Durante muchos años, el padre Antonio durmió en una pequeña habitación sin ventanas de Santa Rita I, compartida con otro anciano, y dotada con una cama de abrir y cerrar de apenas 80 centímetros de ancho, sin cabecero ni reposapiés. "La cama más barata que existe en el Hogar Santa Rita I es la del padre Antonio y yo siempre digo que para dormir lo único que hace falta es tener sueño", destaca. Incluso durante un tiempo, el padre Antonio durmió en el suelo con una tabla, hasta que sus colaboradores más cercanos lo disuadieron de que no era necesario hacer penitencia. "Yo lo único que he dicho siempre es que no quiero que haya ni un solo anciano que duerma peor que yo, que nadie pueda hablar del lujo del cura. Yo fui misionero capuchino en Colombia y sigo siendo un misionero aquí. Tengo esa banderilla puesta y así será toda la vida". A su juicio, "no es tan fácil quitar camas, porque la demanda está ahí y yo quisiera que alguien se hiciera cargo de ellos. Siempre he dicho que si se los quieren llevar no hay ningún problema". Ante las críticas, el padre Antonio responde: "Nunca he pretendido alojar más ancianos por dinero ni avaricia, siempre ha sido por respeto al ser humano. Yo siempre digo: entre la calle y una cama de abrir y cerrar en Santa Rita, prefiero esa cama modesta".