ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz
Que la historia se repite y parece cíclica es un tópico que, en el caso de la política portuense desde 1995, se cumple para desgracia de la estabilidad local. Aunque mañana se enderece el torcido rumbo del pacto entre PSC y PP en la reunión prevista tras el órdago socialista del pasado martes, el mandato estará ya marcado por lo que ha salido a la luz sobre las difíciles relaciones entre los socios de gobierno, con una ejecutiva local del PSC y un portavoz, Jaime Coello, que aseguran que seguir gobernando con Eva Navarro "es imposible e inviable".
Así las cosas, y pese a que los populares locales son más optimistas, la estabilidad municipal pende de un hilo porque, de continuar el acuerdo, todo apunta a que cualquier mínimo roce futuro, cualquier desencuentro, votación en contra o solapamiento de funciones romperá la cuerda definitivamente. En ese caso, CC ya ha anunciado que no propiciará ningún acuerdo con el PP ni presentará una moción de censura, si bien la estabilidad gubernamental que intentaría darles a los socialistas pasaría por conversaciones previas. Una situación que, aunque pueda haber consenso sobre los grandes proyectos y hasta puedan salir reforzados los intereses locales porque las dos principales fuerzas van de la mano (o casi), también se corre el riesgo de que el pleno se vea abocado a una incertidumbre continua sobre otros muchos asuntos, sobre si se aprueban las mociones del PSC o salen las tesis coincidentes de CC y PP.
Pase lo que pase, y a diferencia de otros pactos locales actuales en el Norte, como el de Los Realejos (CC y PSC) o el de Icod (CC y PP), mucho más estables pese a las diferencias que han aflorado en la ciudad del Drago, el Puerto sí parece condenado a los vaivenes y a la política más antipática y perjudicial para la imagen local desde que, en 1995, se produjo la, hasta ahora, única moción de censura y el primer pacto de dos partidos para gobernar. Con la salvedad del mandato de 1999 a 2003, cuando el PSC de Salvador García recupera la mayoría absoluta, el ayuntamiento ha estado desde julio del 95 en una constante crisis, si bien con momentos de más tranquilidad para gestionar un municipio que sigue siendo el referente norteño.
Tras mayorías absolutas de los socialistas desde 1979, primero con el tristemente fallecido en el incendio de La Gomera de 1984 Francisco Afonso y luego con Félix Real, García ganó las elecciones de 1995 con sólo 9 ediles, lo que le dejó a dos de la mayoría absoluta, siendo insuficiente el acta de Salvador Movilla (IUC) para un pacto de izquierdas.
García se convirtió en alcalde con mayoría simple, pero, 28 días después y tras largas negociaciones, el centroderecha se hacía con el poder tras un pacto PP-CC y una moción de censura que, sorprendentemente, dejó en la alcaldía al nacionalista Marcos Brito, cuando Antonio Castro (PP) había sacado un edil más (6 por 5 de CC). El acuerdo sufrió diversas crisis hasta 1999, con plenos nada edificantes. El mejor ejemplo de cómo funcionó es que, a las pocas semanas de su firma, el edil Minguillón (CC) insinuaba que podrían necesitar a los otros grupos.
El PSC de García se prodigó en la oposición, con continuas notas de prensa, y recuperó la mayoría absoluta en 1999, aunque por la mínima (11 ediles). Volvió un poco la tranquilidad, al no hacer falta pactos, pero una gestión grisácea, con mucha diplomacia, pero sin excesivos logros visibles, relegó al PSC en 2003 a su peor resultado en la historia desde 1979, con 8 ediles. Brito rozó la mayoría absoluta (10 concejales) tras una oposición dura, pero de continua presencia, mientras el PP subía de 2 a 3. El subsiguiente pacto CC-PP acabó con el cese de Eva Navarro como edil de Turismo, el paso de Luis Gómez (PP) al Grupo Mixto y el gobierno de CC con el apoyo de este edil, luego condenado por el Pacto Antitransfuguismo.
Al Puerto no le van los pactos y la historia lo demuestra.
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