JUAN JOSÉ RAMOS, S/C Tfe.
Es la historia de tres errores que cambiaron la tarde. Que impidieron que la lógica y la coherencia imperara. Que le dieron vuelta a los pronósticos. Los dos primeros condicionaron el desarrollo y el resultado final del partido. El tercero va camino de meter en un problema jurídico (y puede que económico) al Tenerife.
El fallo de Héctor.- A balón parado, aunque fuera en segunda jugada, llegó el 0-1 del Salamanca con un zurdazo a la escuadra de Quique Martín. Remó en contra de la marea el Tenerife hasta que, en posible fuera de juego, Nino aprovechó un pase de Kome para superar a Alberto y empatar. Sin tiempo para digerirlo, Juanlu terminó de dar la vuelta a la contienda, tras un buen servicio del autor del 1-1. A partir de ahí, llegó un concierto blanquiazul con ocasiones y ocasiones de gol que no fueron bien culminadas. Y justo cuando pedía la hora el cuadro de David Amaral para respirar en el descanso, llegó el error del majorero Héctor. De cara a su portería y encimado por un contrario, quiso girarse para despejar, forzar el saque de banda o Dios sabe qué, en lugar de entregársela a Luis García. El rechace le cayó a Azkorra, que empató. Una vez más, el lateral insular no supo hasta dónde podía llegar. Ese defecto, de no conocer sus limitaciones, que tanto le lastran.
Estrada Fernández, valiente.- Le llegó el turno entonces al árbitro, que señaló un penalty increíble. La jugada venía de una mano muy clara de un defensor visitante que protestó Nino y el colegiado, a dos metros, entendió como involuntaria. Dejó seguir y, en esa contra, Miku fabricó la jugada en la que Héctor tocó con la mano tapando su disparo. Estrada Fernández no lo dudó. Entendió que la mano era voluntaria. ¿Qué diferencia había con la anterior acción? Ninguna, salvo en la cabeza del catalán, que se puso valiente cuando el público le pitó por varias faltas incomprensibles. No acabó ahí el daño porque expulsó al majorero y redujo las opciones tinerfeñas de remontar. El partido fue un quiero y no puedo del Tenerife, que arriesgó con los cambios, pudo marcar (también encajar el cuarto) y acabó perdiendo su primer partido en el Heliodoro. Y todo eso ante un rival ordenado, que sólo aprovechó los regalos.
Y el de Concepción.- El presidente dejó que la Televisión Canaria transmitiera, sin tener derechos ni permiso para ello, el partido ante el Salamanca. Se refugió en una excusa infantil, que no podía impedir que las cámaras estuvieran allí porque lo decía un juez. Es una verdad a medias porque no se trataba de impedir que se grabara el encuentro, sino que se emitiera en directo. Y en el estadio, aunque sea del Cabildo, manda el CD Tenerife. Ayer, no se sabe a cambio de qué, Concepción se saltó un contrato con Audiovisual Sport, que le puede llevar a ser demandado y a dejar de ingresar los 180.000 euros mensuales que pagan buena parte de los sueldos. No hizo caso a los profesionales ni dio una buena razón para ello. Se limitó a "inventarse" su verdad, con la lógica en su contra. Con la coherencia y el saber estar que le falta para ser presidente del Tenerife. A lo mejor le queda grande.
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