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Arte y verdad

El escultor japonés Etsuro Sotto, conocido por su trabajo en la Sagrada Familia de Barcelona, relata en el acto inaugural del curso 2008-2009 del movimiento católico Comunión y Liberación, celebrado el pasado viernes, su búsqueda espiritual y su "aventura de un hombre vivo".
19/oct/08 04:27
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EL DÍA, S/C de Tenerife

Unas 200 personas asistieron el viernes al acto de apertura del curso 2008-2009 del movimiento católico Comunión y Liberación, que, bajo el título "La aventura de un hombre vivo", tuvo como protagonista al escultor japonés Etsuro Sotto, conocido por su intervención en la Sagrada Familia de Barcelona.

"Su padre fue profeta, porque le llamó Etsuro, que significa hombre feliz", dijo, a modo de introducción, el sacerdote Joaquín Herba, quien recordó que el artista nipón, "siendo profesor de Bellas Artes en Japón, hizo todo el recorrido obedeciendo a aquello que le sucedía, y así se vino a Europa, pasando por la Sagrada Familia y pasando por Gaudí hasta llegar a Cristo. Por eso le hemos pedido que nos muestre cuál es la aventura de un hombre vivo".

"En aquel momento buscaba algo, pero no sabía qué era. Tenía millones de preguntas pero ninguna respuesta, y me engañaba a mí mismo dando respuestas que no tenía a mis alumnos. Necesitaba a alguien que me ofreciera respuestas, pero no tenía a nadie. Y esto me llevó a la piedra; necesitaba algo sólido, algo que no permitiera que me llevara la corriente", relató Etsuro Sotto.

Con este objetivo, el artista decidió dejar su trabajo en Japón y desplazarse a Europa, "donde había más cultura de piedra". Llegó a París, explicó, con una "verdadera ilusión" de que el arte llenara su corazón. "Pero esto no sucedía y cada vez me encontraba más triste. Necesitaba piedra fresca porque sentía se estaba enfriando todo mi cuerpo y por esto decidí venir a España. Conocía el nombre de la Sagrada Familia, pero nada más, para mí el templo no significaba nada", continuó el artista.

El descubrimiento de la inacabada iglesia barcelonesa y de su artífice, Antonio Gaudí, el "arquitecto de Dios", resultó crucial para que la búsqueda de Etsuro Sotto tuviera un resultado feliz. "Encontré a un japonés que me ayudó a empezar a trabajar en la Sagrada Familia. Yo quería ser buen escultor y por eso empecé a estudiar a Gaudí. Él decía que el arte sin la verdad no existe".

Estas palabras encendieron el interés de Sotto por el genial creador catalán. "Despertaron lo humano en mí, todo lo que yo buscaba antes. Y haciendo escultura tenía cada vez más ganas de conocer a Gaudí, pero llegó un momento en que no podía acercarme más a él, parecía decirme tú no puedes llegar aquí. Así comprendí que tenía que mirar donde miraba Gaudí, tenía que estar donde estaba él. De esta manera, algo cambió en mi corazón, algo entró dentro de mí".

"No sabía dónde ir"

Esta revelación llevó a una consecuencia lógica: "Decidí pedir el Bautismo. Pero luego me sentía solo -aseveró-, había mucha luz, pero no sabía a dónde ir, hasta que os encontré a vosotros, esta compañía de amigos que para mí es la Iglesia. Gaudí me lanzó a vosotros. Esta es la verdadera aventura".

El escultor japonés confesó su "debilidad", aunque dijo seguir preguntándose "dónde está la verdad", porque sin ella "yo no existo. Mi camino es continuar buscando, no engañarme a mí mismo, y confío en Alguien, como Gaudí confió".

"Para mí vivir hoy es vivir seriamente, mantener la pregunta como hacen los niños, como Gaudí, que no fue al colegio, pero entendió algo muy importante: comprendía la realidad, observaba lo que tenía delante, observaba la naturaleza. Este es el secreto del genio de Gaudí. Para mí vivir hoy es vivir sin despreciar nada, sin dejar las preguntas y observar la realidad", concluyó su intervención Etsuro Sotto.

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