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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

¿Buenos o malos tiempos?

16/oct/08 07:24
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ES MUY RARO que en las diferentes circunstancias del acontecer afectado por estas o aquellas cuestiones no surjan ciertas interrogaciones, puesto que desde una perspectiva caricaturizada se hace imposible tener una visión clara de lo que se está produciendo a nuestro alrededor y el porqué.

La pregunta que rebota en la preocupación de muchos es si todo esto que sucede y que da la sensación de que es lo único que hay, la crisis financiera, no estará descuadrada dándosele un protagonismo exacerbado como si se tuviera la intención de meterla con calzador en la conciencia de la gente.

Si fuera así, ¿para qué? ¿Qué es lo que se prepara? ¿Qué es lo que se está diseñando desde las entrañas de los regidores del planeta? ¿Querrán tal vez no poner al descubierto sus incapacidades y así buscar nuevos rumbos donde las ganancias que hoy dicen, y es verdad, están en descenso, dar un nuevo cobijo para que los que se han forrado sigan haciéndolo porque en definitiva son los que han mandado y mandarán siempre? En las grandes decisiones, y ahora hay que tomarlas, han estado o bien como protagonistas dando la cara o tras la cortina dictando la letra de una trágica opereta inconclusa.

El tiempo para los que han propiciado el desbarajuste, que han salido por la puerta grande y con millones a pesar de una calamitosa gestión y sin pisar un juzgado, debe de ser maravilloso, el mejor de los tiempos. Han sido verdugos y reyes en el mismo día. Pasarán a la historia como los mejores, los que han sabido mover los hilos para que en ellos se enredaran la miseria y la angustia de miles y miles de incautos mientras se parten de risa en su nirvana encantador.

El tiempo para la literatura, tal como está el escenario, debe de ser agobiante; seguramente, los argumentos y las fabulaciones, si no se quiere eludir la realidad del día a día tendrán que ir por ahí. Por el pesimismo, por el desencanto, por todo aquello que es frustrante, donde no hay héroes sino vencidos en la trifulca que nos han puesto delante y que desde el pensamiento debe de ser difícil encasillar ya que éste se podrá atenuar edulcorándolo para ir escapando o reforzando aún más el desahucio.

Seguramente la poesía volverá a ser maldita, a parchear las conciencias y a reventar los futuros. Tal vez con un lenguaje camuflado donde la esperanza no sea un réquiem por los días y las horas que suenan apagadas, con un sonido lejano que nos dicen de distancia y donde las ausencias marcan más que los acercamientos. Donde el énfasis y el estro confuso casi pierde vida en el verso que se quiere comenzar, quedándose entonces en el suspiro, en el temblor de la letra, en lo desafinado de una musicalidad que no encuentra su ritmo adecuado.

Y la política bamboleándose en las incongruencias de una filosofía política que no encuentra remedio teórico siquiera para explicar lo que sucede y que forma parte confusa de la misma confusión, como un elemento mas. La política que no es capaz de zafarse de los cuentos chinos y dar la cara con toda rotundidad en aquello que es vital, fundamental para decir al pan pan y al vino vino. Y dejarse de andar por las ramas. Y no estar a expensas de los pasos que unos siguen para emularlos y continuar con ataduras llenando los vacíos con una memez más que preocupante.

¿Buenos o malos tiempos? Respuesta difícil. Tendrá que seguir el interrogante instalado en esa misma interrogación. Y quizás por desconocimiento de no tener alternativas, de no saber qué camino tomar ahora, cuando parece que la gran mayoría están taponados por la estulticia y la torpeza. Tal vez haya que estar situados en la espera, que esta se consuma y diga qué es lo qué pasa, si el tiempo se define bien para un lado o bien para otro.

Da la impresión de que es así, de que la espera ha sido una constante en la historia de la Humanidad, sobre todo para la gran mayoría que no son protagonistas de nada, sino meros espectadores y a expensas de lo que decidan los altísimos maniobreros del orden establecido.


 

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