EL SACARSMO nunca escasea; ni siquiera en tiempos de crisis. La depresión económica, el crack o como quiera que deseemos llamar a lo que nos está ocurriendo provoca miles de despidos cada día en todo el mundo. Por citar sólo como ejemplo el caso de algunas empresas multinacionales, Chrysler eliminará 5.000 puestos de trabajo antes de fin de año; Xerox recortará 3.000 empleos en todo el mundo para mejorar su rentabilidad, aunque no han tenido pérdidas; el banco de inversión Goldman Sachs, transformado en banco tradicional tras la crisis del pasado septiembre, planea despedir a 3.300 empleados; el grupo hotelero Sheraton ha anunciado que prescindirá de un número aún indeterminado de empleos para hacer frente a la ralentización de la demanda de viajes; la empresa farmacéutica Merck pondrá en la calle a 7.200 trabajadores, el 12 por ciento de su plantilla; la compañía española de telecomunicaciones ONO presentará en breve un expediente de regulación que afectará a 1.300 trabajadores; la compañía aérea de bajo coste Ryanair cerrará su base en Valencia y dejará sin curro a 850 operarios; Nissan anunció hace un par de semanas que despedirá en Cataluña a 1.680 trabajadores, el 37 por ciento del total; y Telefónica quiere recortar 700 empleos, incluso con prejubilaciones para los mayores de 48 años. Considero una barbaridad jubilar a una persona que no ha cumplido los 50, pero los tiempos de crisis son propicios para todo tipo de disparates. Y ahora, el sarcasmo; o el cinismo. Lo que prefieran ustedes.
Un tal Xurxo Torres acaba de presentar un libro titulado "Comunicación y competitividad", en el cual señala la incompetencia de las empresas para explicar bien las cosas. Don Xurxo pone como ejemplo los expedientes de regulación de empleo que anuncian algunas compañías, y afirma que si estos casos dramáticos se aclararan en su contexto, la alarma social sería menor. Quiero entender que si se explicasen -ahora se dice si se comunicasen- con otras técnicas de transmisión de ideas los despidos masivos que hemos visto antes -y no son todos, ni muchísimo menos-, la situación de esa gente que se queda sin dinero no ya para pagar la hipoteca, sino meramente para enviar a sus hijos al colegio o ir al supermercado, si les comunicásemos mejor a ellos y a la sociedad entera esta catástrofe, insisto, la realidad inmediata que les aguarda no sería tan dramática. Hay que joderse.
Es hora de que hablemos claro. Los bancos han sido los principales culpables de lo que nos está pasando; eso ya nadie lo duda. Culpables por prestar dinero a quienes no podían devolverlo, sólo para cubrir los cupos anuales de rendimiento asignados a sus comerciales. Pero los bancos no piensan. Piensan las personas que los dirigen. Y hoy los dirige al nivel en que se concede o se deniega una hipoteca la generación del messenger : esa que no lee los periódicos, ni ve la televisión, ni necesita ojear un libro porque toda la información le llega a través de la mensajería instantánea de Internet, a la que están colgados dieciséis horas cada día. Lo malo es que la calidad de la información está en proporción inversa con la periodicidad del medio en que aparece. Lo publicado en un periódico es más inexacto que el contenido de un semanario, lo que recoge un semanario no llega al nivel de una revista mensual y ésta será siempre peor que un libro. ¿Qué nivel tiene, entonces, una noticia o mensaje del messenger, fuente de toda la información que maneja la generación mejor preparada -y una mierda- de la historia del mundo mundial? La que jubila a los 48, porque después de los 30 toda persona está obsoleta y no vale para nada. Abran los periódicos que ellos no leen, o vean la televisión que ellos desprecian, para comprobar el berenjenal en el que nos ha metido esta caterva de imberbes mequetrefes.
rpeyt@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD