A vista de graja
Las altas montañas de faz serena,
la cascada de nubes suspendida
y en la cordillera, detenida,
al borde sin igual de La Caldera,
con el radiante sol de primavera
que, bajo el cielo viste de colores,
adquiere tu paisaje resplandores
que en verdes y grises te decoran:
laderas y riscos que enamoran
con reflejos de luz deslumbradores.
¡Todo lo tienes! ¡Nada te sobra!
Ladera, agua y monte... Tu atavío,
milagro es del aura y del rocío,
pàra admirar, de Dios, la eterna obra.
El camino se pierde en su zozobra...,
por cada risco pardo y carcomido,
el agua es un rumor al aire confundido,
y, la graja, que vuela en la alborada
tiende al riachuelo la mirada,
lugar donde el Mencey cayó vencido.
"Esta isla es demasiado hermosa..."
piensa la graja, con el alma henchida,
"...Agazapada bajo el sol, dormida
en la cuna del mar en que reposa,
la tierra ofrece un perfume a rosas,
aromas de primavera tiene el aire
y el monte, al verdor de la floresta.
Pinares y laureles, son respuesta
a un agua evocadora de cristales...".
Y subiéndose a la loma, cual vigía
sobre la agreste sombra trepadora,
plena del azul que se evapora
al divisar del mar la lejanía,
la graja, arrogante, a los pies tenía
la fe de una raza en el olvido:
al vertical Idafe, porte erguido,
monolito pétreo, en el que gira
el espíritu antiguo, y se respira,
de todo Benahoare, el contenido.
Retazos
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