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EDITORIAL

Ganamos batallas y tendremos nuestra soberanía

26/oct/08 01:20
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NOS alegra atisbar que Juan Jesús Ayala, presidente del PNC en Tenerife, por fin se inclina por las ideas de la independencia, aunque todavía constreñido por el miedo de muchos canarios a dar el paso que nos hará libres. Un temor del que no se libran bastantes dirigentes nacionalistas, aún vacilantes entre seguir dependiendo de España e ir a Madrid para que nos echen migajas, o hacernos dueños de las riquezas que son enormes, lo hemos dicho muchas veces, pero no están a nuestro alcance porque las administran y se las llevan otros. Dice Ayala en un artículo publicado en EL DÍA el pasado jueves que "no es lo mismo autodeterminación que independencia. Quizás sean caminos que convergen para llegar al mismo sitio, pero la autodeterminación es el inicio del mismo con todas las vicisitudes que pueda un pueblo encontrar durante su tránsito, porque en realidad es como un deseo que se puede o no alcanzar. La independencia se logra cuando un pueblo ya consolidado e imbuido en la institucionalidad de un Estado pretende coger un rumbo totalmente distinto al de su status actual".

AÑADE más adelante Juan Jesús Ayala que "ejercer, ese derecho, el derecho de autodeterminación, estriba, ni más ni menos, en poner en práctica el tipo de relación que se quiere mantener entre las partes, si se va hacia una confederación, hacia una codecisión o si es un aprendizaje para alcanzar, si así se decide, mayores metas. El derecho de autodeterminación hay que ejercitarlo en cualquier parte del planeta y, por supuesto, en Canarias, ahora más que nunca. De ahí que los congresos que se vayan a desarrollar donde se hable de nacionalismo y donde, seguramente, se pretenda apuntalar, clarificar conceptos y emitir mensajes de frescura ideológica y nuevas esperanzas, éste no debe orillarse ni omitirse. El derecho de autodeterminación es el más democrático que puede ejercitar un pueblo. Por lo tanto, seguir con los miedos ocultos es perder los horizontes que están a la vista y que exigen por la cantidad de nubes borrascosas que se presagian, se desarrolle".

COINCIDIMOS con nuestro colaborador y egregio nacionalista en que seguir con los miedos ocultos supone perder horizontes; es decir, negarnos a nosotros mismos un futuro mejor. Sin embargo, discrepamos de sus planteamientos respecto a un referéndum de autodeterminación. Las Islas Canarias eran libres antes de la conquista española y, por lo tanto, estaban autodeterminadas como un territorio independiente del país que nos ha colonizado durante seiscientos años. En definitiva, sobra cualquier proceso de autodeterminación, ni siquiera como etapa previa en la marcha hacia nuestra soberanía.

IGUALMENTE interesante nos parece el artículo publicado por nuestro colaborador habitual José A. Infante Burgos, también el jueves de esta semana, con el título "Gomera". Como una muestra del cruel sometimiento sufrido por Canarias, y por La Gomera en particular, escribe textualmente Infante Burgos:

"La Gomera nunca fue conquistada, formalmente y a lo largo de los años, cuando los nuevos pobladores europeos fueron estableciéndose, los aborígenes fueron reconociendo su autoridad no sin mostrarse como un pueblo inconformista y rebelde que se levantaba cada vez que se cometía una tropelía o una injusticia (la más famosa, la llamada Revolución de los Gomeros de 1488). Esta isla, al igual que El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, estaba bajo el señorío, que duró hasta principios del siglo XIX, a diferencia del realengo, en el que se incluían las islas de La Palma, Tenerife y Gran Canaria. El señorío de La Gomera está relacionado con la familia Peraza, que se caracterizó en los primeros años por su crueldad y tiranía.

EN 1447, Guillén Peraza ?comandante castellano, hijo de Hernán Peraza (el Viejo) e Inés de las Casas y heredero al derecho a la conquista de Canarias? parte de La Gomera con tres naves y 500 hombres, dirigiéndose a tomar Benahoare (La Palma), donde encuentra la muerte y derrota en la batalla de Tihuya, a manos del mencey Echedei. La misma suerte que corrió su descendiente Fernán Peraza, que se enamora de Iballa, una guapa indígena gomera, y en uno de sus encuentros amorosos es asesinado por Hupalupa, padre de Iballa, y por Hautacuperche, pretendiente. Después de su muerte, el pueblo gomero, castigado por ello, se levantó de nuevo contra el señorío. Pedro de Vera acudió nueva e inmediatamente en socorro de Beatriz de Bobadilla, que había tenido que refugiarse en el castillo y, desembarcando con numerosa tropa de castigo, hizo huir a los naturales a las cumbres. Pedro de Vera, mediante una clásica astucia, quiso vengarse y publicó un bando en el que cualquier gomero que no acudiera a las honras fúnebres de Fernán Peraza sería acusado de cómplice y traidor; asimismo indultaría a aquellos que se personaran. Los que acudieron al funeral en la Villa fueron inmediatamente detenidos, así como también fueron apresados algunos de los que permanecían alzados en las cumbres. Se ordena la condena a muerte de todos los indígenas mayores de 15 años, si bien esta medida no se puede llevar a la práctica. No satisfecho con los asesinatos, a su llegada al Real de Canaria, ordenó ajusticiar a todos los gomeros que se encontraban en aquella isla, deportando como esclavos a gran parte de niños y mujeres hacia la Península o hacia las otras islas". ¿Necesita alguien una prueba adicional de los crímenes cometidos con nuestros antepasados en aquellos trágicos días? ¿Puede alguien seguir enamorado de la españolidad de Canarias?

POR OTRA PARTE, Carlos Lugo Sosvilla, igualmente apreciado colaborador de esta Casa, destaca en uno de sus artículos que la ONU habla de pueblo colonial como aquel "que habita en un territorio que está separado geográficamente del país que lo administra". ¿Constituyen una separación suficiente los 1.500 kilómetros que median entre Canarias y las costas Peninsulares, y los 2.000 entre nuestras islas y la capital de la Metrópoli?

POR ÚLTIMO, hacemos referencia en nuestro editorial de hoy, dedicado a reflexionar sobre el improrrogable proceso hacia nuestra soberanía y nuestra libertad como pueblo, al artículo publicado el viernes por José Tomás Bethencourt Benítez, profesor titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna. Un artículo titulado "La idea de nación en la juventud canaria", que concluye así:

"De modo muy resumido, los resultados obtenidos para este dominio de la identidad canaria revelaron que para los jóvenes isleños la teoría indígena o étnica es la que con más fuerza sobresale del resto, siendo las otras tres más débiles o difusas tanto en su representación como en su grado de adhesión.

COMO CONCLUSIÓN más importante de dicho trabajo de investigación podemos señalar que Canarias, para sus jóvenes, es una nación en proceso de construcción orientada hacia la conquista y construcción de su Estado, el cual se fundamenta predominantemente en el objetivo o indiscutible factor geográfico o territorial (archipiélago, distante y diferenciado de la metrópoli continental) y en la conexión con la cultura y etnicidad guanche.

LOS ENEMIGOS de la descolonización e independencia de Canarias andan envalentonados, con esa declaración institucional contra el periódico EL DÍA, de ese remedo de Parlamento autonómico. Su acción podrá retrasar pero no impedir, lo que más pronto que tarde terminará siendo la obtención del derecho inalienable del pueblo canario a su emancipación".

ESTAMOS TOTALMENTE de acuerdo con este profesor. Ciertamente los enemigos de nuestra soberanía, entre los que se encuentran los amantes de la españolidad, los nacionalistas teóricos y los miedosos a tener libertad, andan un poco crecidos últimamente, aunque están perdiendo todas las batallas. Al final, de eso no hay duda, también perderán la guerra; la perderán porque esta vez el pueblo canario no va a ser derrotado en su lucha pacífica, basada en un diálogo inteligente, para recuperar lo que les fue robado por los españoles hace seis siglos

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