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La actual relación hombre-medio ambiente

MARTES, 21 DE OCTUBRE DE 2008 07:20
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ES SABIDO que el hombre es la única especie que es capaz de transformar -para bien o para mal- el entorno que habita; y desde que comenzó a buscar paraísos al coste más bajo posible, surgieron los proyectos y los pretextos para llevar a cabo toda clase de actividades irresponsables, dejando al margen su propia capacidad tecnológica como fuente de conocimientos, la cual ya hace tiempo le mostró claramente dónde radicaban los límites que le podrían conducir a un punto de no retorno. Aún así, el hombre continúa inmerso en dicho desafío; obviando la necesidad de que esa capacidad tecnológica de la que hablamos le reconduzca, al menos en sus aspectos éticos y ecológicos -sobre todo teniendo en cuenta el pasado de la Humanidad-, hacia un tiempo y un espacio que arroje luz y esperanzas para vislumbrar, si cabe, un futuro con mejores expectativas.

Nos hayamos inmersos en una nueva era tecnológica, donde la naturaleza ha sido relegada a un papel meramente lucrativo como fuente y origen de energía y de materias primas. Si al comienzo de nuestra existencia la relación del hombre con el medio ambiente fue la de sobrevivir y combatir como se podía a los cambios y convulsiones de la propia naturaleza, ahora nos hayamos en la necesidad de seguir sobreviviendo; pero con la obligación de velar porque nuestros conocimientos culturales y científicos no acaben con ella y, de camino, con nosotros mismos.

Hoy tenemos la obligación de entender y difundir los valores éticos de la propia acción de la naturaleza. Es evidente que nuestra mera existencia y, por tanto, nuestra actividad humana forman parte de la biodiversidad; sólo que ahora el hombre tiene el poder de mantener o contribuir a la destrucción del medio ambiente; por lo que es obvio que tenemos la inmensa responsabilidad de medir las consecuencias de nuestros actos, sobre todo, cuando nos hayamos inmersos en esa continua disyuntiva de tener que elegir permanentemente entre cumplir con nuestros objetivos de desarrollo y, a la vez, respetar el equilibrio del medio en donde vivimos. Y es el hombre, con su mejor saber y entender, quien ha de proyectar las políticas más adecuadas, y poner en marcha los procedimientos y los medios más idóneos, para mantener estable el equilibrio entre ambiente, sociedad y desarrollo.

Si partimos de la base de que el eje fundamental del movimiento de las sociedades actuales es el consumo y, por consiguiente, los desechos que dicha actividad genera, llegaremos a la conclusión de que son, precisamente esos desechos, el subproducto de la forma de vida que mejor define al ser humano. Realmente, entre los diversos problemas que subyacen en el mantenimiento del equilibrio del medio ambiente, se encuentran, aparte del indudable y cada vez más preocupante agotamiento de la energía y de las diversas materias primas, el hecho de tener que controlar, recoger, destruir y/o almacenar, los desechos que generamos diariamente; aparte de las distintas emanaciones tóxicas que expandimos continuamente a la atmósfera.

Debemos aceptar de buen grado la interdependencia hombre-sociedad-medio ambiente, y ser conscientes de que dicha interrelación es un fenómeno global que va más allá de lo puramente físico y natural de cada país o región. Y es aquí, en este ámbito, donde el hombre debe utilizar la tecnología como un intermediario válido para llevar a cabo un desarrollo sostenible que implique, necesariamente, un proceso equilibrado con nuestro entorno. Muchos de los problemas ambientales repercuten directamente en los más débiles e indefensos de la sociedad: los niños. Por poner sólo un ejemplo, se sabe que con métodos poco onerosos -como el mero hecho de filtrar y desinfectar el agua en los hogares- se podría evitar la muerte de millones de niños a causa de enfermedades relacionadas con la diarrea.

Por tanto, la solución al problema del medio ambiente pasa por desarrollar unas políticas adecuadas que hagan que el hombre -la organización social a la que éste pertenece- funcione perfectamente en equilibrio con sus justas aspiraciones de bienestar y desarrollo; la naturaleza, por su parte, lo viene haciendo perfectamente desde el principio de los tiempos. De esta forma, cuando el hombre termine por conocerse a sí mismo y entienda que, una parte al menos, de nuestro bienestar material ha de ser devuelto a la tierra, entonces se percatará de que su felicidad radica en vivir de forma armoniosa en un ambiente sano y limpio, y en un mundo justo y en paz consigo mismo; y, claro está, con la naturaleza.

macost33@hotmail.com

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