La Palma
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El honor mejor guardado

El Centro de Formación de Tropas de Canarias tiene su pequeña joya, la Sala de Honor, dentro un búnker donde el recuerdo de antiguas batallas se entremezcla con el orgullo de ser militar y la antaña defensa de la Isla.
12/oct/08 07:21
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V.M., Breña Baja

Debajo de la tierra. Entre aquellos túneles ya reformados que antaño servían de acceso a la artillería, el Centro de Formación de Tropas de Canarias guarda su pequeña joya. No es un recorrido vanidoso, ni tan siquiera rico en el decorado. La Sala de Honor está más bien diseñada para encontrar un recuerdo en cada esquina, sorprenderse con un arma que reposa e imaginar una milicia nacida para vigilar el frente de una ciudad.

La visita, que se organiza con posterioridad a una didáctica conferencia que facilita el poder interpretar al detalle lo que está dentro del búnker, se realiza bajo las enseñanzas del coronel Ortigueira. No sería correcto ni justo entender el artículo pensando exclusivamente en la mirada estricta de un militar. Bajo la simple óptima de un mando con las imponentes tres estrellas de ocho puntas paralelas en la manga de la casaca.

El "jefe" de esta escuela es algo más. Mucho más. Ama, siente la historia de una Isla que lo acoge desde hace ya tres décadas y se siente cómodo, sencillamente natural, hablando de aquellos años en los que La Palma fue atacada por piratas, de sus fortalezas, de la gran portada que separaba por seguridad a la capital de la comarca Norte, de los cañones ingleses que se mantienen repartidos por el territorio insular...

Entre túneles.- Dentro de las estancias, entre las "calles" que forman los túneles de la Sala de Honor, el visitante se encuentra de frente con la vestimenta que no hace tantos años se entregaba a los soldados de reemplazo, cuando el centro de formación era un cuartel, cuando la "mili" era obligatoria y todo se metía dentro de una maleta alargada que nunca quedaba tan ordenada como al principio. Con sólo levantar la mirada, a escasos metros, casi se tocan fotos antiguas y escudos del pasado. Al frente, un proyectil de casi dos metros parece "vigilar" el museo. No hace falta ser un experto militar para disfrutar del recorrido.

Una de las piezas más atrayentes es una caja fuerte de 1681 que en aquella época se depósito en el castillo de San Miguel. Para abrirla era necesario la utilización de tres llaves. Una estaba en manos del Cabildo (que se encargaba de nombrar a un mayordomo), otra del alcalde, y una tercera para un vecino de confianza (seguramente el rico del pueblo), y se decidió construir para guardar los tesoros de cada pueblo después de registrarse una oleada de robos. También sorprenden unos botiquines de considerables dimensiones que se trasladaban en burro con el cuidado necesario para que los botes de medicamentos no sufrieran desperfectos, mientras que las paredes de enfrente están repletas de palas y picos de uso añejo.

Rifles y uniformes.- Un giro a la izquierda permite observar rifles y uniformes militares que llevan a un pasado de guerras menos sofisticadas pero con más contactos en el cuerpo a cuerpo. Batallas, en fin, más "reales". Trofeos de victorias pasadas, cornetas que levantaron a miles de soldados, antiguos catalejos, banderines con años de "vida"... "Es un orgullo tener esta Sala de Honor. Han sido muchas horas de trabajo e investigación", sentencia Ortigueira durante el recorrido, antes de recordar que en 2002 se abrió el museo "con todo lo que teníamos, pero luego hubo que darle forma y elaborar un guía identificativa con cada pieza". Sigue teniendo una esperanza: "Que aquel que venga después de nosotros siga teniendo ilusión por mantener y mejorar esta sala".

La salida se hace por unas pequeñas trincheras que dan acceso a un "mirador" desde el que parece sencillo controlar toda la bahía. El coronel deja claro que este museo "puede ser visitado por los grupos que lo soliciten". No lo quiere sólo para él ni para su gente (los soldados). Entiende que es un bien común, que para el disfrute de la ciudadanía se podrá observar en el antiguo convento de San Francisco, durante el próximo mes de noviembre, con una charla del propio Ortigueira. Será el momento, el justo instante, para recordar que la vida civil y militar está unida desde siempre en la "sangre" de toda una Isla.

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