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Ninfómanas y otros asuntos

16/oct/08 07:25
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Anda estos días bastante mosqueado por los madriles un señor llamado Christian Molina debido a un sutil motivo: no lo dejan promocionar su película "Diario de una ninfómana". Primero intentó que la Empresa Municipal de Transportes colocara en los autobuses -las guaguas, diríamos por aquí- un cartel en el que aparecía una señora sin rostro en actitud provocativa. Término este último, el de provocación, que empleo con cierta licencia literaria, pues a mí dicha imagen no me provoca nada. El caso es que a los responsables de las guaguas madrileñas dicho cartel les pareció escandaloso y rechazaron la publicidad. Nada desalentado ante este primer pinchazo, el tal Molina envió un cartel más modosito del que nada puedo comentarles porque no he llegado a verlo. Vano intento -vano segundo intento, para ser precisos-, ya que también fue rechazado.

Al final remitió una hoja en blanco sólo con el título de la película, pero ni siquiera así. "Llegué a la conclusión de que lo que les molestaba es la palabra ninfómana", lamenta Valeria Tasso, autora del libro en el que está basado el guión de la película. "Si el filme se titulara Diario de un asesino no pasaría nada". Probablemente, no. Y si este no fuera un país de meapilas, seguramente tampoco. En el bien entendido que cuando hablo de meapilas no hablo de los beatos de misa diaria. Esos son inocuos. Me refiero a los devotos del progresismo, que se rasgan las vestiduras porque los gringos sigan aplicando la pena de muerte a discreción, pero consideran que el aborto debe ser una cuestión de libre albedrío. O que claman al cielo contra los pederastas, pero no impiden que en las Ramblas de Santa Cruz, sin necesidad de ir más lejos, cualquier kiosko que se precie tenga una surtida oferta de revistas pornográficas, con imágenes en portada mucho más lascivas que el no publicitado cartel de la película de la señora calenturienta. Un ejemplo más de la hipocresía en la que chapoteamos como si se tratara de un lodazal, porque en realidad se trata de un lodazal.

La Empresa Municipal de Transportes de Madrid depende del Ayuntamiento de la capital. Corporación que está en manos del señor Gallardón, como saben todos ustedes sin necesidad de que yo se los recuerde. Pues bien, según el vice alcalde, Manuel Cobo, dicha empresa municipal trasladó el anuncio a Autocontrol de la Publicidad, un organismo que evalúa todos los anuncios, incluidos los de la televisión y prensa, antes de que se emitan. Este organismo estimó que el cartel de "Diario de una ninfómana" debería llevar el indicativo de que la película sólo es apta para mayores de 13 años. Al parecer, la productora del film rechazó esta propuesta.

Si se tratara únicamente de esto, nada que objetar. Sin necesidad de volver a los tiempos de la censura, ciertos contenidos no son prudentes para cualquier edad. Pero también ciertos contenidos que se imparten en esa controvertida asignatura llamada Educación para la Ciudadanía; por ejemplo. Amén de numerosos espectáculos públicos, a los que no se impide en absoluto el acceso a menores. No hace mucho presencié una gala de reinonas -drag queen, para los que hablan inglés- a las ocho de la tarde en una fiesta de barrio, muchísimo más explícita que la señora descabezada de la película de la ninfómana.

rpeyt@yahoo.es

 

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