OTR PRESS, Nueva York
Con todas las encuestas electorales en contra y dándole una diferencia respecto a su rival de entre 4 y 14 puntos, el candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, acudió al tercer y último debate con el demócrata Barack Obama dispuesto a poner todas sus cartas sobre la mesa.
El senador por Arizona pasó al ataque, mencionó las "amistades peligrosas" de Obama, al que acusó de crispar la campaña electoral. Además, se desmarcó con claridad de la Administración Bush y mencionó hasta en 20 ocasiones a "Joe el fontanero" para acusar al demócrata de perjudicar a la clase trabajadora. No obstante, nada de esto sirvió para invertir las encuestas, que volvieron a considerar a Obama ganador del último debate antes de las elecciones.
Así, a menos de tres semanas de la cita clave del 4 de noviembre, el republicano John McCain decidió pasar a la carga como no lo había hecho en ninguno de los dos debates anteriores, según informaciones de The Washington Post.
McCain acudía a la cita en la Universidad de Hofstra, en Long Island, Nueva York, con todas las encuestas en contra, algunas con resultados nada halagüeños.
La CBS le daba un 39% de intención de voto frente al 53% de Obama; el USA Today un 46% frente a un 50%; Bloomberg un 41% frente a un 50%; la NBC un 43% frente a un 49%; y, finalmente, Reuters, un 44% frente a un 48%.
El otro consejo que recibió McCain de sus asesores fue que se desmarcase claramente de la política económica de la Administración Bush, el principal motivo de descontento de los estadounidenses. Por ello, cuando Obama señaló que "continuar con la política de estos últimos ocho años no es la mejor manera de sacar al país del actual desastre", el republicano se defendió contundentemente: "Yo no soy el presidente Bush. Si quería competir con el presidente Bush, debería haberse presentado hace cuatro años. Yo le voy a dar una nueva dirección a la economía y al país".
Por su parte, Obama supo fintar bien ante los ataques personales de McCain y recondujo cada uno de sus golpes bajos al terreno económico y al debate político, aunque no puedo evitar entrar al trapo en ciertos momentos. Uno de ellos fue cuando salió su relación con Bill Ayers, un ex militante radical que en los 60 y 70 llevó a cabo varios ataques terroristas. "Yo tenía 8 años cuando Ayers llevó a cabo actos despreciables", señaló el demócrata, que puntualizó que su vínculo con él data de hace diez años, cuando ya se había rehabilitado como profesor, momento en que ambos coincidieron en una comisión de reforma educativa.
Pero el mejor momento del debate giró en torno a "Joe el fontanero", una suerte de "Niña de Rajoy" a la estadounidense. Con esta expresión se hacía referencia a Joe Wurzelbacher, un hombre que en Ohio se acercó a Obama para preguntarle si con su política fiscal no podría cumplir con el sueño americano de ser dueño de su empresa de fontanería porque le cobraría más impuestos.
Mientras, el candidato demócrata respondió que su plan fiscal beneficia a los que menos tienen y que favorecerá al 95% de los estadounidenses.
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