que sí apreció peligro cuando, primero una bañista alemana, y luego una pareja, se encontraban dentro del área de seguridad. Hasta entonces, y a pesar de los 10 guardias civiles allí presentes, ninguno había hecho ademán de desalojar a estas personas que, por otra parte, estaban en riesgo. Sí actuó para solicitar la acreditación y la identificación personal de los peligrosos miembros de la prensa.

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