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Livni se juega el cargo de primer ministro ante Netanyahu y Barak

La imposibilidad de cerrar un acuerdo para formar Gobierno con los 13 partidos con representación parlamentaria forzó a la presidenta del partido Kadima, a quien hace un mes se daba por seguro que ocuparía el cargo de primera ministra, a solicitar al presidente Simón Peres la convocatoria de nuevos comicios.
27/oct/08 07:24
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EFE, Jerusalén

La presidenta del partido gobernante Kadima, Tzipi Livni, se verá obligada a jugarse el cargo de primer ministro de Israel en unas elecciones anticipadas, frente a dos "zorros políticos" como Benjamín Netanyahu y Ehud Barak y con pronósticos que no parecen favorecerle.

Livni, a quien hace un mes se daba como virtual primera ministra, devolvió ayer al presidente de Israel, Simón Peres, el encargo de formar Gobierno con la recomendación de convocar comicios, consejo que con toda probabilidad atenderá el jefe del Estado una vez expire el plazo de tres días para consultar esta decisión con los 13 partidos representados en el Parlamento.

"Estoy harta de extorsiones. Veremos a todos estos héroes dentro de 90 días", adelantó en las horas previas a sus asesores la todavía ministra de Asuntos Exteriores, en una pose de desafío ante la falta de apoyos suficientes para liderar un nuevo Ejecutivo.

La gota que colmó su paciencia fueron los desaíres del partido ultraortodoxo Shas, que durante cuatro semanas negoció con ella unos términos predeterminados para después retirarse de las conversaciones por no obtener lo que desde el principio no estaba sobre la mesa.

Y no hablan los expertos precisamente de la partida presupuestaria que los ultraortodoxos exigían para las familias numerosas que forman el grueso de su electorado, la diferencia era de unos 100 millones de dólares, sino del estatus de Jerusalén.

"Ellos sabían desde un principio que Livni no se comprometería a no hablar de Jerusalén en las negociaciones con los palestinos y, si era así, no tendrían siquiera que haber entrado a negociar con Kadima y perder el tiempo", se quejó una fuente de este partido.

Sin verdaderas posibilidades de encontrar a un sustituto para los ultraortodoxos sefardíes y consolidar una nueva coalición en un Parlamento fragmentado entre 13 formaciones (la mayor de ellas con sólo 29 diputados), Livni se enfrentará así a un duelo electoral de resultados impredecibles con dos ex primeros ministros.

Lo hará enarbolando como insignia su imagen de intachable política, frente al "perfil" más militarista y de astucia política que exhiben sus rivales del conservador Likud, Benjamín Netanyahu, y del Partido Laborista, Ehud Barak.

Se trata de una batalla de alto riesgo, sin garantías de que los israelíes, acostumbrados a años de corrupción y tráfico de influencias, vayan a interpretar su recomendación de elecciones como un ejemplo de transparencia, una nueva forma de hacer política.

Más bien, puede encontrarse en la campaña electoral con titulares como los que ayer aparecieron en algunos artículos de opinión que la acusan de "fracaso" y de causar una "decepción", al tiempo que la califican de "perdedora" y la tildan de padecer "inocencia política".

Titulares que en cierta medida hacen justicia con sus decisiones de las últimas semanas, en las que concentró casi todos sus esfuerzos en el Shas, un partido ultraortodoxo sefardí que desde hace tiempo comparte una misma visión conservadora con el Likud en muchas de sus posturas políticas relacionadas con el proceso de paz.

Medios locales aventuran que el líder del Shas, Eli Yishai, podría haber cerrado un trato con Netanyahu mientras negociaba con el Kadima, por el que no sólo garantizaría la indivisibilidad de Jerusalén, sino también el doble de la partida presupuestaria que ofrecía Livni a las familias numerosas.

Uno de los errores que se atribuyen a la líder del Kadima fue el dar el jueves, cuando aún tenía tiempo de seguir negociando, un ultimátum a sus interlocutores, una estrategia que obligaba a éstos a dar carpetazo a las transacciones, aunque sólo sea para salvar la cara en futuros comicios.

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