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El imaginero de la humildad

26/oct/08 01:20
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D. BARBUZANO, La Laguna

El Orfeón La Paz fue el lugar donde recientemente varios colectivos le rindieron homenaje al afamado imaginero Ezequiel de León por elevar su quehacer artístico a cotas muy altas y como destacó a EL DÍA su hijo, Ezequiel de León Cruz, "si en algo destacó, fue en su humildad".

Corría el año 1925 cuando Ezequiel de León Valencia, natural de La Orotava, contrae matrimonio con la también orotavense Carmen Domínguez Domínguez. Es justo al año siguiente, cuando en una mañana otoñal, el 2 de octubre del 1926, se recibe el feliz natalicio del nacimiento del primogénito de una numerosa familia, más concretamente de 18 hermanos.

La llegada del pequeño Ezequiel se hace eco en el hogar de sus progenitores, una casa terrera en la calle nueva de la Villa de Arriba de San Juan del Farrobo, de La Orotava, actualmente con el número 20. Fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción. Desde su más tierna edad denota una especial predisposición hacia el modelado, utilizando todo tipo de soportes, como masa de pan, sustraída de una panadería cercana de la calle La Hoya, cuando residía en la calle Altavista, o cera de abejas, de la que existen numerosas reproducciones en culto privado del Cristo a la Columna de Pedro Roldán, en distintos hogares de la villa.

De niño asiste a la Escuela de doña María, más conocida por el apodo de "La Manca". Pertenece el artista a una generación de personas ilustres en el campo de la cultura como puede ser Jesús Hernández Perera, entre otras cosas catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid, igualmente de la Villa de Arriba.

Su primer galardón

El joven artista carece de antecedentes familiares en el campo de las bellas artes. Su padre trabajaba en una conocida fábrica de gaseosas de la calle La Carrera.

A la edad de 14 años, recibe su primer galardón en el campo de la escultura, por modelar en barro el busto de José Antonio Primo de Rivera, y es casi en esta misma época cuando realiza su primera escultura religiosa expuesta al culto público en el barrio de La Perdoma, Nuestro Padre Jesús de Nazareno de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, pueblo este que 25 años después acogerá definitivamente al artista hasta nuestros días. Visita con regularidad la casa del odontólogo César Hernández Martínez, para quien ejecuta un belén con escenas costumbristas de alto contenido etnográfico. Con el afán de conocer e investigar nuevos materiales, visitó y admiró a los hermanos "Vitales", que trabajaron en Cuba y realizaban en La Orotava la decoración exterior del colegio de la Milagrosa.

No es de extrañar que al igual que muchos niños de su edad, fuese monaguillo de la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción, lo que le permitía aprovechar los restos de cera para sus modelados. Demuestra ya desde su infancia gran habilidad en la confección de pequeñas figuras, usando barro, yeso, telas, masa de pan y cuantos elementos estaban a su alcance.

Fue alumno de la escuela Luján Pérez en Las Palmas de Gran Canaria durante su servicio militar en 1947, lo cual ejerció mayor influencia en su definición como imaginero, pues fue allí donde aprendió a policromar y sobre todo a dorar, entre otros recursos técnicos de indudable valor para su trayectoria de escultor imaginero.

Continuó estudios en la Academia de Bellas Artes de Tenerife, viviendo incluso en dicho municipio. Su madre le mandaba diariamente la comida en un camión de transporte, ya que sus recursos económicos eran muy ajustados. Alterna su actividad ejerciendo de copista-delineante en el despacho de Tomás Machado.

En 1952, después de un largo periodo de noviazgo, contrae matrimonio con Evarista Cruz Correa, cuatro años menor que él, de cuya unión nacen seis hijos, continuando su senda artística Ezequiel de León Cruz, reputado alfombrista, y que ha incurrido en el campo de la restauración escultórica, y Jesús de León Cruz, imaginero.

Viaje a Sevilla

En el año 1976, marcha a Sevilla después de trabajar para el Cabildo tinerfeño, recuperando piezas de gran valor. El Cabildo creyó conveniente que nuestro escultor perfeccionara sus conocimientos, máxime cuando en estas tierras no había personas dedicadas a este menester.

En Sevilla, asiste a la cátedra de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, bajo la dirección de Francisco Arquillo. Participa en las restauraciones del retablo mayor de la catedral Hispalense, y del paso de la Vera Cruz de la misma ciudad.

Su hijo Ezequiel de León Cruz destaca a su padre por muchas cosas: "Creo que una persona por la condición de ser artista no debe pensar que está por encima del resto de los mortales, y esto es algo que él nos enseñó. Ezequiel, como padre, fue amigo, maestro, respetuoso con la familia, buen esposo y, por encima de todo, amante de los animales y defensor de las injusticias. Un artista bastante completo, ya que dominó todas las técnicas de la escultura, siendo un escultor imaginero multidisciplinar, ejerciendo sobre cualquiera de nosotros una gran influencia. A Ezequiel sí que se le puede llamar escultor imaginero, ya que para poder crear una obra religiosa como él las dominaba, hay que tener una chispa que no todo escultor tiene, ya que un buen imaginero puede ser un buen escultor, pero un escultor no tiene por qué ser imaginero".

De Ezequiel hay que destacar varias cosas, pero quizás la principal y más importante sea la de que poseía un don para transmitir con sus obras lo místico del arte religioso, esa chispa que él tenía y creaba en las imágenes para transmitirles a los devotos la representación de lo divino; he ahí la diferencia entre escultor y el imaginero.

La aportación de Ezequiel de León a Tenerife y a Canarias, a juicio de su hijo, está en que "Ezequiel es el artífice principal de la restauración y conservación del patrimonio, no solo de Tenerife, sino también de la provincia, pasando por sus manos incluso las patronas. Su cometido en esta faceta lo llevó mas de cuatro décadas en solitario, desde los años cuarenta hasta la década de los ochenta, cuando comienzan a llegar las primeras generaciones de restauradores a Canarias. Así que es lícito destacar su gran aportación a la conservación del patrimonio canario, y de Tenerife en particular".

Dentro de la producción escultórica de Ezequiel de León hay que destacar su vasta y extensa obra, con alrededor de unas 150 piezas nuevas en su quehacer, sin contar las de pequeño formato en su primera etapa. Mención especial a sus Cristos, donde posee una treintena de ellos, siendo la pieza clave de todo escultor por el tratado de anatomía, donde destaca como un verdadero virtuoso en la talla y conocimientos anatómicos.

En su gran producción, que no solo se centra en Tenerife, ya que también está diseminada por otros países, hay que destacar que es el difusor de la iconografía de la Virgen de Candelaria, regando con la imagen de nuestra patrona muchos puntos de Hispanoamérica y Estados Unidos. También es difusor de la iconografía de nuestro Santo Hermano Pedro, siendo la primera obra en el año 1981 para San Pedro de Vilaflor.

Así que Ezequiel de León nos ha dejado un legado cultural de incalculable valor, no solo en su ya mencionada y extensa obra tanto de restauración y conservación, y de escultura religiosa y civil, sino también un patrimonio cultural que ya está siendo estudiado.

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