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PABLO PAZ

Reciclar con ironía y color

14/oct/08 07:20
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ME HAN LLEGADO correos electrónicos de algunas profesoras y cuidadoras de guarderías que me dicen que han leído a los niños y niñas mi artículo anterior, en el que hablaba sobre el reciclaje y su relación con el medio ambiente, y que alguno de los peques les habían preguntado que cómo se podía reciclar una vida; que si reciclar una vida era como reciclar una botella de cristal. Curiosa pregunta para unos críos.

Una vida se puede reciclar de muchas formas; recuerdo que mi padre, que era un forofo con todo lo relacionado con el reciclaje, me decía medio en broma que cuando muriera lo metiéramos en un cubo de reciclaje para ver si alguien podía aprovechar su vida mejor de lo que lo había podido hacer él. También me decía que le gustaría que su cuerpo fuera reciclado, de tal modo que sus órganos fueran donados para que pudieran servir para que otros seres humanos pudieran seguir viviendo; y, a mí, me decía continuamente que reciclara mi mente, mi espíritu, mis actos y mi propia vida.

Recuerdo que de pequeño me hizo disfrazar de contenedor de vidrio, para que me mentalizara -según mi padre-, de la importancia que tenía el hecho de reciclar. El disfraz llevaba impreso en letras grandes, que había cosido mi madre con paciencia y primor, los beneficios que reportaba dicho acto con colores diferentes; que en realidad correspondían a los colores de los distintos tipos de vidrio que, se supone, habría de acoger en su interior, lo que representaba mi disfraz: en verde ponía social; en ámbar colocó ambientales; y en color café se podía leer económicos. Menos mal que me pintaron la cara de negro, y casi no me reconocía ni yo. Dicho sea de paso, gané el primer premio de disfraces, seguido de mi amigo Aniceto, al que sus padres habían disfrazado de mesa camilla.

Desde entonces, aprendí que el vidrio es un material totalmente reciclable y que no existen límites en las veces que se puede llevar a cabo dicho proceso. Lo bueno que además tiene el vidrio es que no sólo no pierde sus propiedades, sino que podemos ahorrar casi un 30% de energía con respecto a si lo tuviéramos que fabricar de nuevo. En lo tocante a sus beneficios, tan sólo es necesario indicar que con la energía que ahorramos reciclando una sola botella podríamos mantener encendida una bombilla de 100 watios durante algo más de cuatro horas.

Cerca de nuestras casas tendremos sin duda contenedores para la basura; pero, al lado de éstos, probablemente, habrá un contenedor de papel y cartón -que suelen ser cuadrados y de color amarillo-, y otro contenedor de color verde, con una forma abombada y muy característica, específicamente para almacenar el vidrio. No nos cuesta nada, a la hora de tirar la basura, separar los distintos residuos sólidos. Aunque debemos llegar, de alguna forma, a limitar los envases que utilizamos reduciendo, por ejemplo, el uso de las bolsas de plástico cambiándolas por las de papel o cartón, previamente recicladas; utilizar empaques que realmente se necesiten; darle usos alternativos a los objetos; separar la basura diferenciando los desechos orgánicos de los inorgánicos; de esta forma, si se aprende desde casa y desde la escuela a actuar así, habremos logrado crear una cultura social y, al mismo tiempo, habremos contribuido a proporcionar a nuestros hijos una cierta sensibilización ecológica, que buena falta les hace.

Utilizando los contenedores de vidrio, logramos en cierta medida evitar la destrucción de terrenos que se utilizan para la extracción de la arena sílica y, de camino, contribuimos a la preservación de los ecosistemas afectados por dicha industria; además, también se produce un enorme ahorro en materias primas; se reducen el volumen de los vertederos públicos; se quema un 20% menos de combustible, por lo que se contribuye a no seguir contaminando ni el agua ni el aire que respiramos.

No estaría, pues, del todo mal llevar a cabo en las escuelas talleres sobre estas materias, que nos sirvieran para que todos tomemos conciencia de lo interesante que resulta crear nuevos objetos, partiendo de materiales que han dejado de tener un uso y una vida útil; así, aprenderemos a combatir el gasto superfluo y el consumismo desbocado al que estamos acostumbrados; tratando de utilizar elementos y objetos que otros ya no quieren o necesitan. Nos llevaríamos una verdadera sorpresa al comprobar cuántas personas viven de lo que la sociedad del bienestar tira o desaprovecha.

Hoy en día, el diseño ha llegado incluso a este escenario que cobija una de las herramientas esenciales para la mejora del medio ambiente, como son los distintos tipos de contenedores para el reciclaje de vidrio. A través del mundo de la moda -customizando, por ejemplo, algunos depósitos de vidrio- se pretende afianzar el compromiso de esta industria con la necesaria importancia que tiene el difundir el mensaje del reciclaje como un instrumento válido para la sostenibilidad del planeta y no se me ocurre nada mejor que hacerlo con ironía y color.

macost33@hotmail.com

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