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JOSÉ MARÍA SEGOVIA CABRERA

Y llegó el 18 de julio

19/oct/08 04:27
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ERA MIÉRCOLES y ese día no me había levantado para ir a entrenar al Balneario. No íbamos todos los días el equipito como de ocho o diez muchachos que habíamos comenzado a entrenarnos formando parte del equipo del Club Náutico que entrenaba Acidalio Lorenzo, en el que yo nadaba braza, mi primo Guillermito crawl, que ahora se llama estilo libre, y Pablo Matos espalda, con aquellos bracitos delgados que parecían aspas locas de molino. Me levantaba temprano los días que tocaba entrenar en verano, a eso de las 6 y media de la mañana, con las calles sin un alma y me iba casi corriendo por aquellas soledades mañaneras hasta coger la guagua que salía de las oficinas de la Comandancia de Obras y que nos llevaba al Balneario, entrenábamos y luego cogíamos una de vuelta para que Acidalio llegase a tiempo a su trabajo. Pero no aquel día, miércoles. En casa llevábamos unas semanas preparando todo para marcharnos de veraneo a La Laguna, cada año a una casa distinta, nunca la misma y no sé por qué, teniendo que alquilar un camión para subir todo, desde los somiers y las camas hasta la vajilla y las escobas, todo. Y a ello nos dedicábamos mis tres hermanas y yo, porque el pequeño tenía dos años y el último estaba aún por nacer, ambos hoy abuelos varias veces.

Y también habíamos acabado los exámenes de junio sin ninguna para septiembre, como era usual, que lo raro era suspender y los que lo hacían pasaban mucha vergüenza. Este año había sido especialmente difícil, pues los del plan antiguo, que llamaban Plan Calleja, terminaban este año su Bachillerato de 5 años y nosotros, que seguíamos, habíamos terminado el 4º de 7 años que formaban el bachillerato cíclico, ya que teníamos casi las mismas asignaturas todos los años, a diferentes niveles, claro, y, encima, habíamos tenido una reválida de 4º, con la que se terminaba el bachillerato elemental. Como yo y otros compañeros estudiábamos en el Paedagogium Teneriffa, teníamos que examinarnos como libres en el Instituto, ante gente a la que no conocíamos de nada, sino si acaso de años anteriores, pero me acuerdo bien de mi exámen de Literatura Extranjera con don Agustín Espinosa, que era el director del instituto, y de Matemáticas con el Sr. Montero, que era socialista y un fuerte "hueso" y llevaba, al menos en los días de exámenes, una corbata roja. Y la reválida de 4º fue especialmente difícil, pues no sabíamos de qué iba a tratar y además nos examinamos todos juntos, es decir, los oficiales, los de colegios y los libres como nosotros, Guillermito Cabrera y yo,

Mi padre había salido temprano, como todos los días, para el laboratorio de la Junta de Obras del Puerto, pegado al Dique Norte, y nos había prohibido salir a la calle porque había lío, con el Ejército por las calles y, decían, ruido de disparos para abajo, por la Plaza de la Constitución, que era donde estaba el Gobierno Civil. Pero a primeras horas de la tarde sí salí y pude ver en las paredes de la Plaza de Toros un Bando del capitán general por el que se rebelaba contra el Gobierno. Conocía yo al capitán general y me acordaba de haberlo visto en un desfile que tuvo lugar en la calle 25 de Julio, cuando llegó de la Península a tomar posesión de Capitanía, desfile que vimos desde el primer piso de la casa en que vivía don Manuel Santa Cruz Llamas, dentista, que estaba casado con la hermana mayor de Florinda, compañera de curso aunque no de clases, que ella iba al Instituto, pero que andaba por allí con su otra gran amiga Luisa Díaz, también del mismo curso. Y también me acuerdo de verlo pasear por la Rambla en el trozo de la Estatua a Numancia, con su hija Carmencita, solos los dos, aunque imagino que habría alguna escolta por allí, y la gente decía: "Ese es el capitán general y su hija. Siempre pasea por aquí". Mi intención era ir a casa de mi tío Guillermo en la plaza del Príncipe, que ya no se llamaba así sino Plaza de la Libertad desde que llegó la República, y me acuerdo por una canción que se oía por la radio y en las tiendas cuando la ponían, y que decía así: "Al Bon Marché, Valentín Sanz, junto a la plaza de La Libertad". Y es que esa tienda era de los padres de mi amigo Raimundo Rieu, a cuya casa de San José esquina con la calle del Norte (Valentin Sanz) íbamos mucho a jugar a la azotea mi primo Guillermito y yo, los tres del mismo año de bachiller, aunque Raimundo no iba al Paedagogium como nosotros dos, que decíamos que no venía porque era francés. Con que ese era el que se había levantado contra el Gobierno. ¿Por qué?

Seguí por Costa Grijalva abajo hasta la plaza de los Patos, por el costado de la farmacia Castelo, y luego por Numancia y Bernabé Rodríguez hasta la calle del Pilar, todas ellas más bien desiertas. Ya al llegar abajo, me encontré con unos soldados que me pararon, me preguntaron que si iba a mi casa, les dije que no, que a casa de mi tío en Ruiz de Padrón, 7, entre el conservatorio de Música y el Recreo; pero no sirvió de nada, no me dejaron pasar y me mandaron para mi casa, lo que no tuve más remedio que hacer, aunque esta vez subí por la calle del Pilar hasta las casas Amarillas y el Pro-Parque, el que atravesé hasta la Rambla esquina Numancia y luego por toda la Rambla hasta casa, donde mi madre, que estaba en estado avanzado de mi hermano Rafael, y mis hermanas me preguntaban que dónde y con quién había estado.

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