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"Si quieren cerrar Santa Rita I, ahí tienen a los 310 ancianos"

Ante la perspectiva de que cierren el edificio de la residencia para adaptarlo a la normativa actual, el padre Antonio pide "un plazo prudencial para evitar que 96 trabajadores pierdan su empleo y poder terminar el centro de alzheimer para trasladar a muchos ancianos allí".
12/oct/08 07:21
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R. SÁNCHEZ, Pto. de la Cruz

El padre Antonio María Hernández reconocía esta semana, mientras el fuego devoraba el sótano del Hogar de Mayores Santa Rita I, que vivía el momento más duro de su vida. Con las llamas apagadas y sus 310 ancianos milagrosamente a salvo, el fundador de los dos hogares dedicados a Santa Rita teme por la continuidad de su primera gran obra social. Ante la perspectiva de que los técnicos del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz y del resto de administraciones públicas le exijan que adapte Santa Rita I a la normativa vigente, el sacerdote responde que eso, en la actualidad, es misión imposible. Necesita tiempo, pero si no se lo dan, tiene clara la solución: "Si quieren cerrar Santa Rita I, ahí tienen a los 310 ancianos y a los 96 trabajadores, que se los lleven. No voy a oponerme".

"Necesito que me den tiempo, yo no puedo cerrar el hogar durante meses, allí trabajan 96 personas y viven 310 mayores, ¿qué vamos a hacer con ellos?. Yo estoy dispuesto a asumir el compromiso de adaptarme en un plazo de, por ejemplo, cinco años, porque necesito terminar el centro de alzheimer para poder trasladar a muchos ancianos allí", afirma.

"Les pido a las administraciones que permitan volver cuanto antes a los ancianos a su casa, yo puedo pintar lo ahumado, cerrar el sótano y usar la lencería de Santa Rita II, que funciona al 50%. Si ahora me piden reformas y nuevas condiciones, me lo ponen imposible. Si me piden habitaciones más amplias, no sé qué vamos a hacer ni sé a dónde se los van a llevar", lamenta.

De momento, unos 92 ancianos de Santa Rita I han sido reubicados en otros centros de la Isla, otros 40 han sido acogidos temporalmente por sus familias. 178 mayores continúan alojados, de emergencia, en el salón de actos y la capilla de Santa Rita II. "Actualmente están en camas que tenía el centro y otras que cedió Cruz Roja -indica el padre Antonio-, pero están muchos juntos y esa situación no puede continuar demasiado. Además, los 40 que están con sus familias volverán muy pronto, quizá mañana". Entonces serán 218 ancianos a la espera de volver a su hogar de Punta Brava.

"Acepto nuevas condiciones para Santa Rita I, pero con un plazo y con el centro de alzheimer en marcha. Si no, me piden un imposible. De aquí a 2011 me daría tiempo de terminar el nuevo centro de Las Dehesas", reconoce. Al margen de las dificultades logísticas, el padre Antonio tampoco tiene dinero para acometer una gran reforma en Santa Rita I.

"No soy enemigo de nadie, pero sí he sentido que ante esta desgracia unos pocos han venido a meter el dedo en la llaga -afirma-. No ha sido nadie del pueblo ni nadie con dos dedos de frente, sólo gente que ha pensado sin corazón. Que si son muchos, que si no reúne las condiciones... Ahora lo prioritario es devolver a los ancianos a su casa. Creo y espero que en una semana regresen los ancianos a Santa Rita I. Para mi sería una angustia terrible alargar en el tiempo el regreso de los ancianos. Los políticos tienen que olvidar la parte técnica y mirar el corazón. Los ancianos quieren volver a su hogar, aunque sea pobre. Cuando hicimos Santa Rita II se dio prioridad a los alojados en Santa Rita I para que se trasladaran, pero de los hombres no quiso venir ninguno y de las mujeres sólo dos, y una se volvió a la semana siguiente. Ellos son felices aquí".

Problemas y soluciones giran, para el padre Antonio, en torno al futuro centro de alzheimer: "Si los políticos me quitan el castigo de ese centro, entonces podré dar respuesta a muchos ancianos que viven ahora en Santa Rita I. Y si me dejan hacer seis plantas en lugar de cinco, entonces podría alojar a más mayores y dejar en Punta Brava a poco más de 120".

"Todos me piden ayuda"

Sus centros alojan a mayores de toda Canarias, "incluida La Graciosa", y no pasa un día sin que alguna administración o político en activo del Archipiélago llame al padre Antonio para solicitarle, por favor, que dé alojamiento a un anciano con problemas. "Me llaman de todas partes y nadie pregunta cuánto mide la habitación", reconoce.

"Cuando me hablan de las medidas de seguridad, yo sé que este centro se ha ido ampliando y ampliando, porque a mí me da pena de la gente y no sé decir no. Empezamos con 40, luego 80 y seguimos creciendo hasta más de 300 camas, hasta 335 llegaron a instalarse allí. Desde que se abrió Santa Rita II, hace seis o siete años, se ha estabilizado el número de residentes en 310", detalla.

El edificio de Santa Rita I no se construyó en 1981 para albergar una residencia de ancianos, era un complejo parroquial que albergó un centro médico, un club de jóvenes, una guardería, un gimnasio y academias de dibujo, mecanografía, cocina, matemáticas, corte y confección. "Cuando surgió la Universidad Popular Municipal, se empezó a ofertar lo mismo que hacíamos nosotros en Punta Brava, pero gratis, y la cosa empezó a aflojar", recuerda el sacerdote.

Una tragedia es el origen de esta gran obra social: "Cuando vi que nos quedábamos con muchas salas vacías en el complejo parroquial surgió un caso para mí histórico en Las Dehesas, que fue la muerte de doña Juana, una señora mayor que yo quería mucho y que siempre amenazaba con tirarse a un estanque porque se encontraba sola. Un día desapareció y yo recordé sus palabras. Efectivamente, se había ahogado después de arrastrarse hasta un estanque. Su muerte en 1988 me abrió los ojos y le propuse al obispo crear una residencia para ancianos pobres".

"Las salas se fueron acomodando como residencia, por lo que es lógico que no esté como Santa Rita II, pero ha cumplido su misión y puede seguir cumpliéndola -recalca-. El obispo de entonces me preguntó cómo pensaba mantener un residencia para personas pobres y yo le expresé mi confianza en Dios. En 18 años nunca nos ha faltado la comida, la ropa ni el sueldo para los trabajadores. Sólo ahora, con la paralización del proyecto del alzheimer, es cuando he tenido dificultades económicas".

El Gobierno de Canarias mandó en 1992 una inspección de tres técnicos que venían a comprobar "esa historia que se escucha desde hace bastantes años de que en Santa Rita I hay muchos ancianos y viven hacinados", afirma el sacerdote. "En esa época había ya casi 300 ancianos en el hogar. Antes de iniciar la inspección, los senté y les dije que se sacaran de la cabeza las residencias con habitaciones de 30 metros cuadrados y que pensaran quién está alojado en nuestra residencia de Punta Brava. Muchos dormían antes en la calle, en coches, en cuevas... y, para ellos, Santa Rita I es un hotel de lujo", rememora.

"Les enseñé a los tres inspectores todos los rincones de Santa Rita, explicándoles por qué estaba cada cama en cada lugar, incluso una que estaba bajo una escalera. Les narré el sentido de aquello. Lo recorrieron todo y destacaron la gran limpieza de todas las dependencias. Al final, reconocieron que no sobraba ninguna cama", señaló.

"Papeles en regla"

"La normativa ahora exige que cada habitación tenga su baño, pero en Santa Rita I sólo hay 30 habitaciones que cumplan eso, en el resto los baños son compartidos, como ha sido siempre en las casas -afirma Hernández-. Santa Rita I tiene toda la documentación y los permisos del tiempo en el que se abrió, que quede claro. El edificio reunía todas las condiciones que se exigían entonces. Luego las normativas han cambiado y no hemos podido adaptarnos. Con los ancianos dentro no se pueden hacer obras y mi idea era trasladar a muchos al futuro centro de alzheimer y reformar Santa Rita I. Dentro de diez años seguramente Santa Rita II tampoco cumplirá las nuevas normas".

A pesar de las dificultades, el padre Antonio trata de sacar una lectura positiva del incendio que casi causa una enorme tragedia: "Este suceso ha sido una prueba de amor del pueblo de Punta Brava. A mí no me sale la palabra barrio para hablar de este pueblo. El Hogar Santa Rita I está integrado aquí y ellos lo miran como parte de su familia. Esto no es una residencia ni un asilo, es un hogar que funciona a base de amor, como cualquier otro hogar del Puerto de la Cruz". El padre Antonio iniciará en breve una campaña de recogida de fondos para paliar los daños causados por el incendio.

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