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ANGEL RIPOLLÉS BAUTISTA

La poesía como vivencia

26/oct/08 01:20
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LA PALABRA VIVENCIA, tan leída y tan oída, no ha mucho que fue incorporada a nuestro diccionario, que la define, con marcado acento psicológico, así: "Hecho de experiencia que, con participación consciente o inconsciente del sujeto, se incorpora a su personalidad". Fue palabra de uso frecuente por una doctrina filosófica alemana, de donde la "importó" don José Ortega. El psicologista Guillermo Dilthey, quien entendía que hay historia donde hay posibilidad de elección de valores, como una vivencia transida de espiritualidad, es decir, como algo que está más allá o es algo más que el frío "cientifismo" positivista.

"Todo aquello que llega con tal inmediatez a mi yo -dirá Ortega-, que entra a formar parte de él, es una vivencia. Como el cuerpo físico es una unidad de átomos".

Porque desde que el niño nace es lo cierto que en él se da ya una primera o primitiva vivencia, sin duda difusa aún, pero vivencia a fin de lo que el mundo, al que llega es: un mundo todavía en ciernes, verosímilmente caótico para él; un mundo cuyo conocimiento irá elaborando con la experiencia de sus futuras y sucesivas vivencias. Y es que el hombre, por sentirse a sí mismo, es un ser eminentemente vivencial.

En el origen, pues, las vivencias que nos llegan de fuera del mundo exterior, de las que luego irán saliendo otras vivencias que nuestro intelecto, nuestro pensamiento directo o reflexivo irá elaborando, con acierto o con desacierto, hasta traducirse asimismo en unas más o menos certeras ideas-fuerza, ideas-génesis, ideas-modelo, etc. ¿Hasta dónde? Hasta culminar en la producción poética, en la poesía, que es la forma más acabada de la expresión del ser humano (pero imperfecta, porque ni la perfección ni la verdad última terrenas existen; si existieran, la humanidad, en ese mismo momento, dejaría de existir), de la inalcanzable hominización integral, del humanismo.

El poeta catalán Joan Oliver, en unas notas provisionales sobre la poesía ("De Circunstancies", 1968), dirá: "La poesía es un ensayo, un proyecto en movimiento ilimitado, como el propio hombre. La meta y el enemigo de una y otro sería, pues, la perfección".

Pero Dilthey, en sus estudios sobre la poesía y la estética, dirá algo más: que la poesía debe ir incluso más allá del humanismo, más allá de la descripción de la belleza, para adentrarse en un más allá todavía no creado: en la idea de un mundo nuevo, de un nuevo modelo de sociedad que responda a una idea-modelo generada desde esa unidad de vivencias que en el hombre-poeta anidan. En la poesía profunda, intelectualizada, que intenta adivinar el futuro del mundo para luego ordenarlo con una idea-justa. Este, aquí en Tenerife, es el pensamiento de Elsa Hernández, Dimas Coello y Antonio López de Vergara, y otros muchos.

Pero además la poesía -arte difícil por acotado en expresiones sintéticas- exigirá siempre la presencia de la belleza en sus múltiples formas expresivas. A la poesía la ide-génesis, aún certera, no le basta, exige bastante más.

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