... "Lo peor que nos puede pasar es que no nos pase nada". Ésta se convirtió ayer en la frase talismán, en la más repetida por los oradores en el IV Congreso Nacional de CC, un partido que lleva 15 años en el Gobierno y en gran parte del entramado institucional del Archipiélago con un desgaste indudable, tal y como se pudo comprobar en las dos últimas elecciones, en las que los nacionalistas acusaron un importante descenso tanto en número de votos como de escaños. Pero lo peor que puede hacer este partido es agarrarse a la división de Nueva Canarias para justificar sus malos resultados. No hay que olvidarse de ejemplos como los del País Vasco o Cataluña, donde conviven varias fuerzas políticas de diversa orientación sin que por ello partidos como PNV o CiU hayan perdido su primacía. El problema, en definitiva, no es ése. El problema es de caras y de mensajes. Es la falta de líderes fuertes y de mensajes sólidos y cohesionados. Y aunque no se pude centrar la responsabilidad de todo esto en el presidente de CC, José Torres Stinga, lo cierto es que el informe de gestión que presentó ayer se limitó más a justificar los errores que a admitirlos.
... Lo más probable es que la famosa frase con la que se encabeza este artículo acabe ocurriendo. Lo más posible es que acabe no pasando nada. Que el propio Torres repita al frente del partido ungido por su antecesor, Paulino Rivero, y que CC no regrese al modelo de las antiguas AIC. Lo más probable es que CC siga siendo CC. Y, tal y como ya se ha podido ver en los resultados, ésta no es la solución. A última hora de la tarde de ayer casi nadie dudaba ya de que el presidente seguiría en ese mismo puesto, una vez fracasadas las alternativas lanzadas desde diversos sectores en los últimos días: el presidente de los nacionalistas palmeros, Antonio Castro Cordobez, el gran canario Manuel Lobo o la ex alcaldesa de La Oliva, Claudina Morales.
... Lo cierto, en cualquier caso, es que los nacionalistas saben que las cosas no le van bien. Ni una sola de las intervenciones realizadas ayer dejó de admitir que el partido se encuentra en uno de sus momentos más críticos. Pero el problema se encuentra en que nadie tiene claro cuál es la solución. Si mantener el modelo actual o cambiarlo. Si remover la organización de arriba abajo o, como tal y como expresaban diversos dirigentes nacionalistas, "que no nos pase nada". Lo peor que podría pasarles.
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