EL PRESIDENTE del Gobierno ha hecho bandera de su presencia en la cumbre de Nueva York, prevista para el próximo 15 de noviembre, destinada a estudiar medidas de alcance mundial contra la crisis financiera que amenaza con sumir al planeta -esta vez no es una exageración en la famosa "economía global"- en la pobreza durante un período impredecible. La iniciativa de esta cumbre ha sido del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y la selección de los invitados a la reunión ha corrido a cargo también de Washington, tras consultas con las autoridades de la Unión Europea y de otros países.
(Este protagonismo de Estados Unidos ha puesto de manifiesto, una vez más, que la Organización de las Naciones Unidas sirve para lo que sirve, que ya es bien poco, y que empieza a ser urgente una revisión a fondo de este monstruo burocrático que gasta cantidades ingentes de dinero, sin control alguno, a través de una miríada de agencias puestas al servicio de causas sectarias, directamente encaminadas a corromper desde su misma raíz los fundamentos de la cultura occidental: la cultura que ha proporcionado más libertad, paz y progreso desde que existe el hombre sobre la faz de la Tierra. Pero eso, como diría el inolvidable tabernero de Irma, la dulce, es otra historia).
La configuración de la lista de invitados a participar en la cumbre ha sido peculiar: de una reunión del G-8 (los ocho países más industrializados del planeta) se ha pasado a añadir el G-20, que agrupa a las llamadas economías emergentes. Ni en una G ni en la otra G figura España. El portavoz de la Casa Blanca ha hecho las declaraciones de rigor: ni España ni ningún otro país excluido debe sentirse preterido; alguna selección había que hacer, y el G-20 ya estaba funcionando; los que quedan fuera o estarán representados en la Unión Europea, o están invitados a trasladar sus sugerencias por las vías diplomáticas establecidas.
Rodríguez, sin embargo, se ha obstinado, envuelto en la bandera nacional, en hacer cuestión de honor de su presencia en la foto. Este modo de ver el episodio no constituye un juicio temerario: ni el propio Rodríguez imagina siquiera que esté nadie esperando ansiosamente lo que él tuviera que decir en la cumbre. Pero esta actitud de doncella ofendida sabe que le reportará buenos réditos aquí, porque, efectivamente, hay unanimidad en considerar que, si la alternativa es estar o no estar, es mejor estar; y si se acaba fuera, la culpa será de Bush, del rencoroso Bush, que además es también, según Rodríguez, el causante de la crisis también en España.
Lo más probable es que a la hora de confeccionar la lista de asistentes nadie se parase a pensar si España iba a estar o no incluida. Pero en cuanto Rodríguez Zapatero ha desplegado una ofensiva en todos los frentes y por todos los medios imaginables para conseguir salir en la foto, no puede descartarse que en la Casa Blanca se haya producido, ya directamente, un veto. Al fin y al cabo, Washington no tiene ni una sola razón para hacer con España una excepción que la privilegie sobre los demás excluidos. Más bien todo lo contrario.
La peregrinación del presidente del Gobierno español por el mundo en busca de un sitio es ya algo pueril y patético. El presidente francés Nicolás Sarkozy le dio buenas palabras, pero ante la insistencia de La Moncloa ha tenido que acabar dejando sentado que la UE acudirá a la cumbre con una sola voz, que es la de Durão Barroso y la de él mismo, que ocupan su turno presidencial, y los demás países de la Unión que estén presentes lo harán en función de su pertenencia al G-8.
Nos esperan ahora dos semanas de ir haciendo el ridículo por estos mundos sin ninguna necesidad, sólo para satisfacer la vanidad de alguien que no tiene absolutamente nada que aportar a la reunión. Llegados a esta situación, sólo queda esperar que Rodríguez desista, ante la firmeza de todos los demás en no hacer excepciones; y si finalmente saltase la sorpresa y fuera admitida por cansancio una delegación española, hay que rezar para que Bush no ejecute su venganza invitando a Rodríguez a hacer uso de la palabra.
Presupuestos
Como estaba previsto, finalmente los presupuestos Generales del Estado para 2009 han superado en el Congreso la votación que abre la puerta a la discusión pormenorizada del proyecto. Todos sabíamos que esas negociaciones con minorías eran la escenificación propia del caso, y no ha habido, pues, sorpresa, salvo la de presenciar a un Mariano Rajoy que, finalmente, ha ejercido la oposición con contundencia y brillantez en sus intervenciones del debate de totalidad, defendiendo su posición de pedir la devolución del proyecto al Gobierno. La verdad es que lo tenía fácil, porque estos PGE son contradictorios hasta el esperpento, y no se corre ningún riesgo al predecir que no se van a cumplir de ninguna manera.
Tal vez lo más interesante del debate presupuestario haya sido la fractura del voto de los dos navarros de upn integrados en el Grupo Popular, el uno votando con el pp y el otro absteniéndose. El Partido Popular ha dado a conocer una nota en la que no cierra la puerta a una posible recomposición del pacto vulnerado por Miguel Sanz, que podría darse en la primavera próxima, cuando Sanz abandone la Presidencia de UPN y cambie la dirección en el partido del Viejo Reino.
Posdata
¿No ha pasado nada más? Sí, por cierto: destaquemos que Baltasar Garzón sigue empecinado en su guerra particular contra el fiscal Javier Zaragoza a cuenta de su particular causa general contra el franquismo. Sorprende que, a estas alturas, todavía nadie haya encontrado el modo de parar esta locura que echa por tierra el admirable esfuerzo de reconciliación que significó la Transición española.
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