HACE UN PAR DE DÉCADAS se puso de moda en casi todas las ciudades y hasta pueblos de España la costumbre de reunirse grupos de jóvenes y adolescentes de ambos sexos, de noche y en las vías públicas, para ingerir bebidas alcohólicas adquiridas previamente en comercios, charlar, reírse y pasar un buen rato. Surgió ese fenómeno social que se llama "botellón". Actualmente, su magnitud es tal que en algunas localidades llegan a reunirse miles de personas.
El "botellón" lo realizan, normalmente, los jóvenes antes de dirigirse a los pubs, discotecas, conciertos, etc., donde el precio de las consumiciones suele ser bastante caro, y hasta de peor calidad. Por eso, a fin de abaratar costes, consumen las bebidas en botellas y tetra briks en la calle.
Una de las localidades donde se practica "botellón" en Tenerife es La Laguna. Allí, los fines de semana (jueves, viernes y sábados) se reúnen centenares de jóvenes, sobre todo, en la zona conocida como el "cuadrilátero", que comenzó con unos límites reducidos pero en constante aumento. ¿Y por qué en La Laguna? Pues porque es el lugar donde se concentra la mayor parte de la población estudiantil de la isla, donde hay infinidad de pubs, bares, cafeterías, tascas, etc. por hectómetro cuadrado y por la permisividad de las autoridades municipales, que, pese a que por ley está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas en las vías públicas, los agentes del orden, no sé si siguiendo órdenes o por propia iniciativa, hacen la vista gorda mientras no surja algún problema de orden público: tráfico y consumo de drogas, peleas, etc.
Veamos. No estoy en contra de que los jóvenes, tras una semana de estudios o trabajo, se diviertan. Pues ¡no faltaba más! Sin embargo, los mismos jóvenes, sus padres y sobre todo las autoridades, deben comprender que independientemente de que esta actividad esté prohibida y sancionada por la legislación vigente y del perjuicio tan grande para la salud que supone un consumo excesivo de alcohol, sobre todo en menores de edad, no pueden estar molestando a los vecinos de las zonas donde ellos se divierten con ruidos hasta altas horas de la madrugada, que es cuando cierran los locales de copas, sin olvidar la enorme suciedad que genera su diversión: botellas, vasos, bolsas, vomitonas, orines, etc. y por la proliferación de actos vandálicos asociados a la ingesta desmesurada de alcohol: rotura de cabinas telefónicas, papeleras, señales de tráfico, vehículos, etc.
La solución al "botellón" no pasa, desde luego, por ignorarlo, ya que en la Comunidad Autónoma de Canarias está prohibido por la Ley 9/1998, de 4 de abril, de prevención, asistencia y reinserción social en materias de drogodependencias, cuyo artículo 20.4.g) al referirse a las bebidas alcohólicas, dice: No se permitirá la venta y el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, salvo terrazas, veladores o en días de fiestas reguladas por la correspondiente ordenanza municipal. Tampoco pasa por controlar esta actividad como han hecho en algunas comunidades autónomas, que no persiguen el "botellón", sino que regulan dónde puede y dónde no puede hacerse, para evitar conflictos con los vecinos y poder compatibilizar el ocio con el descanso. Una solución salomónica ésta para contentar a unos y a otros que no resuelve el problema básico, como es el consumo desmesurado de bebidas alcohólicas y el adelanto en el inicio por adolescentes y sus primeras borracheras.
En fin, dado que la mayoría de los jóvenes que practican "botellón" no son conscientes del peligro que conlleva esta práctica, a largo plazo, ni tampoco de las molestias que con sus juergas ocasionan a los vecinos, debe imperar lo previsto en la legislación vigente, correspondiendo a las autoridades municipales el cumplimiento de la misma. ¿O no? ¡Pues va a ser que no!
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