Las crisis que nos afligen (porque son dos crisis, la económica y la financiera, que se alimentan recíprocamente) son las indiscutibles protagonistas de nuestra vida política. Tecnicismos aparte, la síntesis es ésta: vienen tiempos muy malos y previsiblemente duraderos. La necesaria financiación de la economía en general y las empresas en particular, con un sistema bancario incapaz de asumir esta función, correrá a cargo de los contribuyentes, cuyo dinero el Gobierno extraerá de sus bolsillos, porque no lo habrá en ningún otro sitio. Toca, por tanto, empobrecernos en general, ya sea como ahorradores, como inversores o como contribuyentes.
Provecho político
El presidente del Gobierno, como el que no quiere la cosa, ha anunciado la probabilidad de que haya que proceder a la fusión de algunas Cajas de Ahorros, y ha trascendido que el PSOE ya está trabajando en la regulación de proyectos de algunas de estas fusiones, que afectarán, se dice, a Cajas de Comunidades autónomas diferentes. Dato importante, porque hasta ahora las Cajas son, de hecho, el brazo financiero del poder político autonómico, y la intromisión del poder central es lo que les faltaba para acabar de perturbar su ya alterada función como entidades financieras dedicadas a fines "sociales" (conviene recordar que, bajo este adjetivo, cabe casi cualquier cosa). Si estos proyectos se tratan de llevar adelante, lo más probable será que se desencadene una pugna entre poderes autonómicos y poder central, de la que éste podría muy bien obtener el rédito político de interferir indirectamente en las Cajas de Comunidades gobernadas por partidos distintos del PSOE (en las otras ya interfiere directamente)
Como se sabe, no hay crisis que perjudique a todos; alguien acaba saliendo beneficiado. Esta regla, que se cumple incluso en las guerras más devastadoras, es de aplicación también en los países ya empobrecidos, en los que nunca faltan algunos multimillonarios, normalmente los gobernantes despóticos de esos lugares desventurados, junto a sus parientes y amigos. En los sistemas democráticos el riesgo es que los gobernantes tengan más fácil aumentar su poder escapando a los debidos controles, y por eso no ha de sorprender que el presidente del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy, insista tanto en la necesidad del control parlamentario de las grandes cantidades que se inyectarán en el sistema financiero: es evidente el riesgo de que el Gobierno trate de aprovechar la coyuntura para beneficiar a los amigos y perjudicar a las Comunidades regidas por los partidos de la oposición.
Bajo la presión de las crisis resulta muy difícil ejercer una seria vigilancia crítica hacia el poder sin arriesgarse a recibir apelativos tan poco amables como el de demagógicos, antipatriotas o catastrofistas. Pero la ausencia de vigilancia crítica es un veneno mortal para las libertades y la propia democracia. De hecho, empieza a percibirse una muy fuerte tentación del Gobierno por neutralizar indirectamente (o no tan indirectamente) a los medios más críticos apelando precisamente al patriotismo y la unidad frente a la adversidad, como si la crisis hubiera venido de Marte a una España poblada de santos filantrópicos y aquí nadie tuviera la culpa de nada de lo que está pasando. Y algunos grupos mediáticos tienen la obvia tentación de plegarse a estos requerimientos de silencio y carta blanca, porque es también muy próxima la tentación de tratar de llevarse la parte del león de la menguada tarta publicitaria gracias a un tráfico de influencias prácticamente imposible de demostrar, aunque muy fácil de detectar.
Más guerracivilismo
Mientras tanto, en nuestra vida colectiva continúa el acoso reiterado contra la voluntad mayoritaria de dar por cancelado definitivamente el horror de la guerra civil que comenzó hace setenta y dos años. Esta semana ha vuelto a ser el juez Baltasar Garzón, titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional el encargado de echar gasolina a los rescoldos de aquella confrontación fratricida, con un auto en el que se declara competente para iniciar diligencias previas con vistas al procesamiento de una treintena larga de falangistas y militares del bando franquista, con Franco a la cabeza, acusándolos de crímenes contra la Humanidad.
El juicio de los expertos juristas que han analizado este auto públicamente es rotundamente desfavorable: se trata de un auto mal trabado, contradictorio, de estructura caótica y que parece redactado con las prisas propias del que se siente urgido para multiplicar las excavaciones en todas las fosas comunes que se pueda, antes de que instancias superiores acaben con este circo macabro. De hecho, ante la certeza de que el fiscal recurriría el auto ante la Sala de lo Penal, el instructor se ha apresurado a convertir las diligencias previas en el proceso propiamente dicho, porque así gana tiempo para que se siga excavando en esa peculiar "memoria histórica".
Algunos sectores ideológicos siguen, a lo que se ve, firmemente dispuestos a no olvidar el guerracivilismo de ninguna manera. En 1983, pocos meses después de la victoria del PSOE por una aplastante mayoría absoluta, pregunté a un prominente socialista cuál era su estado de ánimo al conocerse los resultados de aquellas elecciones. Su respuesta fue que de gran alegría, pero empañada por la pena de que su padre, fallecido hacía poco, no había podido ser testigo de cómo sus hijos ganaron en las urnas lo que él había perdido en la guerra. Desde esa anécdota han pasado veintiséis años, pero esa mentalidad revanchista permanece, a pesar de la Transición, de la emocionante y aclamada Ley de Amnistía de 1977, del espíritu de reconciliación que presidió el paso de la dictadura a la democracia. Tenazmente, concienzudamente, algunos están intentando liquidar todo aquello, con tal de mantenerse en el poder prolongando hasta la náusea el enfrentamiento de las dos Españas, y aunque eso implique falsear nuestra historia reciente y reducirla a una grotesca y mentirosa farsa de buenos y malos.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD