COLPISA, Madrid
El mismo día en el que quedó confirmado que Rafael Nadal cerrará el año como líder mundial, algo que es el primer español en conseguir, las circunstancias de la jornada de semifinales del Masters Series de Madrid le dieron la espalda al propio mallorquín, que tuvo que inclinarse ante el francés Gilles Simon (16). En un partido agónico de tensa emoción como nunca, el tenista galo se impuso a Nadal por 3-6, 7-6 y 7-6 (6) en tres horas y 29 minutos.
Fue el encuentro más largo del torneo y el más denso en lances inolvidables. Antes de esa confrontación, en la primera semifinal, el escocés Andy Murray dejó fuera de la final al suizo Roger Federer, segundo cabeza de serie. El triunfo de Murray se produjo por 3-6, 7-5 y 7-5 en una hora y 56 minutos.
Todo lo que pueda reflejarse sobre lo acontecido en el duelo entre Nadal y Simon será pálida realidad con respecto a lo desarrollado sobre la pista del Telefónica Arena madrileño. La victoria del francés la decidió el "ojo de halcón" ante el nerviosismo general. Y ese ojo, no siempre convincente, le dio a Simon el acceso a la final.
Los protagonistas de ese enfrentamiento acabaron al límite de sus fuerzas, tal fue el despliegue físico que llevaron a cabo. Si Nadal empezó luchando con potencia y viveza en el primer set, no pudo impedir después la reacción de su rival. De Gilles Simon hay que destacar su brillante trayectoria en Madrid, porque antes de alcanzar la semifinal eliminó a Andreev, Blake, Ginepri y Karlovic.
Frente a este último terminó a las doce y media de la madrugada del sábado. Es decir, que se agotó al máximo antes de afrontar el choque contra el de Manacor. Lo malo para Nadal fue que tuvo enfrente a un auténtico gallo de pelea, cuya expresión viene a desdecir la significación del apodo que le han puesto al jugador en Francia. Allí le llaman pollito, cuando lo cierto es que se trata de un feroz luchador.
Mientras Rafael Nadal no conseguía el tono ideal para salir adelante, Simon, poco a poco, fortalecía sus golpes y se mostraba como un perfecto dominador del fondo físico. Devolvió una y mil bolas, a la derecha, a la izquierda, cruzadas o paralelas. Dio la impresión de ser como una máquina imparable. Nadal no comprendía el alto rendimiento de su rival, pero lo cierto es que Simón hizo méritos para convertirse el lunes en el primer jugador del ranking de Francia.
Se comprende el entusiasmo del nuevo campeón cuando el "ojo de halcón" le otorgó el punto de la victoria. Este jugador, que en modo alguno aparenta ser un sólido rival, exhibió sobre la pista aplomo, temple, firmeza en los golpes y, sobre todo, un toque de bola incomparable. Aunque algunos le tildan de amarrón o devolvedor de pelotas, ahí está su éxito para indicar que a base de esfuerzo constante en la cancha se alcanzan cotas a veces impensables.
La derrota de Federer
Antes, Federer, segundo cabeza de serie, se encontró con un Andy Murray en vena de aciertos. El escocés pudo vengarse de la derrota sufrida ante el suizo en la final del pasado US Open. De Murray, que a los 15 años estuvo en la academia de Emilio Sánchez y Sergio Casal, cabe resaltar la facilidad que tiene para controlar el partido desde el fondo de la pista. Se aproxima a la red lo justo y necesario. Lo suyo es el golpeo detrás de la línea y la verdad es que sus rendimientos son muy elevados. La derecha es por momentos atosigadora. Su revés rezuma potencia, realiza potentes saques y, en definitiva, con esos recursos fue capaz de doblegar a un Federer que en alguna fase del partido recordó al de los mejores tiempos, aunque a la larga acusó el gasto de energías.
La final del Masters de Madrid se disputará hoy, a partir de las 15: hora canaria. El campeón recibirá 360.000 dólares. Para el finalista habrá un premio de 180.000. Los dos derrotados en la penúltima ronda, Federer y Nadal, se llevan 90.000.
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