... Interesantes las palabras que el consejero de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, Domingo Berriel, dirigió ayer desde la tribuna de oradores del Parlamento regional sobre el derribo de viviendas ilegales en la costa de Candelaria, un núcleo conocido como Cho Vito. Son interesantes porque el responsable autonómico afirma que, de haber tenido Canarias las competencias sobre Costas, las cosas se habrían hecho "de otra manera". Y eso es relevante porque cabe preguntarse si lo que quiere decir es que las casas que se construyan en terrenos que son de todos no se tirarían, tal y como pretenden hacer los grupos de CC y PP en la propia Cámara regional, donde está pendiente de que se debata en Pleno una proposición de ley que reforma el Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio de Canarias y de Espacios Naturales de Canarias para tratar de "blindar" determinados núcleos costeros. Lo importante es saber si tanto los dos partidos como el propio responsable autonómico creen o no en la Ley de Costas. Si están dispuestos a velar por la legalidad y si rechazan de plano que pueda construirse en espacio público con total impunidad o prefieren actuar de manera interesada protegiendo los intereses de quienes la incumplen en función del cálculo electoral.
... La experiencia de lo que ha ocurrido en las Islas evidencia que lo que ha primado para los partidos políticos ha sido la oportunidad de lograr o de mantener el poder. Ese afán de conservar el apoyo de los vecinos es la principal razón de que el litoral del Archipiélago presente en la actualidad su deteriorado aspecto. Quienes llegaron a la costa a construir su primera o segunda vivienda. Quienes colocaron la chapa y después el ladrillo han contado con el beneplácito de políticos locales de todo signo. Les han asfaltado calles, les han puesto luz, agua y recogida de residuos con total impunidad. Dando reconocimiento de facto a una flagrante ilegalidad. Con el único fin de conseguir un buen puñado de votos. El propio Parlamento aprobó hace no tanto lo que no era sino una "amnistía" encubierta a quienes habían construido ilegalmente.
... Lo preocupante, en definitiva, no es que haya vecinos que no crean en las leyes y no las cumplan. No es positivo, pero no es lo más grave. Lo auténticamente escalofriante es que quienes tienen que velar para que las leyes se respeten sean sus principales enemigos e inventen mil y una formas para eludirlas, dando razones a los ciudadanos para hacer de su capa un sayo e incumplir con toda tranquilidad lo que se comprometieron a respetar.
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