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GRANADILLA

Rehaciendo la vida

Lansana Bangura, de Sierra Leona, lleva mucho tiempo residiendo en Canarias. Desde hace dos años y medio su vivienda se ha trasladado a las inmediaciones de Cáritas en el casco. Habita en una chabola construida por él mismo y dice sentirse feliz porque se ha alejado de la guerra en su país.
19/oct/08 04:27
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A. MEL, Granadilla

Lansana Bangura lleva muchos años residiendo en Canarias, después de que huyera de su país, Sierra Leona. Las masacres producidas por la guerra civil hicieron que Bangura decidiera dejar atrás a su familia y su vida anterior, para encontrar un lugar mejor para vivir, un sitio donde la paz predominara por encima de las atrocidades que durante mucho tiempo tuvo que ver en su país de origen.

Según Lansana, "España me ha tratado muy bien siempre y le doy las gracias a los españoles por acogerme". Sin embargo, él se encuentra viviendo desde hace dos años y medio a la intemperie, en una especie de chabola construida por él mismo, en las inmediaciones de la sede de Cáritas en Granadilla casco, donde recibió ayuda el tiempo que le correspondía.

Este africano de origen dice sentirse feliz, y esa felicidad la expresa por todos los poros de su piel cuando alguien se acerca a él a saludarle y charlar un rato. Según Lansana, Dios le protege "y por eso no tengo miedo de vivir donde vivo y estoy contento de tener lo poco que tengo". No tiene dinero pero asegura que "los españoles me han ayudado mucho" y son los mismos ciudadanos granadilleros los que siempre le acercan comida para que sobreviva.

Incluso, los más pequeños son amigos suyos. "Yo juego con los niños al fútbol y ellos me traen comida y cosas", explica Lansana, quien asegura que "me han ofrecido vender ciertas sustancias, pero yo me niego, porque yo soy pacífico y no quiero problemas".

Pese a todo esto, Lansana no quiere pedir un alojamiento más digno a la administración pública. Dice que son "racistas" y asegura que "la policía me persigue, y son lo únicos que no me dejan estar tranquilo". "Yo no hago nada malo, Dios me ha enviado aquí y aquí estoy viviendo y soy feliz porque no hay guerra", dice.

Lansana tiene la máxima de que "el mundo es para todos, y la guerra no tiene que ser para nadie", de ahí que diga que todo lo que venga y todos los peligros que tenga que correr "me harán feliz, porque soy del mundo y en él vivo".

El pacifismo es una de las características de este africano al que le gustaría que el Estado le ayudara "como al resto de personas", pero igualmente dice sentirse contento con lo que tiene.

También tiene claro que las "cosas sensibles son las que realmente tienen importancia y a las que hay que respetar" y entre éstas destaca a las mujeres del mundo. Al hablar sobre su familia, su sonrisa se enturbia pero sabe que un día podrá verla "porque Dios me lo ha dicho". Su religiosidad también se ha visto afectada durante su estancia en el municipio porque, según explica, en una ocasión "unos policías entraron a la iglesia cuando yo estaba rezando para pedirme la documentación y les dejé claro que no tendría ningún problema en dársela una vez hubiera terminado mis rezos".

Aunque su español no es muy bueno, Lansana Bangura se entiende con todo el mundo y, según él, "todos me quieren menos la Policía". También destaca este originario de Sierra Leona que le gustaría vivir en un sitio más digno "pero mientras, estoy feliz aquí, me he construido mi propia casa y le agradezco mucho su amabilidad a todos los españoles, que me han acogido y me han ayudado mucho a lo largo de mi vida".

Lansana explica que "me traen ropa, comida y agua y hablan conmigo. Me hace sentirme feliz que la gente se preocupe por mí". "Yo he construido mi casa aquí, en un lugar donde no molesto a nadie porque no quiero meterme en problemas y aquí seguiré, esperando a que las administraciones públicas me ayuden. Yo no tengo problema en trabajar pero ahora está muy difícil la situación y, pese a que tengo tarjeta de residencia, es muy difícil para una persona africana encontrar un sitio en una sociedad diferente a la suya, pero no pierdo la esperanza y sigo luchando por ello", reconoce Bangura con una sonrisa en la boca que raramente desaparece.

"Vine huyendo de una guerra, donde muchos inocentes estaban muriendo, no sé nada de mi familia y mi vida anterior ha quedado muy atrás. Pese a que todo esto me produce una gran tristeza, miro al futuro con esperanza, sé que todo saldrá bien y que Dios estará conmigo, ayudándome, al igual que los ciudadanos de bien que saben que soy pacífico, que no quiero problemas y que no he robado en toda mi vida, porque pienso que no es digno de una persona", concluye Lansana Bangura.

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