CRISTINA ÁLVAREZ, Tenerife
"Estoy tranquilo, pero nadie me va a devolver a mi hermano", dijo Joaquín Riquelme García, uno de los hermanos de Sergio, el joven que con tan solo 25 años falleció tras recibir siete cuchilladas de manos de Stefano E., su casero en la urbanización Las Bouganvillas de Adeje, el día 21 de agosto de 2006. Stefano E. fue declarado culpable de asesinato con las agravantes de alevosía y ensañamiento por un jurado popular tras varias horas de deliberación en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. La víctima murió el día 21 de agosto, 18 días después de su cumpleaños y 11 días después de que le mandara a su madre un gran ramo de flores.
"Sergio era un chaval de 25 años, extrovertido, muy alegre y que no dudaba en animar cualquier fiesta donde estuviera presente haciendo imitaciones y contando chistes. Era una persona noble y educada, como todos nosotros, en la fe cristiana, ya que así nos lo inculcaron nuestros padres", dijo a EL DÍA tras conocer el veredicto de culpable emitido por el jurado.
Una hermandad sevillana.- "Una idea que me ronda la cabeza es que su asesino lo cogiera por sorpresa cuando salía de la ducha porque él sabía yudo y defensa personal, era todo un deportista y si hubiera tenido a su agresor frente a frente se hubiera defendido seguro", dijo al tiempo que recordaba que en Semana Santa de 2006, él y Sergio salieron con la Hermandad de las Siete Palabras desde la iglesia de San Vicente en Sevilla. Casualidades de la vida hicieron que ese año fuera Sergio quien llevara el estandarte de la Cofradía, y no fuera de penitente como lo había hecho desde que era muy pequeño. En el patio de la iglesia de San Vicente un amigo de su misma edad le comentó que si ya se había pasado un verano en Lanzarote, por qué no probaba en Tenerife, ya que en el Sur había posibilidades de ganar algo de dinero trabajando en la hostelería y, de camino, practicar el surf, una de sus pasiones. Sergio viajó a Tenerife con tiempo para buscar trabajo, pero el destino hizo que se cruzara con Stefano E., el cual necesitaba alquilar una habitación para sacar dinero extra.
Cuatro días después.- Stefano E. alquilaba una habitación más económica y Sergio decidió mudarse. Cada semana, los tres hermanos de Sergio tenían noticias suyas, pero al ver que no sabían nada de él desde hacía unos días, Joaquín Riquelme se puso en contacto con un primo suyo que es guardia civil, el cual le aconsejó que interpusiera una denuncia por desaparición. Cuatro días después lo llamaban por teléfono y le decían que creían que su hermano podía ser el fallecido de Las Bouganvillas. Rápidamente se trasladó a Tenerife y al ir a la Comisaría del CNP de Playa de las Américas "me contaron la macabra película. Me contaban los hechos y aunque era la Policía, no lo podía asimilar porque la realidad superaba a la ficción. Es macabro y como ciudadano quiero que esta persona no esté en la calle. Es una mente enferma y así lo considero. Quiero que esos 20 ó 22 años en prisión reconsidere lo que hizo y se reforme". Tras conocer el veredicto, el hermano de la víctima afirma que "ha sido muy duro asistir al juicio porque han sido dos años de sufrimiento pidiendo justicia. Encontrarse cara a cara con Stefano ha sido aguantar la tensión. Lo llamé asesino al conocer el veredicto porque lo es".
Joaquín Riquelme agradece la implicación de Sebastián Elías León, que ejerció la acusación particular, porque "se ha involucrado mucho en que esto prosperara y saliera adelante. Asimismo agradezco a la fiscal y al jurado su labor para que se hiciera justicia. También la labor de la Policía ha sido muy buena y su trato inmejorable". Ahora, según comentó el hermano del fallecido, "necesitamos hacer un punto y aparte en nuestras vidas".
Un veredicto contundente.- El veredicto del jurado popular fue contundente y no recogía ni atenuantes ni eximentes de alcoholemia ni la de intoxicación por el consumo de drogas. Los hechos estaban claros para el jurado: Stefano E. mató a Sergio con alevosía y ensañamiento. En la lectrura del citado veredicto se dijo que el día 21 de agosto de 2006, en horas no determinadas de la noche, Stefano E. agredió a Sergio con intención de causarle la muerte, y para lograrlo le asestó siete heridas con un cuchillo de cocina de 10 centímetros de largo. La primera de ellas fue propinada en el cuello, una zona vital y que seccionó la yugular y la carótida haciendo que la sangre saliera a chorros y manchara las paredes de la habitación de Sergio. Uno de los policías nacionales declaró que "era impresionante la cantidad de sangre". Sin nada con qué defenderse y vestido sólo con una toalla al cuello, la víctima se giró y su agresor aprovechó el momento para asestarle otras seis cuchilladas en la espalda, una de las cuales le atravesó el pulmón de atrás adelante.
Dos días con el fallecido.- Dos días estuvo Stefano E. conviviendo con el fallecido. En una ferretería compró pintura y una brocha y comenzó a pintar las paredes para borrar la sangre. También compró un rollo de alambre y cinta de embalar. En la soledad de su apartamento envolvió el cuerpo en mantas y sábanas, lo ató con la cinta y el alambre y tras quemar y hacer desaparecer todos los objetos personales que pudieran hacer pensar que Sergio alguna vez estuvo en esa casa, bajó el cuerpo hasta el cuarto de basuras de la urbanización y, con el firme propósito de deshacerse del cuerpo, le prendió fuego. Los bomberos alertados del incendio acudieron a sofocar el fuego y se encontraron con el cuerpo. La pericia de la Policía Nacional y la rápida intervención de la Local de Adeje hicieron posible localizar a Stefano E., el cual previamente había intentado que un amigo suyo taxista le ayudara a deshacerse del cuerpo ante lo cual lo denunció y llegó a imputarlo en el hecho delictivo.
La Policía se personó en la casa de Stefano E. y al verlos dijo: "Yo no he hecho nada. Yo no he matado a nadie. Quiero un abogado". Estas mismas palabras fueron las que el jurado consideró importantes para el veredicto de culpabilidad al entender su autoincriminación, al igual que los informes forenses en los que se determinó que sólo con la primera cuchillada en el cuello una persona muere en tres minutos y las restantes fueron proferidas en un corto espacio de tiempo y seguidas, por lo que se buscó "asegurarse la muerte".
Pese a que siempre se mantuvo la posibilidad de que Stefano E. pudiera haber bebido y tomado drogas como atenuantes y eximentes de su crimen, el jurado no lo vio probable. Al igual ocurrió con que el hecho de que la víctima recibiera la primera cuchillada estando frente a su agresor no implica que no mediara la sorpresa.
El Fiscal y la defensa piden una pena de 20 años de prisión y es la acusación particular la que siempre ha mantenido que lo ocurrido en Las Bouganvillas fue un asesinato con alevosía y ensañamiento y por ello solicita una condena de 22 años de cárcel y una indemnización para la familia de 180.000 euros.
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