JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Jaime Azpilicueta está poseído por las prisas. Intenta multiplicarse. No sabe exactamente si girar hacia la derecha, la izquierda o tomar la vía del medio. Su "Celia" se cita por primera vez con Tenerife. Si estuviéramos hablando del comienzo de una relación, lo de anoche, el pase para la prensa, fue una especie de primer café entre dos desconocidos. Habrá otros encuentros hasta el próximo 26 de octubre.
La primera vez que nos cogió el teléfono tenía un pie y medio en el teatro Guimerá; a punto de pisar el escenario en el que le esperaban los artistas. "Es el último ensayo", dice. El sábado amanece radiante, ligeramente ventoso, pero soleado. Antes de pedirle algunos datos de lo que va a ocurrir por la noche se desliza una pregunta casi obligada. ¿Nervios? "Siempre", responde. "Pasan los años, pero los nervios de un estreno no se van nunca".
Antes de que la falta de cobertura termine por "aniquilar" la conversación telefónica, unas cuantas reflexiones sobre lo que el público de la Isla se va a encontrar a partir de hoy. "Estoy muy satisfecho con el trabajo realizado en los últimos tres años. De hecho, si tuviera que volver a hacer el camino seguiría los mismos pasos", dice mientras se cuelan unos sonidos huecos que reconfirman la tesis de que la conferencia ya corre peligro. Del relevo que afectó al personaje principal de "Celia", es decir, de la sustitución de Xiomara Laugart por Anissa Gathers, el creador donostiarra habló lo justo, pero su tono transmite sinceridad. "Esas cosas ocurren. No hay nada extraño en este cambio. En Broadway se dan este tipo de casos un montón de veces porque los musicales como Los miserables, El fantasma de ópera o La Bella y la Bestia llevan años y años en cartel y un día te das cuenta de que necesitas renovar a los artistas", dijo Azpilicueta.
Anissa es "Celia"
El Guimerá aguarda en silencio el instante en el que el reloj marque las ocho y media de la tarde. "¿Lo mejor que me ha dado Celia?", le preguntamos a Azpilicueta antes de acabar. "El año pasado me nominaron en Nueva York como mejor director en mi categoría. No gané, pero estar entre los cuatro finalistas con el primer proyecto que me encargan en Broadway es como un sueño. Luego, está el recelo y las envidias de los directores de casa que no miran con buenos ojos que otro que ha llegado del extranjero les quite protagonismo, pero yo no entro en esas guerrillas. Estoy contento con mi Celia", precisó.
Las vísperas de un estreno -en este caso europeo- están repletas de sentimientos que se cruzan entre la autopista por donde circulan episodios del pasado y los carriles que conducen al futuro. "Celia" está en la línea de salida.
Todo arranca, desde el punto de vista musical, con el "Toro Mata", un tema peruano que La Guarachera de Oriente adaptó al género de la salsa. Originariamente, es un himno que interpretaban esclavos del valle de Cañete. Pedro Knight descansa en una habitación acompañado por una enfermera. Es su adiós, inicia un viaje imaginario que tiene paradas en los episodios de mayor trascendencia en la vida de Celia Cruz.
El maestro Infante hace sonar la orquesta. Él, más que nadie, le tiene cogido el puntito a la música sobre la que empiezan a deslizarse los números que encabezan Anissa (la "Celia" que canta) y Modesto (Pedro Knight). Ahora se entiende el estado de shock en el que cayeron, entre otros, la estilista y el mánager de la Reina de la Salsa cuando vieron los resultados finales de un proceso de caracterización increíble. Gathers y Lessan son Cruz y Knight. En el caso de la primera, incluso, hay movimientos que son fotocopias de las reacciones espontáneas que tenía la cubana. Jaime Azpilicueta cree que en su interior hay algo de Celia Cruz. Hagan la prueba. Escuchen su voz, entren en situación y miren cómo se quedan los pelos de sus brazos. ¡De punta!
Treinta y dos piezas musicales -de ahí su nombre- que avanzan hasta tocar el cielo desde que Celia ganó el concurso radiofónico que la premió con un pastelito, hasta su enfermedad. Un drama que está tratado con mucho tacto. Es triste, pero no se hunde por completo en lo dramático.
Están las canciones más famosas y, por supuesto, la Isla de Tenerife es referencia casi desde el principio. Publicitariamente rentable, así es "Celia". Los amantes del musical deben colocar éste en la dimensión que tiene. Ni lo pongan a la altura de "El fantasma de la ópera" ni tampoco al nivel de "Fama". "Celia" es un vínculo afectivo adornado con una escenografía que encaja perfectamente en el Guimerá, ni grande ni chico, y los ritmos de siempre. Antes de acabar, una frase de Azpilicueta. "He visto miradas que creían estar viendo de nuevo a Celia Cruz".
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