ESTAMOS a la deriva, Pepe Ignacio. En plena crisis, sin rumbo y sin un timonel claro que encamine a éste viejo y cuarteado país, un día llamado España, y al mundo en general, por la senda de la reactivación económica, social y moral. Aquí no disponemos de unos presupuestos con medidas para sacar de la recesión a nuestra economía, ni sabemos qué harán las economías mundiales con tanta reunión de acá para allá. Los expertos de la UE y del G-8 quieren discutir con lo que queda de Bush sobre cuáles son las recetas. Proclaman que están unidos y que las decisiones para tratar al enfermo se adoptan coordinadamente. Pero los ciudadanos e inversores no las tienen todas consigo, y no arriesgan sobre la endeble estabilidad financiera que, de momento, ha logrado evitar el pánico con los distintos planes multimillonarios para asegurar la liquidez de bancos y cajas y garantizar los depósitos de los ahorradores. Pero la ciudadanía no acaba de creerse que los que mandan vayan a dejar de seguir en su fiesta, enriqueciéndose aún más, y aprovechando la crisis para aumentar su depredación en las instituciones financieras, mientras las clases medias y trabajadoras se empobrecen y aumenta el número de los que no tienen para comer cada día.
La ciudadanía parece anestesiada. No se fía porque no cree que exista la suficiente transparencia y control democrático, en tiempo operativo, no a posteriori, para corregir las medidas adoptadas. Porque los que gobiernan y los que gestionan el dinero dan muestras de pretender aprovechar la ocasión para tapar sus errores, sin pagar por ellos y asegurarse de que se mantendrán en el poder indefinidamente, con muchos más recursos y controlando más riqueza.
La prueba de la desorientación en que nos debatimos los ciudadanos es otra vez más, en la última semana, el errático comportamiento de las bolsas, sometidas al vaivén de los especuladores cortoplacistas. Nadie confía ya en el mercado.
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Entre tanto, nuestro jefe de Gobierno, oportunista él, se erige en el salvador de la izquierda mundial y anda por ahí diciendo que es la hora de reforzar el socialismo de Estado y el papel de los ejecutivos progresistas, mientras anuncia que habrá fusiones de bancos y cajas, lo que añade más incertidumbre, como le ha recordado Botín, el patrón del Banco Santander. Porque si hace una semana ZP aseguraba la solidez de nuestro sistema financiero, ¿a qué viene acudir en su ayuda, con el 15 por ciento del PIB español? Todas esas medidas sólo han logrado, por ahora, impedir el pánico para que a ZP no le pase factura la crisis. Por el contrario, la quiere aprovechar para incrementar su control político de los ahorros de los ciudadanos. Mejor sería disponer de instrumentos de control social, eficaces y despolitizados, eliminando a los políticos de las cajas de ahorro y empresas públicas. Parece evidente que si no hay un control democrático de todo este proceso, no es que vayan a refundar el capitalismo, es que ya veremos lo que queda de él, si no sale alguna solución de las próximas reuniones de la UE y el G-8, a la que Gordon Brown quiere llevar a ZP. Parecería que los líderes europeos van a esa reunión con una cierta unidad de planteamientos y con el realismo de incorporar a los grandes mercados de China, India y Brasil, entre otros que se irán añadiendo. ¡Ya veremos!
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Lo que urge es cómo poner en marcha medidas que reactiven la economía, frenen el crecimiento del paro, aseguren las reglas del comercio y regulen las normas que impidan que vuelvan a reproducirse prácticas financieras de riesgo, sin control democrático de la gestión y sin que a los malos gestores, además de no poder exigírseles responsabilidades, se vayan con indemnizaciones de escándalo, mientras los accionistas pierden su dinero.
Pero volvamos a nuestra tierra, Pepe Ignacio, y como ya se presumía, la reunión del presidente Rivero con el líder de los socialistas canarios no sirvió más que para comprobar que el sr. López Aguilar es un demagogo incorregible, sin educación democrática, que lo único que sabe es insultar a sus adversarios, pero no da fórmulas para sacarnos de la crisis. ¿Qué pensaría él, si siendo el presidente de Canarias, recibiera al líder de la oposición que, previamente hubiera dado una rueda de prensa, en la que le anunciaba que iba a ésa reunión para "sacarle los colores" al Gobierno canario? ¿Sin ningún espíritu de consenso para resolver las necesidades urgentes que tiene el Archipiélago? Sólo con el ánimo de amedrantar y anunciarle que les perseguirá, por tierra, mar y aire, con sus huestes sindicalistas y judiciales. Acosándolos con denuncias de escándalos de corrupción y sin encontrar un espacio mínimo de acuerdo para que no sea Canarias una de las regiones peor tratadas por los PGE para el año que viene. Año decisivo para poner las bases que relancen nuestra economía. Así fue y así salió de dicha entrevista, el pluriempleado líder socialista canario, que pretende gestionarnos por móvil, cuando se vaya al Parlamento Europeo a reconquistar la mayoría para lo que él llama el socialismo progresista de Zapatero.
Y es que, Pepe Ignacio, López Aguilar, como su jefe, van sobrados. No han hecho nada más que negar la crisis, y ahora, sobre todo ZP, pretende erigirse en su salvador. Recibe al principal adversario de la oposición, con las trampas a las que le tiene habituado. Es evidente que Rajoy tenía que ir a esa reunión en Moncloa, por las presentes circunstancias límite, pero hizo bien en recordarle a ZP en el Parlamento que no sólo hay que asegurar que funcione el sistema financiero, que ahora parece que se tambalea, cuando era el más sólido del mundo mundial hace una semana, sino que hay que procurar que los Presupuestos de 2009 sean el instrumento que aborden la reactivación económica, industrial, de empleo, productividad y competitividad.
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Pero eso, claro, lleva su tiempo. Porque ahora estamos en la fase que anunció Solbes, de que las crisis sirven para "limpiar la economía". Y bien que la están limpiando, estos socialistas millonarios, que están arrojando al paro a más de 3.000 personas al día, mientras las empresas aprovechan la parálisis sindical para reestructurar sus plantillas y que algunas, como Telefónica, se desprenden de trabajadores de menos de 48 años. Y esto se hace cuando el propio Gobierno socialista decía, hace pocos meses, que había que prolongar la vida laboral hasta los 70 años, para que pueda sostenerse el "Estado del bienestar".
De momento, ya ha entretenido a Rajoy anunciándole algo que ya estaba previsto, que se reúna el Pacto de Toledo. Crucemos los dedos, porque no acaben utilizando el Fondo de Garantía de las Pensiones para otros menesteres. Pero, confirmado en que el PNV y los dos diputados del BNG le darán su voto, nada gratis por cierto, sino a costa de romper la caja única de la Seguridad Social, ZP sacará estos Presupuestos que no tienen en cuenta lo que ha pasado, y después los irá remendando a "decretazos", que luego admitirá se conviertan en leyes, para tener al Parlamento ocupado, mientras a los medios -con algunos de cuyos editores amigos se ha reunido, sin que haya trascendido nada de lo que les pidió- los entretiene con las costosas y cainitas operaciones de Garzón resucitando las viejas heridas de la guerra civil, o estrategias mediáticas como la "deseducación de la ciudadanía", el barco del aborto que viene y otras tácticas de despiste.
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Si quisiera unir esfuerzos de todos los representantes políticos, prorrogaría los Presupuestos actuales, en espera de que se reactive la situación económica y se pueda llegar a un consenso sobre las cuentas del Estado y las de comunidades autónomas y ayuntamientos. Pero no, todas las enmiendas a la totalidad serán rechazadas en la semana entrante, y tendremos unos Presupuestos en los que no se incorporan las previsiones de una financiación autonómica y local pactada. Lo que puede ser letal para Canarias, cuando el turismo se hunde y no hay suficientes inversiones alternativas que creen empleo.
Pepe Ignacio, no me gusta ser profeta de catástrofes, pero que Dios nos coja confesados en el 2009, que es cuando va a llegar, según Joaquín Almunia y el FMI, el verdadero "tsunami" financiero. Y todo ello, en un contexto nacional e internacional en el que cada día se concentra más la riqueza en manos de unos pocos y aumenta el número de pobres que apenas pueden comer cada día. Esto tiene que explotar por algún lado. Fracasados el comunismo y el socialismo en general, cuestionado el capitalismo liberal, el mundo debe recuperar los valores morales y colectivos de la justicia social, la cultura del esfuerzo y del consumo responsable. Dando prioridad a la educación y formación del hombre nuevo sobre la solidaridad y eliminando el relativismo moral en el que los humanos nos hemos devorado unos a otros, a lo largo del siglo XX, destrozando este planeta, ya más gris que azul.
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