UNA DE LAS GRANDES figuras del arte, de resonancia nacional y mundial, fue el pintor José Aguiar, nacido en el pueblo de Agulo, en una antigua mansión situada en el centro de la población cerca de la iglesia parroquial. Es noticia, para Agulo, para La Gomera y para Canarias, que esta construcción de época está bastante bien conservada, pese a lo cual desde el pasado mes de marzo está sometida a obras de restauración y remodelación, porque en la casa donde nació el pintor y realizó buena parte de sus primeros y magníficos cuadros, se guardan bastantes obras de arte que figurarán en un museo, como también se creará una biblioteca, un área de consulta y un centro de producción artística, con lo que se recuperará parte del patrimonio artístico municipal. La iniciativa de estas creaciones, denominada Proyecto de Revitalización del Municipio de Agulo, cuenta con un presupuesto de cerca de medio millón de euros y se espera que las obras estén terminadas a principios de enero próximo. Constituirán un atractivo para los visitantes, tanto turistas como artistas, y en especial expertos en la obra de José Aguiar, del que siempre oía hablar en La Gomera, en especial al hermano mayor de mi madre, Rosendo Armas, que era secretario del Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera y tenía amistad con el ya famoso artista. ¡Quién iba a decirme a mí que conocería personalmente a José Aguiar muchos años después, no cuando vino a Santa Cruz de Tenerife a pintar los murales del salón de sesiones del Palacio del Cabildo Insular, que entonces ya era un jovencillo que estudiaba el Bachillerato, sino cuando un servidor trabajaba ya de redactor en este periódico. Iba a inaugurarse la Basílica de Candelaria y el director del diario, Ernesto Salcedo, me mandó, con el fotógrafo y querido y malogrado compañero Jorge Perdomo a hacerle una entrevista a José Aguiar. Encontramos al artista encaramado a un balconaje mientras pintaba el mural del techo del altar mayor del templo. Creo que es el trabajo periodístico que he hecho, a medio colgar, a mayor distancia del suelo. El pintor, acostumbrado a esos menesteres, trabajaba tranquilamente, mientras contestaba a las preguntas que yo le hacía. No me habló mucho de La Gomera, de su infancia y juventud, que es lo que yo quería, sino de lo que representaba para él tener el honor de ser designado para decorar la Basílica de la Patrona de Canarias, en uno de cuyos murales aparece, retratado fielmente, el prelado nivariense y gran impulsor del templo, don Domingo Pérez Cáceres, cuyos restos mortales recibieron sepultura en la Basílica, donde reposan. Y, para mí, aquel trabajo fue un honor en mi profesión y como gomero, igual que José Aguiar, y canario.
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