1.- El otro día recibí una carta de la Agencia Tributaria exigiéndome el abono de un impuesto de sociedades, con recargo. Ocurrió que la entidad bancaria en la que tenía domiciliado el pago no lo atendió en tiempo y forma. ¿Y por qué?: porque no había dinero en la cuenta. El recargo de apremio era de 428,32 euros que se quedan en el 10% menos si antes del lunes lo ingreso en una entidad bancaria. Es decir, que la Hacienda Pública es benevolente con los que muestran la voluntad de pagar pronto. Nos hemos convertido en recaudadores; para el Estado recaudamos el IRPF que generamos; para la Comunidad Autónoma, el IGIC. La Administración se ha hecho cómoda y hasta tiene máquinas que envían esas cartas con fondo negro, como de luto estamos todos los españoles y canarios. Yo cuando veo una carta color mazmorra, me horrorizo: o procede de la Agencia Tributaria o de la Dirección General de Tráfico porque te has machacado un radar. Ya no nos dejan ni correr. Es menester sufrir despacio.
2.- El lunes, otra vez los impuestos. La Administración está recaudando menos. Cuando hablo con el asesor laboral (porque yo tengo un gestor para la cosa) me dice que diez empresas se han dado de baja de su nómina; cuando hablo con el asesor fiscal y contable (que también tengo uno) me comenta que unas quince sociedades de su atención han presentado o van a presentar concurso de acreedores (suspensión de pagos).
3.- El otro día me paró la guardia municipal de Santa Úrsula, de noche. El agente, muy correcto, me pidió los papeles del coche: permiso de circulación, ficha técnica, seguro del vehículo, carné de conducir. Lo tenía todo encima, menos mal, pero llegará un día en que habrá que llevar un maletín para cualquier requerimiento: TC-1, TC-2, Libro de Visitas, lo citado, impuesto municipal de rodaje. Este país no será un país moderno mientras no dé al traste con tanta algarabía de folios y mientras no lo meta todo en una ficha, en el DNI o en la tarjeta de la Seguridad Social. Esto lo heredamos del franquismo, tiempos en los que, además, se tenía que revisar cada año la cartilla militar. Ya lo saben: "¿valor?: se le supone".
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