LA CRUZ ROJA Española está llevando a cabo estos días una de las pocas campañas realmente positivas de las infinitas de todas clases, preferentemente comerciales, que aparecen en los carteles callejeros, en algunos medios de prensa y de TV y, menos, de radio. Porque los tiempos, las modas y los avances de la técnica ya fabrican "móviles" a los que no les falta sino rascador automático. La que fue todopoderosa radio, en la que trabajé 37 años, y nunca fui un forofo del sistema, no porque no lo considerase útil y bueno, sino porque la caterva de inútiles, pelotilleros y faroles del ente público eran insoportables. Pero cuando me jubilé y vinieron de Madrid tres gerifaltes para entregarme una placa, no se la tiré a la cara, pero, en las palabras de "desagradecimiento", me despaché a mi gusto y no me pesó.
Pero retornemos al tema, que es el voluntariado, en cuya faceta los trabajadores de la entonces Radio Juventud de Canarias, luego adscrita al ente público Radiotelevisión Española, tuvieron un gesto elogiable con los Hermanos de San Juan de Dios, que entonces estaban instalando la primera Casa de la Orden en Canarias, que fundaron en Tenerife y con la colaboración del pueblo entero, incluido un cuadro de médicos, que no cobraban y organizaron técnicamente el centro. Estos médicos, dirigidos por el doctor don Miguel López, no tardaron en iniciar afanosamente su tarea, hasta en plan ambulatrio, admitiendo a niños de toda Canarias atacados de parálisis infantil, la temible poliomelitis, para la que no había ningún centro de tratamiento en el Archipiélago.
Fue hace unos 58 años. Los médicos fueron los primeros voluntarios, digamos, clínicos, con algunas enfermeras, pero, en lo que atañe a ingresos dinerarios, necesarios para las obras y para el material de obras, los trabajadores de Radio Juventud de Canarias fueron también de los primeros voluntarios de los Hermanos Hospitalarios, con sus constantes fiestas benéficas, sus campañas y sus originales iniciativas, como la popular "Hartanga Gigante", que llevaba hasta la misma Cabalgata de los Reyes Magos de Santa Cruz, con sus regalos hasta las mismas camas de los pequeños enfermos.
El voluntariado de ahora es diferente porque también son distintas las necesidades de los centros. Se adscriben mayormente las mujeres y lo raro y admirable es que la mayoría de las voluntarias son madres de familia que aprovechan el tiempo libre en sus casas para ir a los hospitales a ayudar a las enfermeras de plantilla y a los mismos médicos cuando son aptas para ello.
Conozco el Hospital de San Juan de Dios, al que estoy vinculado desde antes de ponerse la primera piedra del edificio, y he visto pasar por él numerosos voluntarios y menos voluntarios. Ahora son menos, pero jamás fallan. Treinta años lleva asistiendo como voluntaria, además en festivo, Ángeles Martín, madre de las que son ya tres mujeres, pero fueron niñas a las que tuvo que cuidar: Ana Peraza, Alberto, viudo de Zenaida, que murió siendo voluntaria y a quien le hice un comentario en esta columna, Zenaida, hija de la anterior y de Alberto, y tantos otros que no recuerdo el nombre, pero sí su ejemplo y su entrega.
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