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MIGUEL ZEROLO *

Algo tenemos que hacer

26/oct/08 01:20
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ESTÁN PASANDO COSAS que a muchos ciudadanos llenan de estupor. Porque hay preguntas que tienen difícil respuesta o la misma posee unos argumentos tan técnicos y regados de fundamentos macroeconómicos que a casi todos se nos escapan las motivaciones de decisiones que ocupan las portadas de todos los medios informativos. Mientras las familias, las pequeñas y medianas empresas y los ayuntamientos nos apretamos el cinturón, porque los primeros grandes efectos de la crisis económica empiezan a notarse, escuchamos, por ejemplo, hablar del destino de miles de millones de euros y es lógico quedarse literalmente con la boca abierta. El Gobierno anuncia que va a inyectar ciento cincuenta mil millones de euros en la banca española para evitar el derrumbe del sistema, pero, a su vez, insiste en que esa ingente cantidad de dinero irá destinada a las pymes y a las familias. Ese proceso entre la inyección de capital y las familias aún no se ha explicado bien y , en cierta medida, crea una sensación de engaño entre la población, sobre todo, si uno lee que la banca española debe pagar de intereses, por su deuda externa, unos 20.000 millones de euros este año y unos 100.000 millones el año que viene. Casualmente casi la misma cifra que se le va a dar con destino a las familias españolas.

Mientras, en los ayuntamientos estamos pensando en cómo vamos a mantener los servicios que se presta a los ciudadanos (limpieza, alumbrado, seguridad, parques y jardines, recogida de residuos sólidos) con unos presupuestos que, al igual que en el resto de la sociedad, van a tener que ajustarse a la realidad de la crisis. En las familias la gente se rompe la cabeza ideando fórmulas para poder pagar la hipoteca, los estudios de los niños y los gastos del hogar. Y eso que ni siquiera hemos empezado a entrar en el principio de la bajada del consumo y de la crisis de lo que los expertos llaman "economía real".

Hasta hace muy poco, los bancos españoles anunciaban sus beneficios en las páginas de los periódicos. Unos beneficios asombrosos incluso para épocas de bonanza. No entiendo, pues, que los principales responsables del Estado dediquen casi toda su atención a salvar los muebles de quienes, en el fondo, han sido depositarios de nuestro dinero y con el que han logrado, año tras año, pingües beneficios. No digo que se permita una fractura del sistema bancario, está claro que eso significaría un derrumbe económico y social indescriptible, digo que hay que tratar de llegar con más claridad hasta los ciudadanos, a las familias, porque, de momento, la "ayuda" gubernamental sólo alcanza a las grandes corporaciones bancarias.

Muchos expertos ya han reconocido que tal vez sea hora de empezar a cambiar las reglas del juego. Por ejemplo, casi nadie ha tendido la mano para salvar a ninguna empresa en crisis. Cuando alguna se ha declarado en quiebra, sus dirigentes asumen ciertas responsabilidades, la empresa se cierra y los trabajadores se van al paro. ¿No hay rescate excepto para los bancos que han jugado a la bolsa con el dinero de los impositores?, quizás habría que empezar a aplicar las varas de la responsabilidad de una manera más equitativa.

Todo el mundo habla de la crisis financiera. Y el Gobierno del Estado, hasta el momento, ha volcado sus esfuerzos y su atención en planear el salvamento de las entidades bancarias supongo que, pensando bien, para evitar que un desplome bancario suponga un mal aún peor para esta sociedad que hasta ayer vivía en una especie de fiesta permanente. Por otro lado, el margen de maniobra del Gobierno de Canarias no es demasiado grande. Y el de las administraciones locales es aún menor. Pero deberíamos empezar a pensar en medidas extraordinarias para un año históricamente extraordinario. Plantear a la banca en Canarias un "año cero", un año de carencia para las hipotecas de las familias por debajo de determinados umbrales de renta; negociar y exigir una moratoria que permita ampliar el marco inversor de la Reserva de Inversiones en Canarias al mercado inmobiliario para intentar paliar el hundimiento de la construcción (por más que mucha de esta RIC sea en la actualidad puro apunte contable); plantearnos medidas extraordinarias de endeudamiento en las corporaciones públicas? Algo tenemos que hacer y rápido para dar respuesta a una crisis económica de la que ya empezamos a ver los primeros indicios: empresas en dificultades, descenso del consumo, aumento del paro?

En cualquier caso es tarea de todos, dentro de sus posibilidades y responsabilidades, hacer lo posible para que el impacto, ya inevitable, de esta crisis económica sea lo más leve posible. Estoy completamente seguro de que, si nos ponemos a ello dejando al margen intereses propios, lo lograremos.

* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y diputado en el Parlamento de Canarias

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