MAIKEL CHACÓN, Los Llanos
Ya han caído las primeras lluvias otoñales. Llegó el momento de agarrar un cesto y una pequeña navaja y aventurarse hacia el monte en busca de uno de los tesoros culinarios más apreciados de La Palma, el de las setas. La Isla guarda celosamente un paraíso micológico muy poco conocido por los palmeros, pero que se ha convertido en un referente para los expertos de todo el mundo que aprecian su existencia y que en estas fechas se acercan hasta el territorio insular atraídos por una gran variedad de especies ya catalogadas o por la posibilidad de descubrir alguna aún desconocida.
El propio clima marca el inicio de la temporada. Cada mes de octubre en las zonas altas de la vertiente Este de la Isla empieza la época de las setas, que se extenderá hasta el mes de febrero. Es uno de esos lujos con los que la naturaleza ha bautizado a La Palma, que alberga una biodiversidad cautivadora.
Basta con llegar a una cota aproximada de 700 metros sobre el nivel del mar, la altura adecuada para encontrar la humedad que aportan los vientos alisios. Una semana después de caer las primeras lluvias (suele ser lo habitual) aparecen los primeros ejemplares de setas, previsiblemente en la zona superior de Breña Alta conocida como la Pared Vieja, uno de los biotipos más adecuados para la aparición de estos hongos pluricelulares, la mayoría con forma de paraguas. Desde ahí continúa el proceso de desarrollo micológico ascendiendo por las pendientes de Cumbre Nueva, hasta llegar a la parte superior de la cordillera que divide a la Isla en dos.
En la comarca Oeste, las setas crecen unas tres o cuatro semanas más tarde, especialmente en dos lugares idóneos para ello, El Riachuelo y Tacande. La temporada se cerrará en el Norte, en los amplios territorios de Barlovento y Garafía, en donde la época óptima para recolectarlas comienza en el mes de enero. Precisamente, en las partes más altas de esta zona se encuentran una serie de especies que no crecen en ningún otro lugar de La Palma, pues necesitan temperaturas muy bajas para poder desarrollarse.
Aunque por la conformación orográfica y la climatología que posee, casi cualquier punto de la Comarca Este de la Isla con masa forestal resulta adecuado para encontrar especímenes de setas, existen más de 30 biotipos localizados en los que la presencia de las mismas es mucho más frecuente, la mayoría de ellos entorno a la dorsal montañosa de Cumbre Nueva y Cumbre Vieja. Precisamente son estos lugares a donde acuden los recolectores más expertos.
La Sociedad Micológica de La Palma, una entidad creada con el objetivo principal de investigar y difundir el conocimiento existente sobre las setas, así como proteger este patrimonio natural, organiza muchas salidas de campo entre los meses de octubre y febrero, en donde se visitan los principales biotopos de importancia micológica de La Palma.
Un millar de ejemplares.- En los últimos años, tras despertarse un incipiente interés por la presencia de las setas, se han identificado más de 1.000 variedades sólo en la Isla. De todas ellas las más populares son unas 80 especies de setas comestibles, pero no todas tienen la misma categoría culinaria, y algunas, incluso, sólo son digeribles después de haber sido preparadas de un modo especial.
Los ejemplares más conocidos y de más calidad que se encuentran en La Palma son los boletos (Boletus edulis, Boletus aestivalis, Boletus fragans), las populares carolinas o cantarelas (Cantharellus cibarius), el falso rebozuelo (Hygrophoropsis aurantiaca), los níscalos (Lactarius deliciosus, Lactarius sanguifluus), la armilaria color de miel (Armillaria mellea) y la lepista (Lepista nuda).
Las más precoces suelen ser las que aparecen en las vertientes de medianías orientadas al Este y Norte, sobre los antiguos cultivos de castaños. El rebozuelo suele ser el más abundante y la lengua de vaca (Hydnum repandum) su acompañante más fiel. Más tarde en los pinares aparecen las nacidas (Rhizopogon roseolus).
Algunas son tóxicas.- Lo más habitual es que las personas que buscan setas se encuentren algunos ejemplares de diversas especies de boletos, en general comestibles, aunque hay alguno tóxico como el "satanás"; el pie azul (Lepista nuda) y la seta de los caballeros (Tricholoma equestre), que se considera tóxica si se ingiere en grandes cantidades.
Afortunadamente, sólo unas pocas especies son altamente tóxicas, destacando por encima de todas la cicuta o falsa oronja (Amanita phalloides), cuya ingestión resulta mortal en la mayor parte de los casos. Al mismo género pertenecen la amanita pantera (Amanita pantherina) y la matamoscas (Amanita muscaria), que provocan graves intoxicaciones a quienes las comen. También pueden resultar bastante tóxicas dos especies de agáricos o champiñones silvestres (Agaricus xanthoderma y Agaricus praeclaresquamosus).
En cualquier caso, se han producido muy pocas intoxicaciones en la Isla, pese al alto número de personas que consumen setas.
Asociadas a los árboles.- Los aficionados saben que muchas de ellas crecen asociadas a determinadas especies vegetales, en un proceso simbiótico denominado micorriza. Así, por ejemplo, las cantarelas y los boletos de verano crecen cerca de los castaños. El boleto común y los níscalos lo hacen junto a los pinos canarios.
Para su recolección se hace necesario proceder con cautela para evitar daños irreversibles. Se deben cortar por la base del pie, dejando el resto intacto, pues de esta forma no se lesiona el micelio (la parte de las setas que vive bajo tierra) que dará lugar a nuevos ejemplares cuando las lluvias del próximo año lleguen a la Isla justo cuando se inicie el otoño.
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