HAY pueblos que parecen gobernables, tranquilos y conscientes, como el de la Villa de Candelaria, incluso admiradores de su actual alcalde, don José Gumersindo García, debido a la labor positiva que ha realizado, y que para la mayoría de los tinerfeños está considerado como el mejor alcalde que tiene actualmente la Isla. Inexplicable y sorprendente, reaccionan contra el primer edil, o hay alguien que solivienta al vecindario o tiene enemigos encubiertos, los cuales con engaños, juegan con la hipocresía, siendo el alcalde el primer engañado y, dolorosamente por su parte, el primer sorprendido, cuando han pedido su dimisión.
En un fraudulento, engañoso, injusto y rocambolesco "comunicado" visiblemente redactado para despertar el odio de los candelarieros contra José Gumersindo, se le acusa de ser el principal culpable de la demolición del poblado costero de Cho Vito, dependiente del término municipal de Candelaria. Todo el mundo sabe el bunker inexpugnable que es la Demarcación de Costas, con el mismo apoyo del Gobierno nacional, aplicando leyes que no existían cuando fueron construidas las casas demolidas ahora, con procedimientos que califiqué de inhumanos y de violación de los derechos humanos en esta columna. ¿Qué iba a hacer el alcalde con su presencia en Cho Vito el nefasto día del derribo, mostrado, para vergüenza, por todas las televisiones de España y algunas del extranjero, si el mismo Gobierno de Canarias no pudo frenar a la Demarcación de Costas, acudiendo al departamento ministerial? ¿Qué va a lograr un alcalde de una pequeña villa?
No sé cómo han transcurrido esos plenos municipales y si la Corporación y el pueblo de la Villa han cometido el disparate de echar a su mejor alcalde, al cual, si no lo quieren, no lo voten en las próximas elecciones locales, si es que se presenta, porque el pueblo de Candelaria no lo merece.
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