J.D.M., S/C de Tenerife
Manuel Cova Rodríguez se define como honrado y amigo de sus amigos. Trabajó 43 años en Correos, 30 como cartero, la mayoría en la zona baja del barrio de El Toscal. Allí hizo múltiples amigos y conocidos que todavía lo recuerdan. El pasado mes de enero se jubiló al cumplir los 65 y dice que "podía haberlo hecho a los 60, pero quise aguantar trabajando hasta el final".
Antonio Cova es de San Andrés, en cuyo equipo de fútbol destacó, pero ha vivido en casi toda la ciudad. De su barrio marchó a Chimisay y de allí a María Jiménez y luego a La Salud, donde reside.
Tiene en la cabeza la ruta que repitió tantos años: "La Marina, esquina con Emilio Calzadilla, donde empezaba cada mañana; San Francisco, San Juan Bautista, San Francisco Javier, Santa Rosa de Lima, Santa Rosalía, avenida de Anaga, del 1 al 23, San Vicente Ferrer, plaza de la Pila o de Isabel II y Callejón Bouza". El corazón de El Toscal. Manuel destaca a Paco Alcover, que era "el cartero de la parte alta de El Toscal, buen amigo y gran profesional".
Cova recuerda "a Salvador Pérez Luz, el médico de los pobres, una persona extraordinaria de la cual digo orgulloso que soy amigo. Y de tantos que aún hoy, cuando paso, se acuerdan del cartero".
Manuel Cova ingresó en Correos, en la oficina de la plaza de España, en 1963. Pasó en 1975 a la de la plaza de los Patos, donde estuvo sólo dos años y luego siete meses ("yo iba donde hiciera falta") en el aeropuerto del Sur. Por último, hacia finales de los setenta, llegó al centro de Las Torres de Taco donde fue jefe nocturno hasta su jubilación.
Cova recuerda "un Toscal de casas terreras, pero también la avenida de Anaga, donde sólo había un edificio de altura y muchas consignatarias. Y es que también repartía en el Muelle de Ribera".
Nuestro protagonista recuerda cómo "una vez vino la Policía a preguntarme por un marinero italiano que estaba en un barco. Fue allá por 1969 ó 1970 y pasé cierto miedo. Yo llevaba dinero para los giros postales o las pagas de las personas mayores, pero nunca tuve ni un problema ni una falta en el trabajo. Mi expediente está inmaculado y eso que, junto a otro compañero, era de los que tenía más años de servicio cuando me jubilé en enero de este año".
Durante su vida laboral conoció "seis jefes provinciales y más de cartería, y con todos me llevé bien. Una vez se armó porque una jefa dijo que teníamos que hablar como los peninsulares para dirigirnos al público. Y en otra ocasión me dieron un permiso de tres días porque vino una inspección de Madrid y fui el único que abrió el buzón de devolución en el que dejaron un papel que ponía inspección central".
Problemas asegura "no he tenido nunca, salvo una vez con un chico de El Hiero que estaba de okupa en una casa. Le llevé una carta del juzgado y se negó a firmarla".
Manuel pasó de "entrar a las siete de la mañana a clasificar y luego salir con una pesada mochila sin tener los buzones de alivio con los que cuentan los compañeros, a estar en un sitio donde se clasificaban 40.000 cartas por hora. Esa ha sido mi evolución, la de la empresa, que ha cambiado igual que la propia figura del cartero".
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