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26/oct/08 01:20
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Deporte versus igualdad

Es muy habitual entender que mente y cuerpo son cosas distintas, separadas o si se prefiere en conflicto. No creo que sea lo acertado, más bien comparto con Liborio Valencia y su artículo publicado el martes 21 en el suplemento "Baloncesto de Base" que ambas deben ir de la mano.

El desarrollo físico va a la par del desarrollo intelectual así como los bebés necesitan el gateo para tener una buena orientación espacial y por ende un buen desarrollo geométrico y matemático, así también los futuros varones necesitan de la incorporación de nuevos valores para desarrollarse en libertad y autonomía en una sociedad donde la identidad masculina está en crisis.

Cuando llevamos a nuestros hijos a una práctica deportiva no hacemos una dejación ni "entrega", sino más bien un esfuerzo por mantener y generar no sólo niveles de salud física de nuestros hijos, sino de salud democrática.

El deporte, como cualquier otra actividad humana, genera, mantiene y persevera en unas prácticas sociales y no en otras.

Unas prácticas que pueden favorecer la integración de nuestros hijos y futuros varones adultos en una sociedad de iguales, donde se refuerzan los lazos entre solidaridad y equidad, o por el contrario se afirmen los lazos de la diferencia y jerarquía. Donde los espacios no sean segregados, sino muy al contrario sirvan para crear vínculos entre los iguales. Espacios para el ocio y el juego y no para el protagonismo o la individualidad del varón que se cree el elegido para el triunfo entre iguales. Espacios y lugares donde no seamos antagónicos sino partes de una misma realidad que se constituye entre pares.

Es en esa realidad donde a mí me gustaría coincidir con Liborio, una realidad que nos hace partícipes y no contrarios, una realidad que incluye y no excluye. Una realidad, en definitiva, que habrá de cambiar con la participación de tod@s y no sólo con una parte del cielo, que por otro lado se ha demostrado que genera más violencia y opresión que solidaridad y libertad.

En ese espacio, sí.

Nuria Roldán-Arrazola

De camino al Sur

Por diversos motivos viajo con frecuencia al Sur de Tenerife y, como es lógico, lo hago por la autopista. Pero, cada vez que paso por ella, siempre me llevo una desilusión. Añadido al desaliño por las obras de remodelación, encuentro a lo largo de su recorrido una dejadez y un abandono estético que no es de ahora, sino que ya viene de antiguo. Lo que me produce una auténtica desazón, como usuaria y como ciudadana.

Recuerdo que hace ya algún tiempo, me dio por pensar en este tema y, siempre intentando buscar soluciones (aunque en mis manos no estuviera el llevarlas a cabo), telefoneé a distintos organismos de los que la autopista depende, para sugerirles mis ideas (con la consiguiente oposición de mi familia, que me instaba a dejar de imitar al malogrado César Manrique). Básicamente, de lo que se trata es de que cada municipio se haga responsable del embellecimiento y ajardinado del tramo de autovía que le corresponda. Algo parecido a las gerias lanzaroteñas, esto es, realizar terrarios y pocetas en centros y bordes, donde ubicar muestras de nuestra flora autóctona y ornamental: palmeras, buganvillas, adelfas, cardones, piteras, flor de pascua y de mundo, etc. Con ello se lograría no sólo proteger y ensalzar la naturaleza verde canaria, sino también dar un toque de colorido y armonía a la aridez del asfalto.

Estoy segura de que los cansados viajeros, ya sea por trabajo o por turismo, que la recorran sabrán agradecer el regalo de verdor ofrecido a la vista, por contraposición a la desolación que ahora nos brinda, pues como única ostentación tan sólo posee los antiestéticos postes del alumbrado público.

Si don Miguel de Cervantes nos visitara con su Quijote, ya no lucharía contra los molinos sino contra los horripilantes gigantes de hierro y su novela entonces empezaría de esta forma: "En un lugar del Sur de Tenerife, de cuyas torretas no quiero acordarme...".

Señores políticos, hagamos realidad la hermosa letra del pasodoble "Islas Canarias", cuando canta aquello de: "Vergel de belleza sin par... Jardín ideal siempre en flor...". ¿Es que el Sur no se lo merece?

Pepita Marrero Díaz-Bello

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